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ENFERMEDADES INFECCIOSAS DE LA BOCA

Enfermedades infecciosas de la boca

Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Santiago 3:8

Santiago dice que, pese a ser un miembro muy pequeño, la lengua, es un mundo de maldad que puede contaminar todo el cuerpo e inflamar la creación entera. Es mucho el mal que una lengua enferma puede ocasionar. Por eso es importante vacunarse contra las enfermedades infecciosas de la boca. ¿Cuáles son las enfermedades de la lengua?
1. Hablar demasiado.— El sabio Salomón dice: «En las muchas palabras no falta pecado» (Prov. 10: 19). Según la Palabra de Dios, no hay alternativa: si hablas demasiado, cometerás errores. Nunca olvides que un ángel registra toda palabra que pronunciamos, y algún día tendremos que hacer frente a los meticulosos registros que consignan cuanto hemos dicho. Los que hablan demasiado dicen cosas que no deberían decir. Quizá por eso Dios le puso doble candado a la lengua: uno de hueso (los dientes) y otro de carne (los labios).
2. Hablar palabras descuidadas.— Jesús dijo: «Mas yo os digo, que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio» (Mat. 12: 36). No siempre son malas palabras, ni tampoco mentiras o calumnias. Son, sencillamente, palabras ociosas, innecesarias, que sería mejor no pronunciar. Hay un mal que no es fácil comprender en el uso de la lengua. Quizá era lo que nuestro Señor quería explicar cuando dijo: «Sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede» (Mat. 5: 37). Esta advertencia debería bastar para que los cristianos fuéramos más prudentes en el excesivo uso de la lengua. ¡Cuántas palabras decimos que no cumplen el requisito básico de toda palabra: que sea verdad, que sea edificante para los demás y que sea necesaria!
3. Los chismes.— «No andarás chismeando entre tu pueblo» (Lev. 19:16), dice la Palabra de Dios. La calumnia, la falsedad y una larga lista de formas menos evidentes de decir lo que no es cierto quedan calificadas como chismes. Propagar tales cosas es hacer la obra de Satanás.
4. La mentira.— La Palabra de Dios dice: «Los labios mentirosos son abominación a Jehová» (Prov. 12: 22), pero decir la verdad es deleitar al Señor.
¿Deleitan tus palabras a Dios? Pídele hoy al Señor que te libre de la enfermedad contagiosa de la lengua. Porque solamente habitará en el monte de Dios «el que habla verdad en su corazón, y no calumnia con su lengua» (Sal 15:2,3).



 

Septiembre, 12 2009

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EN LA SOLEDAD FRACASARAS

En la soledad fracasarás

Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

2 Timoteo 4:8

Luchar por la fe y fijar la vista en el futuro ayudaron al apóstol Pablo a terminar bien la carrera de la vida cristiana. Pablo añade, además, un elemento adicional: «y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida». Él reconocía la importancia de la fraternidad cristiana, la importancia de ser un verdadero amigo de todos los que esperan la venida del Señor. «La corona», dice Pablo, «no solo me será dada a mí, sino también a todos los que esperan su regreso». Inmediatamente después de sus palabras registradas en el versículo 8, comienza a pensar en todos sus compañeros: Le dice a Timoteo: «Procura venir pronto a verme, porque Demás me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. Solo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio» (2 Tim. 4: 9-11).
El verbo traducido “venir”, que Pablo usa en ese pasaje, presenta el matiz de una venida rápida. Es un cuadro de un hombre viejo que se siente solitario en la cárcel, ansioso del compañerismo de sus amigos. Cuando consideramos la vida del apóstol, notamos que siempre hubo un séquito de amigos y colaboradores alrededor de él, con los que mantuvo una profunda amistad y una mutua responsabilidad. Dios nos ha creado de tal manera que le sirvamos de forma concertada y coordinada unos con otros. Nos necesitamos mutuamente. Somos demasiado débiles para ir solos.
Curiosamente, hay muchos que se sienten bien como cristianos solitarios. Desean servir al Señor solos, sin nadie más a su alrededor. No desean a nadie en su vida, porque han sido lastimados, o heridos. La iglesia está llena de miembros, incluso dirigentes, con imperfecciones. No puede ser de otra manera mientras caminemos hacia la Canaán celestial. Por eso, algunas veces las personas manifiestas debilidad e inmadurez. ¿Por qué habríamos de alarmarnos excesivamente por esa realidad inevitable? Tristemente, a veces algunos viven un estilo de vida que traiciona su profesión de fe.
No obstante, a pesar de las ofensas, maltratos, irritaciones y otros daños recibidos, no abandones la comunión fraternal. No termines tu carrera en la soledad, porque saldrás perdiendo. Necesitamos ser abiertos y honestos unos con otros. Necesitamos compañeros! en la fe para alcanzar la victoria al final de la batalla.

 

Septiembre, 11 2009

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¿Eres honesto?

LEA:  Hechos 5:1-11
Pero los que hacen verdad son [el] contentamiento [de Dios]. —Proverbios 12:22
La revista Woman’s Day hizo una encuesta entre más de 2 mil personas para verificar sus niveles de honestidad. Al preguntárseles «¿Cómo eres de honesto?», 48% respondieron que muy honestos, 50%, que un tanto honestos, y un 2%, que no muy honestos.

El 68% de los encuestados confesó que habían tomado útiles de oficina de sus centros de trabajo para uso personal. Y el 40% de ellos admitió que harían trampa en el pago de sus impuestos si supieran que no les atraparían.

Ananías y Safira probablemente pensarion que podían salirse con la suya cuando mintieron (Hechos 5:1-11). Pero rápidamente se encontraron en una situación muy distinta cuando Pedro les confrontó y les dijo que habían mentido al Espíritu Santo. De inmediato cayeron muertos (vv.5,10).

El deseo del Señor era mantener a Su nueva Iglesia pura para poder usar a los creyentes en las vidas de los demás. Tal y como lo dice el maestro bíblico G. Campbell Morgan: «La iglesia pura es la iglesia poderosa… El único poder [que puede hacer] que una iglesia sea pura es el Espíritu de Dios que mora en ella». La pureza de la iglesia llevó a que sus miembros difundieran su testimonio «y los que creían en el Señor aumentaban más» (v.14).

Seamos el tipo de personas «que hacen verdad» (Proverbios 12:22) para que podamos ser usados por el Señor.

EL NOS LLAMA A LA UNIDAD

Él nos llama a la humildad

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.

Filipenses 2:3

En realidad, es una de las cosas más difíciles de hacer. El orgullo y el egoísmo constituyen la raíz del pecado y la falta más común. Todos los humanos los compartimos. Es decir, no todos somos ladrones, no todos mentimos, pero todos tenemos un problema con el orgullo, la vanagloria o el egoísmo. Por ejemplo, ¿en qué consiste la vanagloria, ese viejo vicio de la humanidad? Es orgullo vacío, estima propia infundada, engreimiento. En otras palabras, “gloria vana”. Nosotros, como seres humanos, no tenemos nada de qué gloriarnos. Cualquier rastro de orgullo que manche nuestras acciones siempre será “gloria vana”. Por eso, haríamos bien en seguir este consejo: «No debemos trazar planes ni ir en pos de meta alguna, si somos impulsados por motivos o un deseo de superar a otros. Si estos motivos están presentes, nada puede agradar a Dios, aunque su fin sea bueno en sí mismo» {Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 159).
Por desgracia, este es un mal que pinta de colores todo lo que hacemos. No hay cosa más atrayente para el corazón humano que triunfar, tener éxito, sobresalir. El problema es que mucho de eso está matizado con las comparaciones y con el espíritu y la supremacía.
¿Existe alguien que, por naturaleza, considere a todos los demás como superiores a sí mismo? Difícilmente, porque por naturaleza todos buscamos la supremacía. Si es que existe alguien que siente y piensa así, es porque la gracia de Dios ya hizo su obra completa y ya ha cultivado la gracia divina de la humildad, que es lo contrario del orgullo.
Creo que es la característica divina más destacada después del amor y la justicia. «El universo entero se maravilló al ver que Cristo debía humillarse a sí mismo para salvar al hombre caído. El hecho de que aquel que había pasado de una estrella a otra, de un mundo a otro, satisfaciendo, mediante su providencia, las necesidades de todo orden de seres de su enorme creación, consintiese en dejar su gloria para tomar sobre sí la naturaleza humana, era un misterio que todas las inmaculadas inteligencias de los otros mundos deseaban entender» {Patriarcas y profetas, p. 56).
Dios nos llama hoy a seguir el ejemplo de Cristo. El llamado más grande que Dios nos hace es el de la humildad para que podamos ser receptivos a las grandes cosas que él quiere lograr en nuestra vida.

 



 

Septiembre, 10  2009

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QUE MUERA EL EGO Y QUE VIVA LA UNIDAD

 

¡Que muera el ego y que viva la unidad?

¡Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía”.  

Salmo 133:1

Todos tenemos nuestras propias opiniones. De hecho, todos creemos tener razón. Mi deporte predilecto es el fútbol, y una de mis debilidades es que cuando sucede algo en el partido y empieza la discusión, siempre creo llevar la razón. Sé que la mayoría de las veces me equivoco, pero la cuestión es que todos queremos tener la razón.
Cuando sostenemos un punto de vista, queremos que los demás estén de acuerdo con nuestra opinión, porque si no lo están sentimos que lo que entra en juego es nuestro orgullo personal. Así es que siempre vamos a procurar manipular a la otra persona para hacer que esté de acuerdo con nosotros. Sin embargo, el hecho de querer que las personas que nos rodean coincidan siempre con nosotros es algo que no agrada a Dios.
Por eso la unidad del Espíritu es uno de los logros más grandes. La unidad del Espíritu no es natural; es sobrenatural. Por eso no puede ser explicada naturalmente ¿A qué me refiero con esto? Cuando nos encontramos con una persona muy ambiciosa para lograr el éxito, sentimos celos y experimentamos sentimientos negativos en contra de ella por el hecho de que nosotros queremos ser más exitosos que todos los demás. Pero la unidad del Espíritu es algo magnífico, porque implica que somos dominados por un poder más fuerte que el yo. Cuando estamos dominados por el Espíritu hacemos a un lado lo que una vez fue natural, y, cuando queramos imponer nuestra opinión, escucharemos con calma la opinión de los demás, y, si hay que estar de acuerdo con ellos, lo aceptaremos. Esto implica que si Dios les entrega el éxito antes que a nosotros, nos gozaremos con la otra persona y alabaremos a Dios por lo que hasta el momento hemos alcanzado.
Estar dispuestos a deshacernos de nuestro propio orgullo y respetar la opinión de los demás es la base de la unidad. Hay tres razones por las cuales la unidad es indispensable para cada uno de los hijos de Dios.

  1. Siempre hay bendición donde hay unidad (Sal. 133: 3).
  2. La unidad es una de las armas más temidas por Satanás. El vendrá como ángel de luz para tratar de causar división entre nosotros, y entre nosotros y Dios. Cuando estamos en la unidad del Espíritu, los intentos del enemigo son inútiles.
  3. La unidad en el Espíritu no es un asunto opcional en los hijos de Dios.

Dios quiere que cada uno de sus hijos posea un espíritu de humildad y aceptación de los demás. Estar unidos con Dios a través del Espíritu Santo nos transforma y nos ayuda a convivir y a aceptar a los demás aun cuando están equivocados. Todos somos un cuerpo.

Septiembre, 08 2009

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Deshazte ya de la niñez

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

1 Corintios 13:11

Hay momentos en que quisiéramos que los niños se comportaran con madurez. Pero los niños son niños, hacen travesuras, hablan, piensan, razonan, y se comportan como niños. Es lo normal para ellos. Hay casos de niños maduros que nos sorprenden y nos impresionan gratamente, como Kevin, el niño predicador. Pero eso es un milagro, algo que no ocurre todos los días. Los niños hablan como niños, siempre. Lo grave sería que un adulto se comportara como un niño. Eso sería anormal después de salir de la niñez.
Lo mismo ocurre en la vida espiritual. El cristiano recién convertido es un niño en Cristo. Pero debe crecer para dejar pronto de ser niño en la fe. Por desgracia, encontramos personas que hace muchos años que son cristianas, pero que siguen comportándose como niños en la fe.
Por causa de su inexperiencia y falta de madurez, los niños son egoístas por naturaleza. En general, creen que el mundo entero gira alrededor de ellos. Solo piensan en sí mismos y buscan gratificación inmediata. Quieren ser amados (y lo son) por los demás, pero el amor que sienten ellos es inmaduro.
Lamentablemente, ocurre igual con muchos de nosotros, que hemos sido cristianos durante años. Debemos alcanzar la madurez en Cristo. Como dijo Pablo: «Hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez» (1 Cor. 2: 6). Los cristianos debemos ser, personas maduras, personas que hayamos aprendido que siempre debemos amar más de lo que somos amados. Se necesita madurez y altruismo divino en especial para poder amar a nuestros enemigos. Una persona egoísta, como un niño que solo busca lo suyo y llora porque no puede obtener lo que desea, no puede ser cristiana. En esa condición están los que quieren ser alentados y animados pero no quieren alentar y animar a los demás.
Todos los cristianos con experiencia han abandonado la satisfacción del yo (algo muy querido por las personas inmaduras) y buscan la gloria de Dios, el bienestar de los demás y la unidad de la iglesia. Dios quiere que alcances la madurez cristiana. Haz tu decisión hoy de cambiar tus palabras inmaduras por palabras maduras, cambiar el egoísmo por el amor desinteresado, cambiar la ingenuidad por el discernimiento bajo la guía del Espíritu Santo. ¡Cuánta falta hacen en la iglesia personas sabias, prudentes, humildes, maduras para que lleven a la iglesia al cumplimiento de su misión! Deshazte de la niñez ahora.

 


Septiembre, 08 2009

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Cómo hacerse rico

LEA:  Lucas 12:13-21
Mirad y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. —Lucas 12:15
Encuentro interesante que Jesús enseñara acerca del dinero más que cualquier otra cosa. Y no estaba tratando de hacerse rico poco a poco. Hasta donde sabemos, ni siquiera pidió una ofrenda. La razón por la que hizo una enseñanza tan extensa sobre este tema es que nada obstruye nuestras arterias espirituales con mayor rapidez que el dinero —ya sea por trabajar para tener mucho o por desear tenerlo.

Piensa en el hombre que descaradamente Le pidió a Jesús: «Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia» (Lucas 12:13). ¡Asombroso! Tuvo una oportunidad de «ir a fondo» con Jesús, pero, en vez de ello, quería los bolsillos llenos hasta el fondo.

Jesús respondió con una declaración contundente y que iba contra lo que se intuía: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (v.15). Prosiguió contando la parábola de un hombre rico que era tremendamente exitoso desde un punto de vista mundano —con tantas cosechas que tenía que construir graneros más y más grandes— pero que, a los ojos de Dios, era en realidad un «necio». No porque fuera rico, sino porque no era rico hacia Dios.

Escucharás muchos consejos acerca de cómo hacerte rico. Pero sólo Jesús nos lo dice con franqueza. No se trata de dinero. Se trata de las riquezas de nuestra relación con Él y el gozo de convertir nuestra codicia en generosidad.

Consolado para consolar

LEA:  2 Corintios 1:3-11
[Dios] nos consuela…para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación. —2 Corintios 1:4
Mientras le hablaba a un grupo de atletas cristianos, les pregunté cómo respondían normalmente a las situaciones difíciles. Sus respuestas incluían el temor, la ira, la autocompasión, la agresión, la desesperación, el comportamiento abusivo, la apatía y volverse a Dios. Les alenté a confiar en que Dios les consolaría y luego les usaría para consolar a otros.

Así como alenté a esos atletas, Pablo animó a un grupo de creyentes en una ciudad llamada Corinto. Él les recordó que, para el seguidor de Jesús, las aflicciones eran inevitables. Muchos estaban siendo perseguidos, encarcelados y oprimidos —todo debido a su relación con Jesús. Pablo quería que los corintios supieran que, en medio de su tribulación, Dios era su fuente de ayuda. Él se pondría de su lado y les ayudaría a dar respuestas piadosas. Luego Pablo dio una de las razones por las que Dios permitía el sufrimiento y traía consuelo divino —para que los corintios tuvieran empatía y pudieran identificarse con el sufrimiento de los demás y consolarlos (2 Corintios 1:4).

Cuando suframos, recordemos que Dios nos traerá consuelo por medio de Su Palabra, el Espíritu Santo y nuestros compañeros de la fe. Dios no nos consuela para que estemos cómodos; nos consuela para que podamos ser consoladores de otros.

PIENSA PARA RESPONDER

Piensa para responder

La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor. Proverbios 15:1

Hay momentos en que quisiéramos que los niños se omportaran con madurez. Pero los niños son niños, hacen travesuras, hablan, piensan, razonan, y se comportan como niños. Es lo normal para ellos. Hay casos de niños maduros que nos sorprenden y nos impresionan gratamente, como Kevin, el niño predicador. Pero eso es un milagro, algo que no ocurre todos los días. Los niños hablan como niños, siempre. Lo grave sería que un adulto se comportara como un niño. Eso sería anormal después de salir de la niñez.
Lo mismo ocurre en la vida espiritual. El cristiano recién convertido es un niño en Cristo. Pero debe crecer para dejar pronto de ser niño en la fe. Por desgracia, encontramos personas que hace muchos años que son cristianas, pero que siguen comportandose como niños en la fe.
Por causa de su inexperiencia y falta de madurez, los niños son egoístas por naturaleza. En general, creen que el mundo entero gira alrededor de ellos. Solo piensan en sí mismos y buscan gratificación inmediata. Quieren ser amados (y lo son) por los demás, pero el amor que sienten ellos es inmaduro.
Lamentablemente, ocurre igual con muchos de nosotros, que hemos sido cristianos durante años. Debemos alcanzar la madurez en Cristo. Como dijo Pablo: «Hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez» (1 Cor. 2: 6). Los cristianos debemos ser, personas maduras, personas que hayamos aprendido que siempre debemos amar más de lo que somos amados. Se necesita madurez y altruismo divino en especial para poder amar a nuestros enemigos. Una persona egoísta, como un niño que solo busca lo suyo y llora porque no puede obtener lo que desea, no puede ser cristiana. En esa condición están los que quieren ser alentados y animados pero no quieren alentar y animar a los demás.
Todos los cristianos con experiencia han abandonado la satisfacción del yo (algo muy querido por las personas inmaduras) y buscan la gloria de Dios, el bienestar de los demás y la unidad de la iglesia. Dios quiere que alcances la madurez cristiana. Haz tu decisión hoy de cambiar tus palabras inmaduras por palabras maduras, cambiar el egoísmo por el amor desinteresado, cambiar la ingenuidad por el discernimiento bajo la guía del Espíritu Santo. ¡Cuanta falta hacen en la iglesia personas sabias, prudentes, humildes, maduras para que lleven a la iglesia al cumplimiento de su misión! Deshazte de la niñez ahora.

 

Que Dios te bendiga,

Septiembre, 05 2009

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Oramos  por ti

 

Oraciones sin contestar

LEA:  Lucas 7:1-10
[Jesús dijo], «Ni aun en Israel he hallado tanta fe» —Lucas 7:9
Una explicación que a menudo escuchamos para las oraciones «no contestadas» es que no tenemos suficiente fe. Pero Jesús dijo en Lucas 17:6 que, si tenemos fe del tamaño de una semilla de mostaza, podemos ordenarle a un sicómoro que se desarraigue y se plante en el mar; y nos obedecerá.

Lucas cuenta de un centurión romano con «gran fe» (7:9). Su fe se expresó primero como un llamado a Jesús para que sanara a su siervo moribundo; luego, como un reconocimiento de que Jesús podía sanar a su siervo en cualquier momento y en cualquier lugar. El centurión no Le pidió a Jesús que hiciera las cosas a su manera.

La fe ha sido descrita como «la confianza en el corazón de Dios y en Su poder». Algunas oraciones que parecen no recibir respuesta simplemente son ejemplos en los que Dios amorosamente ha invalidado nuestros deseos. Él sabe que lo que hemos pedido no es lo mejor. O puede que sea que nuestro tiempo no es el Suyo, o que Él tiene un propósito muchísimo mayor en mente. Recordemos que incluso Jesús oró a Su Padre celestial: «pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22:42).

¿Tenemos la gran fe del centurión —una fe que confía en que Dios hará Su obra a Su manera?

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