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EL OCTAVO MANDAMIENTO

El octavo mandamiento

No robes (Éxodo 20: 15).

ESTE MANDAMIENTO SALVAGUARDA el derecho a la propiedad. Para que exista la sociedad, se debe salvaguardar este principio; de lo contrario, no hay seguridad ni protección. Todo sería anarquía Este mandamiento protege ese derecho, y condena el hurto en todas sus formas.
En la ley levítica, la violación de este mandamiento requería que se resarciera el daño y se pagara una multa: «Será culpable y deberá devolver lo que haya robado, o quitado, o lo que se le haya dado a guardar, o el objeto perdido que niega tener, o cualquier otra cosa por la que haya cometido perjurio. Así que deberá restituirlo íntegramente y añadir la quinta parte de su valor» (Lev. 6: 4, 5). En la antigüedad, el robo más común tenía que ver con animales: «Si alguien roba un toro o una oveja, y lo mata o lo vende, deberá devolver cinco cabezas de ganado por el toro, y cuatro ovejas por la oveja» (Éxo. 22: 1). Cualquier daño a las propiedades de las personas debía corregirse y hacer restitución. La intención divina era que hubiese orden y respeto a la propiedad ajena.
Pero este mandamiento tenía también una aplicación más amplia: «No ex­plotes a tu prójimo, ni lo despojes de nada» (Lev. 19: 13). Prohibía la explotación de las personas por otros. Una forma común de explotación en aquellos días era retener el salario de los trabajadores hasta el día siguiente, o no pagar los salarios justos. Esto significa que este mandamiento tiene una interpretación más amplia.
La ley mosaica también estipulaba que retener algo perdido que se había encontrado es un tipo de robo: «El objeto perdido que niega tener», debía ser devuelto (Lev. 6: 4). Muchas cosas se pierden en nuestra vida cotidiana, y luego son halladas por otras personas que nunca las regresan. Hace unos años, la revista Selecciones patrocinó un estudio que consistía en dejar carteras con dinero en diversas ciudades del mundo, que incluía una dirección y teléfono, para determinar la honradez de las personas. Los hispanos salimos muy mal en esa encuesta. Los japoneses devolvieron la mayoría de las carteras.

Que Dios te bendiga,

Pedidos de oración al cielo77014@hotmail.com

Julio, 17 2010

SODOMA

Sodoma

La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual (1 Tesalonicenses 4: 3).

EL SÉPTIMO MANDAMIENTO CONDENA también la homosexualidad. Es un pecado muy grande, porque no solo atenta contra el mandamiento moral de Dios, sino que es una violación de la ley natural. En la ley de Moisés, se condenaba con la muerte: «Si alguien se acuesta con otro hombre como quien se acuesta con una mujer, comete un acto abominable y los dos serán condenados a muerte, de la cual ellos mismos serán responsables» (Lev. 20: 13). El apóstol Pablo considera la homosexualidad como una de las degeneraciones morales de la raza humana: «Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Asimismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión» (Rom. 1: 26, 27). Para el apóstol la inmoralidad sexual es producto de la naturaleza baja que él llama carne: «Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje» (Gal. 5: 19).
El apóstol Pablo estaba seguro de que quienes practican estas desviacio­nes sexuales no tendrán cabida en el reino de Dios: «¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexua­les [...] heredarán el reino de Dios» (1 Cor. 6: 9, 10).
Otra aberración sexual contra la naturaleza, condenada por el espíritu de este mandamiento, es el bestialismo: «Si alguien tiene trato sexual con un animal, será condenado a muerte, y se matará también al animal. Si una mujer tiene trato sexual con un animal, se les dará muerte a ambos, y ellos serán responsables de su muerte» (Lev. 20: 15, 16).
Meditemos: «Satanás está haciendo esfuerzos soberanos para involucrar a personas casadas, niños y jóvenes, en prácticas impuras» (Mente, carácter y personalidad, i. 1, p. 233).

Que Dios te bendiga,

Pedidos de oración al cielo77014@hotmail.com

Julio, 15 2010

CRIMEN Y CASTIGO

Crimen y castigo

¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo mismo? ¿Tomaré acaso los miembros de Cristo para unirlos con una prostituta? ¡Jamás! ¿No saben que el que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues la Escritura dice: «Los dos llegarán a ser un solo cuerpo» (I Corintios 6: 15, 16).
EL SÉPTIMO MANDAMIENTO CONDENA la prostitución en todas sus formas. Las «sexoservidoras» abundan por todas partes. La mentalidad mundana no puede vivir sin la prostitución, promovida por mil y una formas en la vida moderna. Es prácticamente imposible ver una película o programa de televisión que no promueva de una u otra forma la prostitución.
El mundo antiguo no era muy diferente. En tiempos del apóstol Pablo, los cristianos que vivían en ciudades como Antioquía de Siria y Corinto, tenían que presenciar la prostitución como forma de vida. La vida no debe haber sido fácil para ellos, como no lo es para los que viven en ciudades donde abundan el vicio y la licencia. A los hermanos de Corinto que corrían el peligro de contagiarse con la mentalidad licenciosa de su ciudad, les escribió que huyeran de la prostitución. Esas palabras también se aplican hoy con igual fuerza a nosotros.
Las leyes levíticas complementarias del séptimo mandamiento, también condenaban fuertemente el incesto en todas sus formas: «Si alguien se acues­ta con la mujer de su padre, deshonra a su padre. Tanto el hombre como la mujer serán condenados a muerte [...]. Si alguien se acuesta con su nuera, hombre y mujer serán condenados a muerte [...]. Si alguien tiene relaciones sexuales con hija y madre, comete un acto depravado [...]. Si alguien tiene re­laciones sexuales con una hermana suya, comete un acto vergonzoso y los dos serán ejecutados en público [...]. No tendrás relaciones sexuales ni con tu tía materna ni con tu tía paterna, pues eso significaría la deshonra de un pariente cercano y los dos sufrirían las consecuencias de su pecado [...]. Si alguien viola a la esposa de su hermano, comete un acto de impureza: ha deshonrado a su hermano, y los dos se quedarán sin descendencia» (Lev. 20: 11-21).

Que Dios te bendiga,

Pedidos de oración al cielo77014@hotmail.com

Julio, 14 2010

NO LO SEPARE EL HOMBRE

No lo separe el hombre

Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse la inmoralidad sexual, ni ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios (Efesios 5: 3).

EL SÉPTIMO MANDAMIENTO CONDENA el adulterio, es decir, la violación de los votos matrimoniales. De acuerdo a la ley mosaica, solo había adulterio cuando se tenía una relación sexual con una persona casada. Sea que uno de los ofensores fuese soltero o casado, el adulterio existía si uno de los dos involucrados era casado. El adulterio se definía en términos de la violación del lecho conyugal.
Pero en su forma más amplia, el mandamiento condena también la fornicación. Generalmente se considera que la fornicación es la relación sexual entre personas solteras. El sexo es ilícito cuando se realiza fuera de la responsabilidad y santidad del matrimonio. Notemos lo que dice la Palabra de Dios: «Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo» (1 Cor. 6: 18). «Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje [...]. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios» (Gal. 5: 19-21). «Ustedes saben cuáles son las instrucciones que les dimos de parte del Señor Jesús. La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios» (1 Tes. 4: 2-5). La palabra que se traduce como inmoralidad sexual en estos pasajes es el término griego porneia, cuyo significado cubre una amplia gama de inmoralidades sexuales: fornicación, impureza sexual y prostitución. La inmoralidad reinante engaña y ofusca la mente de muchos, y los hace pensar que Dios no se preocupa de la pureza sexual. Pero la Palabra es clara, y debemos vivir en armonía con ella.

Que Dios te bendiga,

Pedidos de oración al cielo77014@hotmail.com

Julio, 13 2010

EL SEPTIMO MANDAMIENTO

El séptimo mandamiento

No cometerás adulterio (Éxodo 20:14).

Este mandamiento nos habla de la santidad del matrimonio y el sexo. Se dio para preservar la santidad del matrimonio, y por lo tanto la felicidad del hogar. Dios fue el que inventó el matrimonio, y lo instituyó para que fuese la unión intima y legitima entre un hombre y una mujer. La intimidad fue el vehículo elegido por Dios para que reinase la felicidad en el matrimonio y el hogar. Esta intimidad se expresa mejor mediante la vida sexual del matrimonio, lo que implica que el sexo debe ser tratado con respeto y responsabilidad.

Cuando una tercera persona se introduce en el matrimonio, se destruye la intimidad de la pareja y se socava la felicidad del hogar. Es el llamado adulterio. En la ley mosaico se castigaba con la muerte. “Si alguien comete adulterio con la mujer de su prójimo, tanto el adúltero como la adúltera serán condenados a muerte” (Levítico 20:10).

La Biblia nos habla del primero que osó romper el vinculo matrimonial: “Lamec tuvo dos mujeres. Una de ellas se llamaba Ada, y la otra Zila” (Gen. 4:19). Dios había establecido que el matrimonio debiera ser entre un hombre y una mujer, pero Lamec violó el arreglo divino, teniendo dos mujeres., lo que introdujo el caos en la vida matrimonial. De allí en adelante el mundo se corrompió tanto que la institución matrimonial casi desapareció. Fue una de las causas por las que Dios decidió traer el Diluvio sobre la tierra. Nuestro Señor lo dijo bien: “Porque en los días antes del diluvio comían, bebían y se casaban y daban en casamiento, hasta el día en que Noé entro en el arca; y no supieron nada de lo que sucedería hasta que llegó el diluvio y se los llevó a todos” (Mate. 24: 38,39).

Reflexionemos: “Hizo Satanás un premeditado esfuerzo para corromper la institución del matrimonio, debilitar sus obligaciones y disminuir su santidad; pues no hay forma más segura de borrar la imagen de Dios en el hombre, y abrir la puerta a la desgracia y al vicio” (Patriarcas y Profetas, P. 350).

Que Dios te bendiga,

Pedidos de oración al cielo77014@hotmail.com

Julio, 0 2010

LO QUE DIOS UNIO

Lo que Dios unió…

“Moisés les permitió divorciarse de su esposa por lo obstinados que son –respondió Jesús-. Pero no fue así desde el principio” (Mateo 19:8).

Después del diluvio, el matrimonio se degeneró de nuevo. Al punto que el hombre podía tener más de una esposa, pero la mujer solo un esposo. De este modo se legalizó el adulterio, y se introdujo la infelicidad conyugal. A causa de la inmoralidad reinante, este fue el arreglo social al que llegó el mundo posdiluviano. Dios, cuando dio su ley a Moisés, contemporizó con este arreglo social, pero no era el ideal divino establecido en el Edén. El hombre podía ahora divorciarse de su mujer, pero no la mujer de su marido. Por eso, Dios se compadeció del sufrimiento y de la esclavitud de la mujer, y en la ley de Moisés, ordenó que se le diese carta de divorcio: “Si un hombre se casa con una mujer, pero luego deja de quererla por haber encontrado en ella algo indecoroso, solo podrá despedirla si le entrega un certificado de divorcio “(Deut. 24:1). Esta medida legal abría la posibilidad para que la mujer repudiada pudiese rehacer su vida mediante un segundo matrimonio: “Una vez que ella salga de la casa, podrá casarse con otro hombre” (vers. 2). De este modo, los derechos de la mujer se igualaban a los del hombre.

Pero este no es el ideal de Dios para la familia humana. El tenía el interés de ir elevando la moral del ser humano hasta alcanzar su ideal. En el sermón del monte, nuestro Señor introdujo un peldaño más cerca de ese ideal, y mostró como Dios considera la relación conyugal: “Se ha dicho: “El que repudia a su esposa debe darle un certificado de divorcio”. Pero yo les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, todo el que se divorcia de su esposa, la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también” (Mat. 5:31,32). El divorcio no es parte del plan de Dios para la familia humana.

Que Dios te bendiga,

Pedidos de oración al cielo77014@hotmail.com

Julio, 12 2010

LA IMPORTANCIA DE LA BENDICION

LA IMPORTANCIA DE LA BENDICIÓN

E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, sí me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió. 1 Crónicas 4:10.

Si hicieras tuya esta oración, ¿qué significado tendría para ti el pedido de Jabes?

«Bendíceme». ¿Has pensado en los planes y anhelos de Dios para tu vida

personal? Te invito a que leas la Biblia en tu devoción personal; concéntrate en aquellos pasajes en los cuales Dios expresa sus buenos deseos para sus hijos. «Ensancha mi territorio». Es necesario que ampliemos nuestro ámbito de influencia. En la escuela, en el aula de clases, con tus compañeros, maestros. Si ya trabajas entonces con tus jefes y compañeros. Si viajas con frecuencia con quien va a tu lado. Con quienes haces tratos comerciales. Este es el ámbito que debes expandir, ensanchar, ampliar.
«Ayúdame y líbrame del mal». Esa es una petición que aparece también en la oración modelo, el Padrenuestro: «Líbranos del maligno» (Mateo 6: 13; «del mal», RV95). Nuestras peticiones a Dios son siempre un compromiso, un acuerdo, un pacto. Significa entonces que tú no te acercarás por tu propia cuenta al mal. «Para que no padezca aflicción». No andes por malos caminos. Desde una mala elección en tus hábitos alimentarios, que dañan el cuerpo, hasta una mala elección en las películas que ves, que dañan tu intelecto.
Jabes fue el más ilustre de sus hermanos. ¿Acaso fue por lo que pidió? ¿O por lo que Dios le dio? ¿Estará Dios dispuesto a dártelo a ti también si haces tuya la oración de Jabes? Te animo a que te coloques del lado de Dios, que derramará sus bendiciones abundantes y así se diga de ti: «Y Dios le concedió su petición».

«Mientras atendemos a nuestros quehaceres diarios, deberíamos elevar el alma al cielo en oración. Estas peticiones silenciosas suben como incienso ante el trono de gracia, y los esfuerzos del enemigo quedan frustrados». MJ 247.

Que Dios te bendiga,

Pedidos de oración al cielo77014@hotmail.com

Julio, 11 2010

EL SUICIDIO

El suicidio

De este modo no se derramará sangre inocente en la tierra que el Señor

Tu Dios te da por herencia, y tú no serás culpable de homicidio

(Deuteronomio 19: 10).

EL SUICIDIO EN TODAS SUS FORMAS es una violación de la santidad de la vida humana, pues no tenemos derecho de quitar lo que no damos. Dios es el autor de la vida, y no podemos tener la prerrogativa de quitársela a otra persona ni quitárnosla nosotros mismos. En la Biblia se registra el suicidio de varias personas. La Palabra de Dios dice que Saúl, el primer rey de Israel, se quitó la vida ante una muerte inminente: «Saúl mismo tomó su espada y se dejó caer sobre ella» (1 Sam. 31: 4). Judas, quien traicionó a Jesús, lleno de remordimiento también se quitó la vida: «Entonces Judas arrojó el dinero en el santuario y salió de allí. Luego fue y se ahorcó» (Mat. 27: 5). Entre las personas famosas que se suicidaron se cuentan: Empédocles, Cleopatra VII, Sócrates, Hitler, Marco Antonio, Nerón y Séneca. El suicidio es un crimen contra la misma persona. Al atentar contra la propia vida, se viola el sexto mandamiento.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, los países del antiguo bloque comunista ocupan desde hace algunos años los primeros lugares del mundo en suicidios, entre los que sobresalen Lituania, Bielorrusia, Rusia, Kazajstán, Eslovenia, Letonia y Ucrania. Generalmente, se cree que el suicidio «es un problema en el que parece haber consenso entre sociólogos, sicólogos, siquiatras, antropólogos y demógrafos, cuando lo consideran como un rasgo de la modernidad, uno de los males del siglo» (Wikipedia, art. «Suicidio»).

Hoy en día, hay medios para mantener a una persona con vida, aunque tenga un diagnóstico de muerte. Por otra parte, no debemos juzgar como suicida a una persona que de antemano decida que le desconecten los tubos en caso de padecer coma irreversible.

Sin embargo, desde el punto de vista bíblico no debemos juzgar a los que deciden quitarse la vida. Dios es el único que puede juzgar los motivos secretos del corazón.

Que Dios te bendiga,

Julio, 10 2010

INSENSIBILIDAD QUE MATA

Insensibilidad que mata

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios (1 Corintios 6: 19, 20).

EL SEXTO MANDAMIENTO, EN SU APLICACIÓN extensiva, es más amplio de lo que a veces imaginamos. Su principio subyacente tiene la posibilidad de aplicarse a muchas situaciones de la vida. «todo acto de injusticia que contribuya a abreviar la vida, todo descuido egoísta que nos haga olvidar a los menesterosos y dolientes», es una violación del sexto mandamiento (Patriarcas y profetas, pp. 316, 317). Hay millones de niños que mueren de hambre todos los días ante el descuido egoísta de los que nos llamamos cristianos y pretendemos obedecer la ley de Dios. El salmista decía: «Matan a las viudas y a los extranjeros; a los huérfanos los asesinan» (Sal. 94: 6). Solo en los Estados Unidos hay 60 millones de personas que tienen mascotas, en las que gastan millones de dólares para mantenerlas y cuidarlas. En algunos países, con solo 30 dólares al mes se puede alimentar y educar a un niño huérfano. No se trata de descuidar a los animales, sino de cambiar las prioridades.

Hay otras formas más sutiles de quebrantar este mandamiento: «Toda satisfacción del apetito, o privación innecesaria, o labor excesiva que tienda a perjudicar la salud; todas estas cosas son, en mayor o menor grado, violaciones del sexto mandamiento» (ibíd.)

En esta misma dirección, el tráfico y el uso de drogas son una violación del sexto mandamiento. Los que corrompen al inocente y seducen al virtuoso, «matan» en un sentido mucho peor que el asesino y el bandido, pues hacen algo más que matar el cuerpo.

Que Dios te bendiga,

Julio, 09 2010

SENTIMIENTOS QUE MATAN

Sentimientos que matan

Todo el que odia a su hermano es un asesino, y ustedes saben que en ningún asesino permanece la vida eterna (1 Juan 3: 15).

TODOS LOS MANDAMIENTOS DEL DECÁLOGO se refieren a algo literal y concreto, pero tienen un alcance mayor. Es su aplicación espiritual del principio subyacente a una situación específica, o la extensión de ese principio a otros aspectos de la vida. El sexto mandamiento condena el homicidio en forma frontal y directa. Las leyes complementarias se encargaban de regular la aplicación del castigo y sus excepciones. Sin embargo, el espíritu del mandamiento va más allá. Este aspecto espiritual recae en el juicio de Dios, quien tiene las herramientas para determinar la naturaleza del crimen y su castigo correspondiente.

De acuerdo al espíritu de este mandamiento, no necesitamos tomar una pistola u otra arma para matar a una persona. Este precepto nos dice que el sentimiento de odio es una violación de este mandamiento: «Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: “No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal”. Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno» (Mat. 5: 21, 22). Por eso se nos dice: «El espíritu de odio y de venganza tuvo origen en Satanás, y lo llevó a dar muerte al Hijo de Dios. Quienquiera que abrigue malicia u odio, abriga el mismo espíritu; y su fruto será la muerte. En el pensamiento vengativo yace latente la mala acción, así como la planta yace en la semilla» (El discurso maestro de Jesucristo, p. 51). De este modo, es una violación del mandamiento «el abrigar cualquier pasión que se traduzca en hechos perjudiciales para nuestros semejantes o que nos lleve siquiera a desearles mal» (Patriarcas y profetas, p. 316).

Que Dios te bendiga,

Julio, 08 2010

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