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La alternativa celestial

Recientemente le deseé un «feliz cumpleaños» a un joven amigo y le pregunté cómo se sentía ser un año más viejo. ¿Su respuesta en broma? «Bueno, ¡imagino que es mejor que la alternativa!»

Nos reímos juntos, pero después me detuve a pensar: ¿Realmente lo es? No me malinterpretes, por favor. Soy feliz de vivir todo el tiempo que el Señor me permita y ver a mis hijos y nietos crecer y experimentar la vida. No me emociona lo inevitable de la muerte. Pero, como creyente, la alternativa de envejecer es el cielo, ¡y eso no está mal!

En 2 Corintios 5, Pablo habla acerca de la realidad de vivir con los dolores y sufrimientos de nuestros cuerpos físicos, nuestros «tabernáculos» de la carne. Pero no debemos vivir desesperados por causa del envejecimiento. De hecho, el apóstol nos llama a justamente lo opuesto. Él escribió: «Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor» (v. 8). ¡Confiamos! ¡Estamos ausentes! ¿Por qué? Porque nuestra alternativa a la vida terrenal es que estaremos presentes con el Señor, ¡por siempre! La perspectiva celestial de lo que nos espera puede darnos confianza para vivir ahora.

Si conoces a Cristo, Su promesa puede hacerte exclamar junto con el autor del himno: «Eres mi fuerza, mi fe, mi reposo». ¡Qué gran alternativa!

EL RIESGO DE OBEDECER A DIOS

El riesgo de obedecer a DiosÉl les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis». Entonces la echaron, y ya no la podían sacar por la gran cantidad de peces.
Juan 21: 6
Para la mente humana es difícil aceptar ciertas cosas que no tienen lógica. Por ejemplo, cuando Dios nos pide hacer algo que, desde el punto de vista humano, es contrario a la sabiduría y el buen juicio, obedecerlo sería correr un gran riesgo. Sin embargo, en las Sagradas Escrituras leemos que Dios pide que hagamos cosas que no tienen sentido y cuya realización conlleva un peligro potencial. Por ejemplo, Dios le pidió a Moisés que tomara con su mano una serpiente, con el grave riesgo de ser mordido. A la viuda de Sarepta le pidió que diera al profeta Elias el último bocado de pan que tenía, y que necesitaba desesperadamente para ella y para su hijo. Cuando las exigencias del trabajo requieren siete días de labor, Dios dice que únicamente hay que trabajar seis días. Cuando el costo de la vida es elevado y el dinero no es suficiente, pide que se le devuelva una décima parte.
La Palabra de Dios dice que, después de la resurrección, cuando ya amanecía, Jesús llegó a la playa para encontrarse con sus discípulos, quienes habían tenido una noche de pesca improductiva. Les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis». Los expertos pescadores sabían muy bien que si durante la noche no habían pescado nada, de día sería absurdo intentarlo. Los discípulos podían elegir entre dos alternativas: obedecer o desobedecer. Ellos decidieron obedecer y el resultado fue que sacaron una gran cantidad de peces.
A través de un sencillo acto de obediencia, los discípulos fueron testigos de un gran milagro. Advirtieron que en el corazón de Jesús siempre están los mejores deseos para sus hijos, aunque a veces ellos no entiendan lo que Jesús les pide que hagan. Ellos habían echado la red toda la noche sin pescar absolutamente nada, pero estaban dispuestos a obedecer.
¿Qué cosa te ha pedido Dios que hagas y que tienes miedo de hacer? ¿Qué razones tienes para sentirte temeroso de obedecer a Dios? ¿Temor a fracasar, deseo de controlar tus propias decisiones, o lo que se te pide no está de acuerdo con tus mejores intereses? Dios desea que lo obedezcas incluso en las cosas pequeñas. No permitas que tu falta de disposición para obedecer a Dios te haga perder las grandes bendiciones que el Señor tiene para ti.
Cada vez que Dios te pide que hagas algo es porque tiene cosas buenas que desea darte. Obedece a Dios hoy, aunque parezca que no es lo mejor para ti.Mayo 9
Procura ser el discípulo más honesto
Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidias.
Romanos 13: 13
Entre todos los seres humanos, los discípulos de Cristo deben ser las personas más honestas. El Dr. Ben Carson, famoso neurocirujano adventista, cuenta lo que ocurrió un día que tuvo que hacer un examen final de psicología por segunda vez, junto con sus compañeros, en
la Universidad de Yale. La profesora dijo a los estudiantes que las respuestas del examen anterior se habían quemado accidentalmente y que, por lo tanto, tendrían que hacerlo de nuevo. Después de repartir los nuevos exámenes a los 150 alumnos, salió de la sala.
Antes de que Ben leyera la primera pregunta, escuchó que alguien susurraba con voz audible:
—¿Están bromeando?
No muy lejos de donde estaba, escuchó a una señorita que decía:
—¡Olvídenlo! Salgamos y busquemos las respuestas.
Así que ella y su amiga salieron silenciosamente del aula. Inmediatamente las siguieron otros tres. Más y más alumnos siguieron desapareciendo hasta que la mitad de la clase se había ido. Curiosamente, ninguno entregó su examen antes de salir.
Ben no podía creer las preguntas. No solo eran increíblemente difíciles, sino imposibles de responder. Si bien todas contenían algo de lo que los alumnos debían saber de la materia, eran sumamente confusas. Oró pidiendo ayuda para descubrir las respuestas a estas intrincadas preguntas. Durante la siguiente media hora, todos los demás estudiantes se fueron, dejándolo solo. «Al igual que los otros», dijo, «estuve tentado a irme, pero no podía mentir».
Repentinamente, alguien abrió la puerta, y la mirada de Ben se encontró con la de su profesora. Ella y un fotógrafo del diario Daily News de Yale se acercaron a él y le tomaron una fotografía. Cuando Ben preguntó qué pasaba, su profesora respondió: «Todo fue un experimento. Queríamos saber quién era el alumno más honesto de la clase». Y agregó sonriendo: «Ahora sabemos que eres tú».
Todos pertenecemos a la clase de nuestro Maestro. Todos deberíamos ser el alumno más honesto de la clase. Todos deberíamos poder decir, como Jacob: «Así responderá por mí mi honradez mañana, cuando vengas a reconocer mi salario» (Gen. 30:33). ¿Qué dicen tus hechos, tus palabras, tus compromisos, tus relaciones? ¿Dicen que eres una alumna o un alumno honesto? Aquí se aplica de manera especial lo que dijo nuestro Señor: «Bástale al discípulo ser como su maestro» (Mat. 10:25). Pide a Dios que te ayude a ser como tu Maestro. Honestidad con Dios, con uno mismo y con los demás. Seamos hoy el discípulo más honesto. Que Dios te bendiga, Mayo 14 2009¡Jehová, va a cambiar, tu historia hoy aqui!Si tienes un pedido de oración envíalo a cieloestrellaazul@hotmail.com Oramos  por ti

OBRAS DE LA FE

Obras de la feAcordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.
1 Tesanolicenses 1: 3¿Qué te impulsa a hacer lo bueno? ¿Cuáles son los motivos que te mueven a obedecer a Dios? ¿Por qué haces obras de bien? Existe la obediencia por interés. Hay quienes obedecen porque desean obtener algo. Obedecen para ir al cielo o para evitar el castigo. Hay buenas acciones que se realizan por motivos egoístas, para ser vistos por otros o para recibir alabanza de los demás. Dios no acepta ese tipo de obediencia.
A Laodicea, que es tibia, Dios le pide obras calientes. Pablo usa la expresión “obras de fe” como sinónimo de “obras calientes”. El Espíritu Santo es el originador de las obras de fe. Cuando el yo desaparece, Cristo toma el control y mora en el corazón del alma contrita y humillada. En las obras de la fe, Cristo produce las obras. Dios quiere que produzcas frutos, pero el fruto es la obra de Cristo morando en tu vida.
Las obras superficiales de la ley y las obras de la fe son muy similares. La diferencia no está en las obras mismas, porque son parecidas. Es posible que si vemos a dos personas guardando el sábado, una lo haga como exponente de las obras de la ley y que la otra lo haga atendiendo a las obras de la fe. Dos personas pueden participar en una colecta y estar una comprometida con las obras de la fe y la otra con las obras de la ley. Se ven superficialmente similares y es fácil confundir la una con la otra.
Sin embargo, en las obras de fe el creyente se ve a sí mismo como un pecador. Nunca se sentirá justo; siempre se considerará «pobre, miserable, ciego y desnudo»; siempre sentirá que no está bien. Dirá: «Soy el primero de los pecadores». Dios mira el corazón, y eso es lo que verdaderamente cuenta. La seguridad del cristiano consiste en estar en Cristo: en él somos perfectos y estamos completos. Él hará muchas buenas obras en nosotros. Cuando Cristo actúa en tu corazón, no te enorgulleces; ni siquiera serás del todo consciente de las cosas buenas que Dios ha realizado en ti, pero tus vecinos lo advertirán y Dios será glorificado.
Pídele a Dios hoy que te ayude a entender tu verdadera condición. Pídele también que te lleve al Señor Jesucristo para andar en el Espíritu y dar frutos que alegren el corazón de Dios.¿A cuál de los dos te pareces?Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado;
y el que se humilla será enaltecido.
Lucas 18: 14
¿Cómo describirías a un buen adventista del séptimo día? O quizá sería mejor preguntar «¿Qué características debe tener una persona para entrar en el reino de los cielos?» En la parábola del publicano y el fariseo, relatada por Jesús, dos caballeros subieron al templo a orar. Uno de ellos, el fariseo, se consideraba un buen miembro de la iglesia. Se describió a sí mismo de la siguiente manera: «Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros [...]. Ayuno dos veces a la semana, doy diezmo de todo lo que gano» (Lúc. 18:11,12).
¿No te parece una persona perfecta? ¿No es la clase de conducta que Dios acepta? Pero, por increíble que parezca, Jesús dijo que el hombre intachable no era justo. ¿Por qué Dios no acepta esa clase de obediencia? Pablo lo explica en
la Epístola a los Romanos: «Mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ellas no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo» (Rom. 9: 31,32).
Las obras de la ley representan la justicia propia del hombre, producida a través de sus propios esfuerzos. En
la Biblia la expresión «obras de la ley» se refiere a la conducta de aquellos que utilizan la ley como un método de salvación. Quieren agradar a Dios con sus propios esfuerzos. Pero eso es imposible. Las obras de la ley no agradan a Dios, porque atribuyen la gloria a la persona y no a Dios. Como dice el mismo apóstol Pablo en Efesios 2: 8,9: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe [...]. No por obras, para que nadie se gloríe».
En cambio, el publicano, considerándose completamente indigno, decía: «Dios, sé propicio a mí, pecador» (vers. 13). El publicano nos representa a todos. Únicamente por la misericordia de Dios podemos salvarnos. Ninguno de nosotros tiene méritos para ir al reino de los cielos. Pero cuando confesamos nuestros pecados, a pesar de toda nuestra indignidad, la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado y somos admitidos como hijos e hijas de Dios.
Las obras que no son el resultado de una íntima conexión con Jesús, por buenas que parezcan, son malas, porque el corazón que las produce es malo. ¿A cuál de los dos te pareces, al fariseo o al publicano? Piénsalo bien, porque la diferencia es la vida o la muerte.Que Dios te bendiga, Mayo 13 2009¡Jehová, va a cambiar, tu historia hoy aqui!Si tienes un pedido de oración envíalo a cieloestrellaazul@hotmail.com Oramos  por ti

Pesar piadoso

Los ladrones se llevaron casi 5.000 dólares en equipos de sonido y oficina de una iglesia en los Estados Unidos, sólo para volver a la noche siguiente y devolver los objetos que habían robado. Aparentemente, el sentimiento de culpa por robar a una iglesia pesó tanto en sus conciencias que sintieron la necesidad de corregir su comportamiento criminal al haber quebrantado el mandamiento: «No hurtarás» (Éxodo 20:15). Sus acciones me hicieron pensar en las diferencias entre el pesar mundano y el pesar piadoso.

Pablo alabó a los corintios por entender esta diferencia. La primera carta que les escribió fue mordaz, ya que trató asuntos de pecado. Sus palabras causaron pesar entre ellos y Pablo se regocijó por esto. ¿Por qué? Su pesar no se detuvo tan sólo en sentirse tristes porque fueron descubiertos o por sufrir las desagradables consecuencias de sus pecados. Su pesar era un pesar piadoso, un auténtico remordimiento por sus pecados. Esto les llevó al arrepentimiento —un cambio en su pensamiento que les condujo a renunciar a su pecado y volverse a Dios. Su arrepentimiento finalmente les llevó a la liberación de los hábitos pecaminosos que tenían.

El arrepentimiento no es algo que podamos realizar a menos que el Espíritu Santo nos induzca a hacerlo; es un regalo de Dios. Ora por arrepentimiento hoy (2 Timoteo 2:24-26).

CUAL ES EL PROBLEMA DE LAODICEA

¡Cuál es el problema de Laodicea?Yo conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!  Apocalipsis 3: 15Laodicea tiene un problema. Algunos piensan que es la mundanalidad y el pecado que se han introducido en la iglesia. Sin embargo, el mensaje del Testigo fiel no reprende a Laodicea por falta de frutos. Laodicea produce muchos frutos. ¿Cuál es entonces el problema? el problema no es falta de obras buenas, sino que hay algo malo en ellas.
A Jesús se lo presenta a la puerta de
la Iglesia, no dentro de ella. Allí está, pero no puede hacer nada. Quiere trabajar en el corazón de sus hijos, pero ellos no se lo permiten. Él llama a la puerta, quiere entrar, quiere producir frutos en la vida de sus hijos, pero no puede hacerlo. ¿Por qué? Porque ellos piensan que ya los han producido todos.
Hace tiempo visité a un buen amigo. No era miembro de
la Iglesia Adventista del Séptimo Día. No había aceptado a Jesús como su Salvador personal, pero descubrí que observaba el sábado. Era dueño de una fábrica de ropa, y tenía varios empleados. Era adicto al trabajo. Exigía a sus empleados trabajar de seis de la mañana a seis de la tarde; sin embargo, el sábado cerraba el taller y dejaba libre al personal. Además, devolvía el diezmo de todas sus ganancias.
Le pregunté:
—¿Cómo es posible que tú y tu personal descansen el sábado, aunque no asistes a la iglesia? ¿Cómo es posible que entregues tus diezmos a la iglesia sin pensar en la urgente necesidad de aceptar a Jesús como tu Salvador personal?
Él me contestó:
—A través de
la Radio Adventista entendí que Dios pide que descansemos el sábado y que le devolvamos la décima parte de las ganancias. Tengo temor de que, si no cierro el taller y no devuelvo el diezmo, este se incendie y pierda yo todo mi capital.
En otras palabras, mi amigo me dijo: «No obedezco por amor, sino por temor».
Esto ilustra de una manera clara la situación de Laodicea. Hay frutos, hay obediencia, hay esfuerzo; pero todo es producto de la voluntad humana. Jesús llama a la puerta del corazón. Si entrara porque todos los miembros lo invitáramos a morar en nuestro corazón, el problema de Laodicea terminaría. Sus obras serían las que Dios espera. Serían el resultado de la acción divina en el corazón humano.
Puede ser que tus obras sean buenas. Pero la pregunta fundamental es: ¿Son obras calientes por el amor de Dios? ¿O son obras frías, producidas por el temor, o el interés personal?¡Cuáles son las obras frías?Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.
Apocalipsis 3: 1
6El mensaje del Testigo fiel a la iglesia de Laodicea habla de obras frías, tibias y calientes. ¿Por qué frías, tibias y calientes? En las Escrituras hay otros pasajes que hablan de las mismas obras con nombres diferentes. El apóstol Pablo les dijo a los hermanos de Galacia: «Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia» (Gál. 5: 19). Aquí el apóstol menciona un tipo de obras a las que llama «obras de la carne». Estas son las obras naturales del corazón carnal. Una vida irregenerada, un corazón pecaminoso que no ha sido transformado por el poder del evangelio, solo puede producir este tipo de obras. No se puede esperar nada diferente; esperar otra cosa que no sea pecado sería ir en contra de la naturaleza. El adulterio, el robo, la mentira, son productos naturales del corazón carnal. Son obras frías porque provienen de un corazón muerto en delitos y pecados. ¡Cuántas veces nos hemos equivocado exigiendo que el que aún no se ha convertido se comporte como si lo fuera!
Visitaba a una familia que asistía a la campaña de evangelización que dictaba en cierto lugar. Era una joven pareja de recién casados. Cuando conversé con ellos, la esposa expresó su malestar de la siguiente manera:
—Una de las cosas que me disgustan de mi esposo es que cuando vamos por la calle, los ojos casi se le salen de las órbitas mirando a otras mujeres. No puede apartar su mirada. A veces quisiera ponerle anteojeras como les ponen a los caballos para que no mire hacia los lados, sino solo hacia delante.
Yo le respondí:
—Con todos mis respetos, la manera en que usted quiere arreglar el problema no funciona. Puede, incluso, sacarle los ojos, pero el corazón y el cerebro seguirán empeñados en mirar a las mujeres, y las manos seguirán empeñadas en tocarlas.
Era lo único que podía esperarse de aquel caballero. Obras frías, como dice Pablo, obras muertas de la carne.
Las obras frías son las mismas que en la carta a los Galatas el apóstol denomina «obras de la carne». Pero este no es el problema de Laodicea. Su problema es la tibieza, pecados de omisión que no causan escándalo. Su verdadero problema era tratar de hacer la voluntad de Dios, no con la ayuda del Espíritu Santo, sino con la determinación humana.
Que Dios te bendiga, Mayo 11 2009¡Jehová, va a cambiar, tu historia hoy aquí!Si tienes un pedido de oración envíalo a cieloestrellaazul@hotmail.com Oramos  por ti

Los imanes y las mamás

Una maestra les explicó a sus alumnos de segundo grado una lección acerca del imán y lo que éste hace. Al día siguiente, en una prueba escrita, ella incluyó esta pregunta: «Tengo cuatro letras. La m se encuentra allí. Recojo las cosas. ¿Qué soy?» Cuando los alumnos entregaron sus pruebas, la maestra quedó atónita al encontrar que casi el 50% de los alumnos había contestado a la pregunta con la palabra mamá.

Sí, las madres recogen las cosas. Pero son mucho más que «imanes» que recogen ropa y juguetes por toda la casa. A pesar de lo dispuestas que están las madres a realizar esa tarea, tienen un llamado más elevado que ése.

Una buena madre ama a su familia y trabaja para crear una atmósfera donde cada miembro pueda encontrar aceptación, seguridad y comprensión. Ella está allí cuando los niños necesitan que se les escuche, se les dé palabras de consuelo, un cálido abrazo o una amorosa caricia sobre la frente con fiebre. Y, para la madre cristiana, su mayor gozo es enseñar a sus hijos a confiar y amar en Jesús como su Salvador.

Ese tipo de madre merece ser honrada —no sólo un día especial del año sino todos los días. Y dicho reconocimiento debe incluir más que palabras: debiera mostrarse por medio del respeto, la consideración y los actos de amor.

LA SENDA DE LA OBEDIENCIA

La senda de la obedienciaGuíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad.  Salmo 119:35Gracielita estaba haciendo su primer viaje en tren. Con su naricita apoyada contra el vidrio de la ventana, veía pasar cada detalle del paisaje siempre cambiante. De repente, se volvió hacia su madre y la abrazó llena de temor: «¡Oh, mamá —exclamó— allá adelante hay un gran río! ¿Cómo lo cruzaremos?» A esas alturas de su pregunta, el tren cruzaba estruendosamente el puente, y su madre pudo contestar con toda facilidad.
Durante el viaje cruzaron varios ríos y arroyos, y cada vez los ojos de Gracíelita brillaban de entusiasmo. «¿No es maravilloso —exclamó— cómo alguien ha puesto puentes a lo largo de todo el camino?»
El pastor Robert H. Pierson escribió estas oportunas palabras: «Sí, y es maravilloso cómo Dios ha colocado puentes a lo largo de todo el camino de la vida. Sus promesas, sus advertencias y reproches, presentados en su Palabra inspirada, son los puentes del cristiano. No necesitamos temer los torrentes de las tentaciones, las corrientes de la tristeza, ni los bajíos del pecado mientras tengamos ante nosotros los fuertes puentes de Dios para pasar a salvo».
Los mandamientos de Dios podrían también considerarse como vallas en el camino de la vida. Lo que hacen es ayudarnos para andar sin desviarnos de la senda. Cualquier desviación es pecado. Por eso dice el salmista: «Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad». ¿Cómo nos guía Dios por la senda de sus mandamientos? Diciéndonos, como dice el profeta Míqueas: «Oh, hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios» (Miq. 6; 8).
Si escuchamos su voz y las instrucciones que nos da en sus mandamientos, no nos desviaremos del camino recto para hacer lo malo, porque él nos ha dicho lo que pide de nosotros: hacer justicia, amar misericordia, y humillarnos ante nuestro Dios.
Con razón se dice
la Escritura que aquel que obedece la santa ley de Dios es dichoso y bienaventurado. La razón es que no se desvía del camino del bien. No se enreda en problemas que destruyen la familia, el hogar, la iglesia, la sociedad y la nación.
Aunque no se salvaran, los pueblos podrían disfrutar de un poco de paz y felicidad si todos se esforzaran por cumplir “la letra” de la ley de Dios y de sus leyes. Eso es posible hasta en un ámbito puramente “secular”. Pero el cristiano obedece “el espíritu” de la ley de Dios, porque lo hace con la ayuda de su Espíritu Santo. Mayo 3
Como Jesús no hay otro
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan  3: 16Se nos pide que seamos como Jesús. ¿Podemos llegar a ser exactamente como él? El Nuevo Testamento señala con claridad que Jesús es único; no hay otro exactamente como él. Cristo es la esencia del amor de Dios encarnado en una persona. El amor es un principio imposible de explicar o razonar. Es tan profundo, tan amplio, tan misterioso como la naturaleza de Dios. Sabemos que Dios es amor. No tiene amor; es amor.
La única manera en que podemos empezar a comprender mínimamente el misterio del amor de Dios es entrando en comunión íntima con él. A medida que vamos conociendo a Dios, vamos conociendo., experimentando y compartiendo su amor. En esa relación creciente, llega el día en que podemos experimentar su amor, que «excede a todo conocimiento» (Efe. 3: 17-19). Entonces seremos semejantes a él, tal como señaló Juan con total acierto: «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él» (Juan 3:1).
Y la única fórmula para la perfección es llegar a conocer y experimentar ese amor. El apóstol Pablo lo expresó con estas palabras inspiradas: «Porque el amor de Cristo nos constriñe» (2 Cor. 5:14). La única fuerza capaz de ayudarnos a odiar el pecado es el amor de Cristo. El amor supremo por Cristo —y la recepción de ese amor supremo de Cristo es nuestra vida— es la única potencia capaz de arrancar de nuestro corazón el amor al pecado. Quizá deberíamos dejar de pedir a Dios que nos libre de los vicios y hábitos pecaminosos que nos dominan. Lo que deberíamos hacer es pedirle que el amor de Cristo sea implantado en nuestros corazones para que entonces lo amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, y con toda nuestra fuerza. Entonces estaremos unidos con él por el vínculo del amor, que es «el vínculo de la perfección» (Col. 3:14).
Jesús es el gran puente que atraviesa e! inmenso abismo de separación causado por el pecado del hombre, que nos ha separado de la fuente de la vida y de la felicidad. Él es el que llega hasta el fondo del gran abismo en que nos encontramos. ¡Qué amor incomparable!
Decide hoy hacer de Jesús tu modelo a imitar, tu personaje favorito, tu centro de atracción. No hay otro. Él es único. Que Dios te bendiga, Mayo 10 2009¡Jehová, va a cambiar, tu historia hoy aqui!Si tienes un pedido de oración envíalo a cieloestrellaazul@hotmail.com Oramos  por ti

El mundo está observando

Unos amigos míos estaban sirviendo en un ministerio dirigido principalmente a cristianos cuando se les presentó la oportunidad de cambiar de empleo y tocar las vidas de miles de no creyentes. Decidieron hacer lo que creían que era un cambio emocionante.

Muchas personas, incluso algunas que no les conocían personalmente, quedaron espantadas y les acusaron de buscar fama y fortuna en el mundo. Pero, con la fe de que Jesús había venido «a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10), decidieron ir en pos de lo que consideraban una oportunidad aún mayor de servir a los «perdidos» en su comunidad.

Más tarde dijeron: «Algunos cristianos fueron muy crueles con nosotros y nos escribieron correos electrónicos llenos de odio. Nuestros nuevos amigos no cristianos eran más amables con nosotros que nuestros compañeros cristianos. No entendíamos eso y nos sentíamos profundamente heridos». Me contaron que su deseo era seguir la directiva de Dios de ser «sal» y «luz» en el mundo (Mateo 5:13-14).

Cuando alguien que conocemos está tomando una decisión o haciendo algún cambio, puede ser de ayuda que le preguntemos cuáles son sus motivos para ello. Pero no podemos conocer totalmente el corazón de otra persona. No queremos «morder y comer» a nuestros compañeros cristianos (Gálatas 5:15), sino más bien amarles de una manera que los demás sepan que somos seguidores de Jesús (Juan 13:35). El mundo está observando.

En toda mala experiencia

No me vino de inmediato ningún pensamiento positivo cuando choqué mi automóvil casi nuevo con la parte trasera de un camión. Antes de nada, me puse a pensar en el costo, la inconveniencia y el daño a mi ego. Pero sí pude encontrar algo de esperanza en este pensamiento, el cual a menudo comparto con otros autores: «En toda mala experiencia siempre hay una buena ilustración».

Encontrar lo bueno puede ser un desafío, pero las Escrituras confirman que Dios usa las malas circunstancias para buenos propósitos.

En 2 Reyes 5 encontramos a dos personas a las que les estaban pasando cosas malas. Primero, vemos a una muchacha de Israel que ha sido llevada cautiva por el ejército sirio. Segundo, vemos a Naamán, el comandante del ejército, quien tenía lepra. Aun cuando la muchacha tenía buenas razones para desearle mal a sus captores, en vez de ello les ofreció ayuda. El profeta de Israel, Eliseo, dijo ella, podía sanar a Naamán. Ansioso por curarse, Naamán fue a Israel. Sin embargo, estaba renuente a seguir las humillantes direcciones de Eliseo. Cuando finalmente lo hizo, fue sanado, lo cual le llevó a proclamar que el Dios de Israel era el único Dios (v. 15).

Dios usó dos cosas malas, un secuestro y una enfermedad mortal, para transformar al enemigo de Israel en un amigo. Aun cuando no sabemos por qué ha pasado algo malo, sabemos que Dios tiene el poder de usarlo para bien.

QUIEN PODRA PAGAR UNA DEUDA TAN GRANDE?

¿Quién podrá pagar una deuda tan grande?

Y dijo Caín a Jehová: «Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará». Genesis 4: 13, 14

Caín cometió un gravísimo pecado que merecía la pena de muerte. Dios, en su infinita misericordia, le dio otra oportunidad. Pero Caín, en vez de arrepentirse, se quejó contra su castigo, como si fuese más severo de lo que merecía. Dijo que su castigo era excesivo, y no aceptó su responsabilidad. Es terrible la dureza del corazón humano. Ni una palabra de dolor o remordimiento salió de sus labios, ni un solo reconocimiento de culpa o de vergüenza. Nada, sino la triste resignación de un criminal que espera la justa paga de sus crímenes.
En un país hispanoamericano se produjo un hecho que mantuvo a los medios de comunicación muy ocupados durante el año 2006. Una mujer, conocida como
La Mata viejitas, fue detenida por haber dado muerte a dieciséis ancianas. Sus crímenes fueron considerados tan graves por la justicia que el juez le dictó una sentencia de 759 años. La mujer escuchó su sentencia tranquilamente. Luego se negó a firmar la notificación de su sentencia, diciendo: «No estoy de acuerdo».
El juez dijo que esta mujer necesitaría vivir nueve vidas para poder pagar la enorme deuda que había contraído con la justicia por sus crímenes. Quizá ella dirá en su corazón, como Caín: «Grande es mi castigo para ser soportado». Ante esto surgen en la mente dos cuestiones. Primero, está en la naturaleza de los seres humanos no aceptar la culpabilidad por sus pecados. Es terrible que se diga que en los últimos días, cuando caigan las plagas y el castigo final contra los pecadores impenitentes, «blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria» (Apoc. 16: 9). Extraña y terrible es la ceguera que produce el pecado.
En segundo lugar hay otro hecho fundamental. No solo las grandes faltas como las de Caín y la mujer que debe purgar 759 años de cárcel causan dureza de corazón. También las faltas sencillas de la vida cotidiana, los pecados que no alarman demasiado el corazón de los seres humanos, serán castigados severamente. También esos castigos serán recusados por los pecadores impenitentes. Habrá muchos más pecadores que se pierdan por los pecados sin nombre «de todas aquellas cosas en que suele pecar el hombre» (Lev. 6: 3) que los que se pierdan por horribles pecados como el de Caín. Busquemos a Dios hoy para que limpie y suavice nuestro corazón.¿Cómo es tu Corazón?Mas ahora tu reino no será duradero, Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.
La Biblia dice que David era un varón conforme al corazón de Dios. Esta declaración sorprende a todo aquel que conozca la historia de la vida del belicoso rey israelita, tal como se relata en
la Sagrada Escritura. En el Antiguo Testamento se señala que David cometió muchos errores, y de grueso calibre: un adulterio, un asesinato, y un censo del pueblo en contra de la voluntad divina. A pesar de sus fracasos, Dios dice que era un varón conforme a su corazón. ¿Qué fue lo que Dios encontró en David para mirarlo de esa manera? ¿Cómo es una persona conforme al corazón de Dios?
Las personas conforme al corazón de Dios son gente como tú y como yo, de carne, hueso y sangre. En otras palabras, son personas imperfectas, sujetas a cometer errores, gente común y corriente. Este es el mismo concepto que tiene el apóstol Pablo cuando habla a los creyentes de la iglesia de Corinto sobre la clase de personas que Dios elige para que lo sirvan. Decía el apóstol que el Señor no se había fijado en “la flor y nata” de la sociedad de entonces, «sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte» (1 Cor. 1: 27).
Una persona conforme al corazón de Dios es alguien que anhela en lo más profundo de su corazón agradarle. Vive la vida de acuerdo a su voluntad. Lo que entristece y desagrada a Dios, también le desagrada a esa persona. Lo que la aflige a ella, también aflige a Dios. Cuando descubre que Dios desea que corte una relación equivocada o ponga fin a un mal hábito, se esfuerza por hacerlo. Tiene un corazón sensible a su voz. Cuando Dios le dice «Haz esto, o cambia aquello», lo acepta con gozo. Sigue el camino que su Señor le señala, sin importar cuan escabroso sea.
¿Cómo está tu corazón? Dios te busca hoy con el deseo de encontrar en ti un ser humano conforme a su corazón. ¿Puede contar Dios con tu corazón? si busca un corazón íntegro, en el que no haya lugares secretos en los cuales se oculten cosas indebidas, un corazón en el cual no haya basura alguna, por pequeña que sea, debajo de la alfombra.
Cuando haces algo malo, ¿lo reconoces y aceptas la responsabilidad de inmediato? ¿Te sientes mal por la falta cometida? ¿Tienes un corazón conforme al de Dios? Que Dios te bendiga, Mayo 07 2009¡Jehová, va a cambiar, tu historia hoy aqui!Si tienes un pedido de oración envíalo a cieloestrellaazul@hotmail.com Oramos  por ti

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