September 7th, 2009 |
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Tan solo un hombre
Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso.
Un joven sagaz, fuerte, valiente, comprometido, prometedor; así era conocido Uzías a la edad de dieciséis años. Todavía era muy joven, pero ya había heredado el trono de Amasias su padre.
La Escritura dice que Uzías hizo lo que era justo y bueno delante de los ojos de Dios y fue altamente bendecido. Hizo huir a los filisteos, reconstruyó las torres de Jerusalén y entrenó a más de trescientos mil hombres, que estaban listos para luchar con destreza e inteligencia en cualquier batalla.
Pero esta historia de éxito dio un drástico giro. Cuando Uzías llegó a ser fuerte y poderoso, también se llenó de orgullo. Esto es lo que tristemente sucede en la vida del ser humano. En la mayoría de los casos, el orgullo viene persiguiendo al éxito y, como seres humanos, terminamos siendo recordados más por el orgullo desarrollado que por el éxito alcanzado.
Lo anterior no indica que el éxito sea peligroso y que no debamos buscarlo. Lo que quiero decir es que debemos ser cuidadosos cuando hemos tenido la bendición de alcanzar el éxito en cualquier empresa. De hecho, Dios quiere que sus hijos fieles sean triunfadores. Es más, dio la fórmula para alcanzar el éxito en «todas las empresas» (Jos. 1: 5-9). Además, el «varón que no anduvo en consejo de malos ni en silla de escarnecedores se ha sentado» (Sal. 1:1) tiene como resultado natural la bendición de que «todo lo que hace prosperará» (Sal. 1: 3).
Los grandes triunfadores de Dios son José y Daniel. El éxito es herencia natural de aquellos que son «benditos de Jehová». El problema es que existe un grave defecto humano: el deseo escondido de exaltarse a uno mismo. El orgullo es una infección que está latente en todo corazón humano, incluso en el corazón de los cristianos. Lamentablemente, con cualquier problema que baje las defensas espirituales se desarrolla la infección. El resultado es un corazón necio lleno de orgullo.
Es lo que le pasó al rey Uzías, que se enalteció para su ruina. Y lo mismo puede ocurrimos a nosotros, si no tenemos cuidado. ¿Recuerdas cómo, en la ceremonia del triunfo en la antigua Roma, al general victorioso se le susurraba al oído, entre las aclamaciones, «Recuerda que no eres más que un hombre»? Nunca olvides esta verdad. Todo el éxito pertenece a Dios. Tú y yo no somos más que seres humanos.
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 05 2009
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September 5th, 2009 |
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Comunícate con la torre de control

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Isaías 26:3
Qué maravilloso mensaje nos envía el Señor hoy a través del profeta Isaías! Es una medicina para todos los que, al levantarse por la mañana, se estresan al pensar en todas las tareas y responsabilidades que les esperan durante el día. El Señor les dice: «En la serenidad y la confianza está tu fuerza». Siempre que recuerdes la presencia de Dios y su disposición a ayudarte, te sorprenderás de la rapidez con que tus cargas se tornan livianas, tus pesares se disipan, tus tinieblas se despejan, tu ansiedad se convierte en tranquilidad, y desaparecen tu fatiga y tu tensión.
La ansiedad, la impaciencia y la frustración que producen las presiones de la vida diaria son el fruto del olvido de Dios. Cuando, en nuestras angustias, preguntamos: «¿Dónde estás, Dios mío?», la respuesta no es que nuestro Padre celestial nos haya abandonado, sino que lo hemos perdido de vista. Solamente el recuerdo constante de su promesa, «He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo», nos librará de todas esas cargas y de esos sentimientos negativos. Todo lo que necesitamos es cultivar la creencia firme de que Dios está siempre con nosotros.
El doctor Frank Laubach aprendió a ser consciente de la presencia de Dios disciplinando sus pensamientos para pensar en él una vez por minuto. Llamó a esta disciplina el “juego de los minutos”. Jakob Bohme, un religioso de finales del siglo XVI y comienzo del XVII, también se refirió a una práctica que involucraba una conciencia casi continua de la presencia de Dios: «Si te arrojas una vez cada hora a la misericordia de Dios, recibirás poder para gobernar sobre la muerte y el pecado».
En un libro sobre la disciplina espiritual leí acerca de la importancia de practicar el concepto de la presencia de Dios. Uno de los consejos para lograrlo, decía: «Siempre que conduzca su coche y se encuentre con la luz roja del semáforo, en lugar de disgustarse, véalo como una oportunidad para elevar una oración».
El piloto del avión se mantiene en comunicación constante con la torre de control. Así mantiene fielmente su ruta, sin desviarse en ningún sentido. A través de esta comunicación con el controlador del tráfico aéreo, recibe instrucciones e informa de su posición. Sabe que si la torre pierde contacto con él, se encenderá la alarma y que él y sus pasajeros estarían en peligro.
¿No te parece maravilloso comunicarte constantemente con la torre de control celestial? Es tan sencillo como elevar una oración o repetir un versículo de memoria.
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 04 2009
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September 4th, 2009 |
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¿Donde vive Dios?

Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.
Éxodo 40:34
¿Donde vive Dios?» Esta pregunta, que hacen con frecuencia los niños, ha sido de mucho interés a través de la historia de la humanidad. Durante mucho tiempo el pueblo de Israel tuvo la oportunidad de ver las manifestaciones del poder de Dios. Las veía a través de acontecimientos milagrosos que les daban la seguridad de que Dios estaba en medio de ellos. Aunque no sabían dónde vive Dios, sabían que no había un lugar físico en la tierra donde Dios habitara.
La construcción del tabernáculo fue importantísima en la historia de Israel. El tabernáculo se convirtió en un centro de reunión entre Dios y su pueblo. Allí se podía observar una manifestación física de la gloria de Dios. Lo mismo ocurrió cuando terminó la dedicación del templo de Salomón en Jerusalén: «Y la gloria de Jehová llenó la casa. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová» (2 Crón. 7: 1,2).
Pero, ¿será que Dios realmente vivía en aquel tabernáculo? Cuando Jesús encontró a la samaritana cerca del pozo, ella le preguntó acerca del verdadero lugar de adoración, el lugar donde Dios habita. Los samaritanos adoraban en un templo cerca de una montaña, lejos del templo donde adoraban los judíos en Jerusalén. Jesús le respondió: «Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren».
Jesús dijo con toda claridad que la verdadera adoración se encontraba en nosotros mismos, no en un edificio. El mismo apóstol Pablo les dijo a los atenienses que «el Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas» (Hech. 17: 24).
La presencia de Dios cubría el tabernáculo por muchas razones que no podemos comprender; pero una de ellas era porque los israelitas, duros de corazón para creer, necesitaban un símbolo visible de la presencia de Dios. El Nuevo Testamento dice cuál es el lugar donde Dios habita. Dios habita en la ekklesia, pero en el idioma original esto no se refiere a un edificio, sino a cada uno de los miembros de la iglesia. Dios, de acuerdo a su promesa, habita con y en los miembros de su iglesia.
Dios permita que al observar la forma de conducirnos en nuestra vida, nuestro prójimo llegue a la conclusión de que Dios, verdaderamente, habita en cada uno de nosotros.
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 03 2009
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September 4th, 2009 |
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LEA: Salmo 19:1-6
Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. —Salmo 19:1
Cuando se le preguntó al gran físico Albert Einstein si creía en Dios, él respondió: «Estamos en la posición de un niñito que entra en una enorme biblioteca llena de libros en muchos idiomas. El niño sabe que alguien debe haber escrito esos libros. No sabe cómo… Ésa, me parece, es la actitud de incluso los seres humanos más inteligentes hacia Dios. Vemos el universo maravillosamente dispuesto y obedeciendo ciertas leyes pero apenas las entendemos». Aunque Einstein se maravillaba ante el diseño que veía en la naturaleza, no creía en un Creador personal.
El salmista compartía con Einstein el sentido de sobrecogimiento y respeto reverencial en cuanto a la naturaleza, pero dio un paso más y creyó en el Diseñador que había pord detrás del diseño: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19:1).
La maravilla que sentimos al contemplar nuestro universo debe servir como una señal en el camino que apunta hacia Aquel que lo creó. Las Escrituras nos dicen: «Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (Juan 1:3).
¿Estás luchando con tus creencias? Mira las estrellas esta noche. En el cielo se ha diseñado una asombrosa señal en el camino que apunta al Diseñador de todo ello.
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September 4th, 2009 |
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El Dios que todo lo oye

Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero, y Jehová escucho y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová y para los que piensan en su nombre.
Malaquías 3:16
Aunque leo diariamente la Biblia, nunca había leído cuidadosamente las palabras de nuestro texto de hoy. Tiene muchas connotaciones importantes para los cristianos. Malaquías presenta un mensaje de esperanza y consuelo para los que son fieles a Dios. El profeta alienta a los que se esforzaban por hacer lo correcto con el pensamiento de que Dios anota cuidadosamente y recuerda el servicio consagrado de los suyos.
Quisiera detenerme hoy en el concepto del Dios que todo lo oye. ¿Qué deberíamos pensar ante esta realidad? En primer lugar, cuando reconocemos que hay un Dios que escucha absolutamente todo lo que decimos, inmediatamente queda afectado todo lo que expresamos con nuestros labios. Desde la verdad más clara hasta las medias verdades y las inferencias maliciosas, ¿Has dicho algo negativo de tu prójimo? ¿Qué tal la reverencia hacia Dios? ¿Sostienes conversaciones de las que te abstendrías si Dios estuviera presente? ¿Y las reflexiones que llegas a expresar con palabras? Aunque no se oigan, también ellas son “conversaciones” y “palabras” que Dios escucha; somos responsables de ellas. ¿Son buenas? ¿Hay algún problema en que Dios las escuche? Quizá creas que ha llegado el momento de realizar cambios en tus conversaciones. Hazlos inmediatamente, porque estás al servicio del Dios que todo lo oye.
En segundo lugar, deberías procurar relacionarte con personas que sean temerosas de Dios. De otra manera, ¿cómo podrías andar en «santas y pías conversaciones» ? Recuerda que «las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres» (1 Cor. 15: 33). ¿Quiénes son tus amistades? Si buscas a alguien temeroso de Dios para que sea tu amigo, tu esposo, tu novio o tu novia, te evitarás muchos problemas.
En tercer lugar, ten cuidado, porque, al parecer, a veces nuestras palabras se convierten en oraciones sin saberlo. Además, nuestras palabras tienen efecto reflejo sobre nosotros, Encima, parece que las palabras del lenguaje humano se prestan más para expresar la mentira que la verdad. Sí hablamos mucho, va quedando un residuo de falsedad del cual no somos conscientes, pero del que somos responsables. ¡Cuánto cuidado deberíamos tener con nuestras palabras! Nuestro Señor dijo: «De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio» (Mat. 12: 36).
Procura que todo lo que digas hoy sea digno de que Dios lo escuche.
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 02 2009
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September 3rd, 2009 |
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LEA: Filipenses 1:8-18
Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio. —Filipenses 1:12
En un mapa en la parte de atrás de mi Biblia, se muestran cada uno de los viajes misioneros de Pablo con una línea de color y flechas que indican la dirección de su travesía. En los primeros tres viajes, las flechas se dirigen lejos de su punto de partida y giran hacia un punto de retorno. Sin embargo, en el cuarto viaje, Pablo estaba viajando como un prisionero, rumbo a un juicio ante César, y las flechas sólo apuntan en dirección de ida, terminando en Roma.
Podríamos estar tentados a llamar a éste un momento infortunado en la vida de Pablo, si no fuera por su visión de que Dios le estaba guiando y usando tanto en este viaje como lo había hecho en los otros tres.
Él escribió: «Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor» (Filipenses 1:12-14).
Aun cuando nuestro viaje en la vida esté marcado por el confinamiento y las limitaciones, podemos estar seguros de que el Señor animará a los demás por medio de nosotros cuando hablemos Su Palabra y confiemos en Él.
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September 2nd, 2009 |
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El poder de la resurrección

Mas él herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él y por su llaga fuimos curados. Isaías 53:5
Orley Ford fue un misionero que trabajó durante muchos años en El Salvador. Como fruto de su ministerio, se organizaron decenas de iglesias, se construyeron muchos templos, se establecieron varias escuelas, y muchos jóvenes fueron enviados a la Universidad de Centroamérica para prepararse para el servicio de Dios.
Durante un viaje que hizo a su país natal, Estados Unidos, un examen médico rutinario descubrió que padecía un cáncer terminal. El médico le dio la aterradora noticia de que solamente le quedaban nueve meses de vida. Orley Ford regresó a su casa, listo y decidido a enfrentarse con la muerte. Las promesas divinas llegaron a ser sus armas de combate. Cada mañana continuaba la cuenta atrás hacia la muerte con un culto matutino y entonaba su himno favorito: “Paso a paso Dios me guía”. La letra dice: «De mi afán fatigador, el descanso ha prometido, en su reino mi Señor, Paz divina y consuelo al confiar en él tendré, pues si algo sucediera Cristo lo sabrá muy bien».
Veinticuatro horas antes de morir dirigió sus últimas palabras a cinco mil hermanos reunidos en el día de la hermandad: «Yo sé que mi redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo, y después de deshecha esta mí piel, aun en mi carne he de ver a Dios» (Job 19: 25, 26}; y agregó: «Nos veremos en el cielo. Por favor, no me vayan a fallar».
La confianza de aquel siervo de Dios descansaba en la declaración bíblica de que la muerte es un enemigo vencido, de quien podemos burlarnos diciendo: «¿Dónde, está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?» (í Cor. 15: 55).
Jesús hizo un milagro. Cambió la ley de la muerte. Nunca más experimentará su creación el temor, la angustia y el dolor asociados con la muerte sin fin. Su sacrificio estableció una elección antes imposible para todo ser humano: la vida o la muerte.
¿Por qué algunos eligen la muerte eterna? No hay respuesta, pero sí se suscita otra pregunta: ¿Cómo es posible que esa sea su elección a pesar de conocer el evento de la resurrección?
Cada vez que consideres la historia de la crucifixión y de la resurrección, dale gracias a Dios, porque allí se destruyo el dominio de la muerte, y ahora somos libres. La muerte ya no es el final de todas las cosas. Ora por aquellos que rechazan esta gran salvación.
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 01 2009
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September 2nd, 2009 |
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LEA: Génesis 40:1-14,23
[Dios] dijo: No te desampararé, ni te dejaré. —Hebreos 13:5
¿Has notado cómo la mala memoria de las personas puede poner a prueba nuestra paciencia? Como profesor, mi paciencia es puesta a prueba cada vez que un alumno se olvida de hacer algún deber que ha sido detalladamente explicado.
En la historia de José en la Biblia, vemos un ejemplo muchísimo peor de lo que es una mala memoria; y sólo podemos imaginar la manera en que, por ello, José luchó por mantener la paciencia.
Mientras estuvo en la cárcel, José interpretó un sueño del copero del rey, que llevó a la liberación de aquel hombre. José le dijo: «Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa» (Génesis 40:14). Sería lógico que, después de que José había ayudado al copero a obtener su libertad, éste se acordaría de él y le pondría en el primer lugar de las «cosas por hacer». Pero pasaron dos años antes de que el copero le hablara al faraón acerca de José (41:9). Finalmente, José fue liberado.
Imagina la impaciencia de José mientras esperaba cada día en esa mazmorra (40:15), tal vez pensando que nunca más sería liberado. Pero José tenía un recurso: La presencia de Dios (39:21), al igual que nosotros (Hebreos 13:5). Cuando te sientas impaciente, apóyate en el Dios que siempre está contigo. Él convertirá tu impaciencia en paciente confianza.
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September 2nd, 2009 |
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La resurrección, una esperanza viviente

Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.
Hechos 2:24
La tumba está vacía. Era completamente imposible que la muerte retuviera a Jesús como prisionero. «No está aquí, pues ha resucitado» (Mat. 28: 6), dijeron los ángeles. No importa que grupos organizados trabajen día y noche para desacreditar las contundentes e irrefutables evidencias de la resurrección de Jesús. No importa que eruditos, filósofos y escritores de ficción racionalicen y digan que Jesús no resucitó; el hecho es innegable.
«El concepto de un Salvador y Señor viviente coloca la resurrección en el mismo corazón del mensaje cristiano, haciéndola objeto de los más violentos ataques de parte de los enemigos y detractores del cristianismo. Ya en sus días Pablo sintió la necesidad de contender con aquellos que querían abandonar esta creencia central de la fe cristiana. Y en 1 Corintios 15, su más largo alegato sobre el tema en todos sus escritos, presenta todos los argumentos en defensa de la doctrina de la resurrección. “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí”, dijo, “que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (vers. 3, 4)» (Roy Adams, He Stiü Touches the Heart [Él aún toca el corazón], cap. 3).
Somos conscientes de que si Jesús realmente nunca se levantó de la muerte, entonces toda la fe cristiana es un engaño. ¿Dónde está, entonces, la certeza de la resurrección? ¿Qué pruebas convincentes existen para afirmar que hace dos mil años un hombre fue crucificado y sepultado y que resucitó al tercer día? Los profetas predijeron la resurrección del Mesías. Los autores de los Evangelios, escribiendo por separado, coincidieron en el hecho de la resurrección de Jesús.
La experiencia en la vida del cristiano es otra prueba más de la resurrección de Jesús. La resurrección es más que un acontecimiento futuro. Es una esperanza viviente que se hace real mediante la presencia de Jesús. Esa esperanza viva cambia la muerte actual en algo que no tiene consecuencias definitivas. Por eso Jesús pudo decir que el que vive y cree en él, no morirá eternamente (Juan 11: 26). La seguridad del cristiano de que, aunque muera, volverá a vivir otra vez solo se produce porque Cristo ha resucitado: «Así también Dios traerá con Jesús a los que durmieron en él» (1 Tes. 4: 14).
Es imposible que la muerte retenga para siempre a los que duermen en el Señor. Tiene que devolverlos, porque Jesús ha resucitado. ¿Crees esto?
Que Dios te bendiga,
Agosto, 31 2009
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September 1st, 2009 |
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LEA: Filipenses 3:12-21
Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. —Filipenses 3:14
La Maratón de los Camaradas, que comenzó en 1921, es la más antigua de las ultra-maratones. Se lleva a cabo anualmente en Sudáfrica, abarcando una distancia de 90 km (56 millas). Bruce Fordyce dominó esta maratón por completo en los años 80, ganándola nueve veces entre 1981 y 1990. Su récord en 1986 de 5 horas 24 minutos y 7 segundos se mantuvo durante 21 años antes de ser finalmente superado en el 2007. Para mí es asombroso que él haya continuado participando en esta carrera cada año.
En un sentido, como cristianos, todos estamos en una maratón. Se necesita resistencia para correr y terminar la carrera de la vida. Cuando el apóstol Pablo escribió su carta a los filipenses, habló acerca de cómo «se «extend[ía] a lo que está delante» (3:13) y proseguía «a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (v.14).
Nuestro Señor Jesús ha puesto un ejemplo de cómo correr la maratón de la vida. La Biblia nos dice que Jesús «por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:2). A pesar de la «contradicción de pecadores», Él culminó Su carrera (v.3).
El secreto para terminar bien es desear el gozo que nos espera después de la carrera de la vida —vivir eternamente con Él.
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