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Lo que en realidad buscas


Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Romanos 8: 6

Creo que Dios nos ve con infinita compasión al ver nuestros frenéticos esfuerzos por alcanzar la vida “de éxito” que tan deseable nos parece. Aunque el significado de esa esperanza varía de persona en persona, todos la asociamos con el gozo, la felicidad, la independencia financiera y la libertad de otras de las necesidades que tenemos. ¡Cuánto afán para obtener más riqueza, un estatus más alto, o conseguir mayor seguridad!
Otros buscan, con el mismo afán, y a veces con los mismos métodos, la vida “de éxito espiritual”. ¡Qué despliegue de ministerios, actividades y proyectos de servicio! Pero la raíz, es decir, la motivación, para el esfuerzo es el mismo: todos queremos una vida llena de paz.
Por desgracia, el mundo nos incita a luchar por muchas cosas, sin tomar el tiempo necesario para examinar la verdadera necesidad que tiene nuestro corazón. La necesidad innegable del corazón de todo ser humano es la paz. Debemos luchar siempre para superarnos en nuestra vida, pero debemos detenernos para reconocer lo que en realidad buscamos, pues, de lo contrario, nuestros esfuerzos nunca darán como resultado la paz que tanto anhelamos.
La falta de paz es, antes que nada, el resultado de un alejamiento de Dios, es decir, una condición pecaminosa. Cuando Adán y Eva decidieron reemplazar la voluntad de Dios por su propia voluntad, el pecado entró al mundo, y la verdadera paz se alejó de la vida del ser humano.
Nunca obtendremos paz a través de los cambios políticos. Nunca podremos comprar la paz, o crear un ambiente de paz, cambiando las cosas que nos rodean. La verdadera paz tiene su génesis en el perdón de los pecados a través de la fe en Jesucristo; y esta paz inunda cada vez más nuestro ser al someter nuestra vida al Espíritu Santo. Como dijo el salmista, «Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo» (Sal. 119:165). Y San Pablo dice lo mismo en Filipenses 4:4-7: «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús». En este contexto, los pasos para la paz son: (1) regocijarnos en el Señor, (2) regocijarnos mas, (3) ser corteses o actuar con gentileza, (4) reconocer que el Señor está cerca, (5) desechar toda ansiedad, y (6) orar por todo y por todos con un corazón lleno de perdón y agradecimiento.
Jesús prometió que todos los que practican esto recibirán una paz que trasciende a todo el entendimiento de este mundo.

Dios te bendiga; es mi deseo y oración,

Febrero, 04 2009

¡Cristo ya viene… ya viene por ti!

Si tienes un pedido de oración envíalo a cielo77014@hotmail.com

Oraremos por ti.

pedidos de oracion:

*

Si me pueden colocar en sus oraciones a una sobrina que tengo muy joven con artrosis en sus dos rodillas la van a operar, a una hermana también la van a operar de una rodilla y por los miembros de mi familia que están padeciendo de artrosis. Gracias.

Amparo.

*

Mi enamorada se encuentra enferma físicamente y emocionalmente, no le sale nada y no hay dinero para combatir la enfermedad que esta pasando, les pido por favor que oren por su salud y que todas las cosas le salgan bien.

Juan Carlos.

*

Solicito por favor su apoyo en oración, por tener trabajo. Y servir fielmente al dios vivo.

José de Jesús

Te recompensara por tu servicio

El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir. Mateo 20:28

Me he preguntado a veces si habrá algún seguidor suyo que se
imagine que su situación está por encima de la del Señor de los señores y Maestro de los maestros.

Un día recibí una llamada inesperada de mi hermana mayor. Me dijo: “Mira, te voy a enviar una niña que tengo aquí conmigo. Su madre me la ha entregado. A la vez que me la dio a mí, se desprendió también de sus dos hermanitas”.

Al escuchar esta noticia no supe que decir en un primer momento. Sin
embargo, tras colgar el teléfono, elevé una oración al cielo y le dije esto a Dios: “Querido Señor, tu dices que debemos servir y creo que esta es mi oportunidad para hacerlo”.

Es triste ver a un niño desamparado, ultrajado, explotado y maltratado por la sociedad y más aún por su propia familia. Mi hermana me explicó que esta niña había sido maltratada por las personas que más la deberían haber amado.

La alimentación y el aseo personal de la pequeña habían sido descuidados, y, además, habían abusado de ella. Ante tal panorama, le dije a mi hermana que me haría cargo de la niña. A los pocos días, mi esposo fue a buscarla y la trajo a casa. Como se nos había anunciado, la pequeña estaba descuidada y enferma.

Hoy día, después de dos años de esto, está recuperada aunque  no en su totalidad, porque quedará marcada por una de las enfermedades que padecía.

¡Si la pudiesen conocer! Es actualmente una niña de aspecto sano; es
inteligente, educada y alegre. Cuando le preguntan como es su vida, ella responde: “Soy muy feliz” y eso nos alegra enormemente.

Te hablo especialmente a ti,  porque el Señor nos ha llamado a servir no importa a quien, ni donde, ni como. Solo quiere que sirvamos a los demás.

El servio es algo maravilloso. Tú y yo, y los demás humanos,
nacimos para eso. Tal vez no veas los resultados o la recompensa
inmediatamente cuando sirves o ayudas a los demás, pero ten siempre presente que Dios te recompensará en gran manera por tu servicio. No tengas miedo de ayudar a alguien que lo necesita. Dios siempre estará a tu lado para ayudarte.

Los caballos blancos

Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo
montaba se llamaba Fiel y Verdadero y con justicia juzga y pelea […] y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre REY DE REYES Y SENOR DE SENORES. Apocalipsis 19:11,16
.

En tiempos pasados, a menudo los reyes y jefes militares acostumbraban montar en caballos blancos para participar en los desfiles de victoria.

Ahora Jesús es proclamado “Rey de reyes y Señor de señores” y Juan lo presenta montando un hermoso caballo blanco. El color blanco representa un carácter santo, y el jinete que va sobre el caballo es llamado “Fiel y Verdadero”.

Los ángeles que acompañan a Jesús al venir a esta tierra están vestidos de puro lino blanco y lo siguen también en caballos blancos, imagínense el hermoso cuadro de decenas de millares de santos ángeles viniendo con Jesús, trayendo en sus cabezas relucientes coronas reales.

Esta es una de las más impresionantes descripciones de la segunda venida de Jesús, que aparece en la Biblia. De nuevo Juan “vio los cielos abiertos” y trató de describir la escena. La segunda venida de Jesús es la enseñanzaprincipal del libro de Apocalipsis. Todas las profecías de Daniel y Apocalipsis culminanen esto, que es el acontecimiento más grande de todos los tiempos.

En nuestros días, los ojos de todos están fijos en los cielos, y la gente se pregunta cual será el próximo gran acontecimiento que ha de ocurrir. Ya el hombre ha llegado a la luna y ha enviado robots para recorrer la superficiede Marte. Yo no sé cual será el próximo gran evento espacial, pero si sé muy bien cual será el mas grande acontecimiento que habrá de ocurrir. Pronto miraremos a lo alto, veremos los cielos abiertos y a Jesús descendiendo con todos los ejércitos celestiales, vestidos de blanco, vendrán a la tierra para llevar al cielo a todos los que han coronado a Jesús como “Rey de reyes
y Señor de señores” en sus vidas.

Entonces serán arrebatados en las nubes para recibir a Jesús en el aire. Aunque Jesús ama a todas las personas, no podrá llevar al cielo a los que viven en pecado.

Si queremos marchar en el futuro desfile triunfal en el cielo, necesitamos coronar hoy a Jesús como Rey de nuestras vidas.

Una nueva oportunidad

Estos son los descendientes de Noé: Noé, hombre justo, era perfecto entre los hombres de su tiempo; caminó Noé con Dios. Génesis 6:9

En la vida de Noé, como sucede con muchos seres humanos, hubo un episodio que, sin duda, lo perturbó por mucho tiempo. Fue un momento vergonzoso que trajo oprobio a toda la familia. Quedó borracho y, bajo los efectos de la embriaguez, apareció desnudo delante de los vecinos y la familia, provocando escándalo y burlas.

Seguramente al día siguiente, cuando le contaron lo que había hecho, Noé no tuvo coraje de salir a la calle y mirar a los vecinos.

Pero cuando el escritor bíblico hace un resumen de la vida de este
patriarca, dice que era un hombre justo e íntegro entre sus contemporáneos, porque andaba con Dios.

Aquí hay algo maravilloso que necesitamos entender. En el momento en que Noé se embriagó, sin duda que estaba lejos de Dios, porque no es posible estar en comunión con Dios y practicar actos pecaminosos al mismo tiempo. Pero la gracia de Dios lo alcanzó, y Noé se levantó y, aunque en su pasado había episodios vergonzosos, al fin de su vida fue considerado un hombre justo y perfecto.

Cuánta esperanza para los que un día fueron heridos por los dardos del enemigo. Cuánta esperanza para quienes un día resbalaron, cayeron y conocieron el gusto de la derrota.

El secreto de Noé fue aprender a andar con Dios. No es fácil, no. A veces, atraídos por el brillo de este mundo, soltamos el brazo poderoso de Jesús y nos golpeamos, pero él siempre está con el brazo extendido.

Alguien dijo que muchas veces la caída puede ser tan fuerte que no queden fuerzas ni para levantar la mano. Pero con sólo mirar a Jesús -quien sabe todo, interpreta nuestro grito de socorro y corre hasta nosotros-, él nos levanta, nos cura las heridas y nos declara justos, como si nunca hubiésemos caído.

Sea nuestra oración hoy: “Gracias, Señor, por ser así, por amarme y comprenderme y por darme siempre nuevas oportunidades. Toma mi mano y guíame por los caminos de la vida”

Planes divinos

Mirad las aves del cielo. Que no siembran, ni siegan, ni recogen en
graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
Mateo 6:26

¿Qué es lo que  nos invita a hacer Jesús en este versículo? ¿Te parece que  nos invita a no hacer nada? ¿O, más bien, nos invita a hacer lo que tengamos que hacer, pero sin preocuparnos? ¿Qué es lo que nos promete el Señor exactamente?

La característica principal de las personas que viven sin Dios –aun siendo cristianas de profesión– y también la de aquellas que pretendemos seguir nuestros planes sin la dirección del Espíritu Santo es que queremos tener todo bajo control. Corremos de acá para allá solucionando cosas, buscando salidas, solventando problemas y resolviendo todas las dificultades, con una angustia mental y una preocupación tan grande que es como si nos hubiéramos olvidado del poder guiador de la mano del Señor.

Se pierde mucho tiempo y mucha energía en ese vaivén. Incluso cuando se trata de la obra y los negocios del Señor, pensamos para nosotros: “Tengo que hacer esto y lo de más allá”. Se nos olvida el Señor y nos quedamos con sus negocios. Hacemos su trabajo sin encontrarnos con él y preguntarle qué es lo que quiere que hagamos.

La preocupación es sinónima de estar lejos de los brazos del Señor.
Naturalmente, esto no quiere decir que lo que deba hacer es acostarme de forma indolente y decir: “Bueno, Señor. Tú sabes todo lo que necesito. Mándamelo aquí a la cama”. ¡Por supuesto que no! Observemos el perspicaz mensaje contenido en el siguiente párrafo:

“Dejad que Dios haga planes para vosotros. Como niños, confiad en la
dirección de Aquel que guarda los pies de sus santos” (1 Sam. 2:9).

Dios no guía jamás a sus hijos de otro modo que el que ellos mismos escogerían si pudieran ver el fin desde el principio y discernir la gloria del designio que cumplen como colaboradores con Dios”.

El principio de vivir sin preocupación es dejar que Dios sea quien haga los planes. ¿Crees que pueden fallar? ¡Por supuesto que  no! Por lo tanto, como niños, sigamos su dirección. El fin será el mejor, el más perfecto.

¿Habrá una promesa mejor? Tu sabes que no.

La profesion de nuestra esperanza

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.
Hebreos 10:23.

En los primeros versículos del capítulo 10 de Hebreos, el apóstol presenta el carácter sacerdotal de Cristo. Presenta a la iglesia como la casa de Dios, sobre la cual Jesús es el gran Sumo Sacerdote. Después exhorta a los presentes a experimentar por ellos mismos las delicias de la salvación:
“Acerquémonos, pues, con corazón sincero…” (vers. 22). Y para concluir, el apóstol presenta el desafío de nuestro texto: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza”.
Vamos a analizar en qué consiste “la profesión de nuestra esperanza“.
Primero, poseer el conocimiento salvador de Cristo. No es sólo un conocimiento teórico, sino un conocimiento personal, el resultado de una vida de comunión permanente con él. “Él es en nosotros la esperanza de gloria” (ver Colosenses 1:27).*

Segundo, la confesión de la esperanza encierra confianza en Cristo.

El apóstol nos aconseja en el texto de hoy a “mantener firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza”. ¿Por qué? Porque existe un enemigo disfrazado de muchas formas tratando de tirar todo a la basura. El, en persona, se opone a nosotros, y también lo hace la naturaleza pecaminosa que llevamos. ¿Cómo, pues, venceremos? Confiando en la fidelidad de quien prometió; no dejando de congregamos en la iglesia (vers. 25); y permitiendo que el Espíritu Santo habite en nosotros y nos lleve diariamente a las grandes obras de victoria.

Nuestra esperanza debe estar puesta en Dios “La salvación de los justos viene del Señor; él es su fortaleza en tiempos de angustia. El Señor los ayuda y los libra; los libra de los malvados y los salva, porque en él ponen su confianza“.

Nuestra esperanza no debe estar puesta en sucesos exteriores, por ej: un ascenso en el trabajo, un aumento de sueldo, una casa nueva, una familia nueva, una iglesia nueva, etc. Ni tampoco debe estar puesta en nosotros mismos… esto es algo que aprendí, porque tengo una debilidad en mi que es la de dejar todo para ultimo momento y miles de veces me propuse cambiar pero el error que cometía era que ponía mi esperanza en mi misma, me decía a mi misma: “Yo puedo cambiar! yo voy a cambiar!” Y como obvio resultado, nunca pude cambiar hasta que entendí que debía poner mi esperanza en Dios y no en mi. Comenzé a decir: “Tengo un Dios poderoso”, “Mi Dios todo lo puede”, “No hay nada imposible para Él”, “Si Él está conmigo, quién contra mi?” “Mi Dios está conmigo” y así… como Dios es fiel pude ver un cambio realmente sorpendente en mi vida. Ahora ya no dejo todo para ultimo momento, si bien algunas veces fallo, me levanto y sigo intentandolo y funciona!!!!

Pon tu esperanza en Dios! Él es fiel!
Como paso práctico pidele al Señor que te revele su gran poder y te haga entender cómo debes poner tu esperanza en Él.

Huye del peligro

El prudente ve el mal y se esconde, pero los ingenuos pasan y reciben el daño.

Proverbios 22:3

Cuando era misionero en la selva peruana, aprendí a convivir con los
peligros y las dificultades de una selva que no conocía. Uno de esos
peligros era la presencia de víboras en los lugares más inesperados. Con el tiempo, creo que Dios me ayudó a desarrollar el extraño instinto de presentir cuando alguna serpiente andaba cerca.

En cierta ocasión me dirigía a la aldea de Zotami, por una senda estrecha en medio de la vegetación, cuando súbitamente sentí el peligro. Quedé completamente inmóvil, en silencio, observando cualquier detalle a mi alrededor. En pocos segundos vi a la víbora con la cabeza levantada, dispuesta a atacar. Por lo general, las víboras no atacan, sencillamente se defienden cuando alguien pasa su perímetro de protección. Con frecuencia, somos nosotros los que, sin darnos cuenta, entramos en el territorio de ellas, y es entonces cuando atacan motivadas por la supervivencia.

Esa mañana el indeseado animal estaba justamente a orillas de la senda. Yo no tenía otro camino por donde seguir, y pasar por entre la vegetación era algo que no me animaba a hacer en esas circunstancias. Quedé varios minutos esperando que ella se fuera, pero no se iba. Después de un tiempo bajó la cabeza y quedó agachada, a la espera.

De repente surgió una idea en mi mente. Tomé mi zapato y lo tiré hacia donde estaba la víbora. Instantáneamente ella saltó sobre el zapato y después desapareció a toda prisa.

Con qué sabiduría Salomón crea un contraste entre el necio y el prudente. ¿Por qué buscar el peligro? El prudente ve el mal y se aparta. Si Adán y Eva hubiesen hecho eso, no habrían sido entrampados. Dios les había advertido:
El único lugar donde el enemigo puede engañarlos es cerca del árbol del conocimiento de la ciencia del bien y del mal. “Permanezcan lejos de él”, dijo el Señor. Pero ellos pensaron: “¿Qué tiene de malo?”, y jugaron con el peligro.

Conozco a jóvenes que arruinaron sus vidas por jugar con el mal. “¿Qué hay de malo en fumar un cigarrillo, sólo por curiosidad?” “¿Cómo voy a saber que la droga hace mal si no la pruebo?” “¿Por qué el sexo antes del casamiento es pecado, si el amor es maravilloso?” preguntan y justifican sus actitudes aproximándose al mal. “Pasan”,
experimentan, dice Salomón. Sólo que el tiempo es el juez implacable y da suveredicto: “drogadicto”, acabado”, “condenado”, “perdido”.

No juegues con el pecado, no te acerques a él porque en un principio piensas y realmente crees: “Yo lo controlo” “Sé cual es el límite” “NO voy a caer en pecado, me voy a detener antes” pero luego… quizás sin darte cuenta, te encuentras arrastrado por el pecado, sin poder detenerte. Recuerda que puedes pecar incluso con los pensamientos.

Escuché una predica en la que decía que uno no “cae” en pecado sino que uno “entra” en pecado… antes de la consumación del pecado Dios puso carteles que te decían DETENTE!! Pero no los quisiste ver porque creías que estaban para molestarte, creíste que esos carteles eran para las personas que no estaban bien con Dios, para las personas que no oran todos los días como vos, pero dejame decirte que no es suficiente con orar, ir a la iglesia, etc. debes huir del pecado, aléjate YA! NO tientes al diablo, no le abras puertas en tu vida! Así como lo dice salomón: el sabio ve el mal y se ESCONDE. No juegues al todopoderoso.

Que Dios nos ayude a ser inteligentes para evitar el mal.

Si ya has pecado o te sientes tentado recuerta que siempre puedes correr a Dios, SIEMPRE

El recordativo eterno

He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.

Isaías 49:16

La experiencia más dura por la que puede pasar un ser humano es la de afrontar la pérdida irreparable de la vida de un hijo, de un padre, una madre, un esposo o esposa, un hermano o un amigo entrañable.

He visto con mis ojos el dolor  que punza el alma de quien la sufre. Madres que han estado a punto de perder la razón al ver sus brazos vacíos, su vientre seco. Adolescentes que han perdido hermanos y cuyos ojos se fijan en el horizonte, como buscando esperanza donde se pierde la visión, ajenos a este mundo y todo lo que ocurre a su alrededor. Hijitos, niños y no tan niños, cuyas lágrimas les nublan los ojos haciéndoles perder toda alegría, toda sensación de protección o seguridad.

El versículo de hoy es confortador de verdad. Jerusalén, la ciudad de Dios, tenía un gran problema: se sentía abandonada y atribulada en medio del dolor. El Eterno, el gran Jehová de los ejércitos, parece inclinarse desde el gran universo y, señalando las palmas de sus  manos, le dice: “Aquí, en este lugar donde me es imposible olvidarme de ti y no comprender tu sufrimiento, te llevo esculpida. Tengo una escultura tuya en las palmas de mis manos. Delante de mí siempre están tus muros”.

Los muros eran el símbolo de protección de una ciudad. La seguridad de la ciudad, de todo lo que contenía y de sus habitantes y de los moradores de las aldeas cercanas dependía de la fortaleza  de esos muros. Así que Jehová levanta sus manos, mira sus palmas y sabe si estás en peligro, si estás amenazada, si estás dolorida, si lloras. Si esa gran pérdida –cualquiera que sea- está a punto de destruirte. Al saber esas cosas, actuará en consecuencia.

Encuentro interesantes estos pensamientos, que Elena compartió con una mujer que atravesaba una seria enfermedad: “Confíe plenamente en Jesús. El no la dejará ni la abandonará… tan solo deje que la paz de Cristo inunde su alma.

Sea fiel en su esperanza, porque él es fiel en su promesa. Coloque su pobre mano nerviosa en su mano firme y deja que él la sostenga y la fortalezca, que la alegre y la reconforte”

Nuestro Dios siempre es fiel a su promesa.
Recuerda que siempre puedes correr a Dios, SIEMPRE.

La gallina y los patitos

¿Te agradan los zoológico? De cada animal hemos extraído alguna lección aplicable a nuestra vida. Y ahora nos toca observar a aquella gallina, debajo de la cual se habían colocado varios huevos de pato para que los empollara. A su debido tiempo nacieron los patitos, y comenzaron a dar sus paseos acompañados de la gallina.

La gallina madre no se explicaba por qué sus polluelos eran tan
diferentesde ella.
Y ocurrió que cierto día llegaron a las cercanías de un estanque, y los
patitos, instintivamente, se fueron en línea recta hacia el agua. La pobre gallina, creyendo que estaban en peligro de ahogarse, hacía desesperados intentos para llamarlos y salvarlos, pero sin resultado. No importaba que se los hubiese criado en tierra seca, nadie pudo borrar de aquellos patitos su natural inclinación hacia el agua, porque era parte de sus propios instintos.

¿No llevamos los seres humanos, también por instinto, a Dios en el alma?
Negar su existencia equivaldría a desnaturalizarnos. Sería resistirnos a aceptar algo que de todos modos se impone en el corazón. El rey David declaró que Dios estaba “impuesto” en todos sus caminos, y que no importaba adonde fuera, allí advertía la presencia divina.

Cierto filósofo francés afirmaba que los hombres creen en Dios solo
porque se les inculca esta creencia desde niños. Y para demostrar su pensamiento, llevó a un niño a su finca para educarlo con la orden expresa de que nadie le hablara de Dios. Pero al poco tiempo de iniciada su educación atea, el filósofo encontró al niño cierta mañana mirando fijamente hacia el sol naciente, y diciendo estas palabras: “¡Cuán hermoso eres, oh sol” ¡Cuánto más grande y hermoso debe ser el que te hizo! Yo no lo conozco; pero si tu lo ves, llévale un beso de mi parte”.

Sí, la convicción de la existencia de Dios forma parte de nuestra naturaleza. Es un instinto humano, como lo reveló el niño de este experimento; o como lo ilustraron los patitos de la historia. Por instinto, la gallina permaneció en tierra seca, y por igual razón los patitos se vieron atraídos por el agua.
¿Nos dice nuestro corazón que Dios existe, que El es todopoderoso, y
que podemos confiar en su conducción de amor?

Mientras el sol mantenga su brillo; mientras la tierra siga girando
sobre sueje; mientras las nubes del cielo nos regalen su lluvia; mientras tengamos aire para llenar nuestros pulmones; mientras nuestro corazón siga latiendo… Mientras ocurra todo esto, podremos saber que Dios existe, y que “en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28) Además, cada expresión sincera de afecto humano no es otra cosa que un reflejo del amor divino, instalado en nuestros corazones.

Es señal de cordura espiritual confiar en Dios y rogarle que El dirija
nuestra vida. Si el rige sabiamente sobre el universo infinito, ¿cómo no habría de regir tiernamente nuestro ser individual?

Entre la vida y la muerte

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.

Deuteronomio 30:19

Estaba conversando con un grupo de jóvenes universitarios sobre la
alteración de los valores en nuestros días. En un determinado momento, uno de ellos se levantó y protestó: “Eso depende de la cabeza de cada uno; nadie tiene el derecho de determinar la moral para nadie. Cada uno es responsable por sus actos”.

Estábamos hablando del sexo libre, del homosexualismo, del aborto, de las drogas, ¿entiendes? Y en ese terreno, ¿será verdad que cada uno es dueño de sus actos? ¿Qué es inmoral? ¿Quién determina los valores morales? ¿El padre, el pastor, las madres, cada uno? ¿Cómo funciona ese asunto? Con el paso del tiempo, ¿los valores morales cambian de una generación a otra, de una cultura a otra? A lo largo de la historia el hombre trató varias veces de crear una moral para sí mismo. La frase “Yo sé lo que es bueno para mí” no es de hoy. Siempre fue así. Constantemente el hombre trató de cambiar las reglas del juego, de modificar los principios del comportamiento, de crear un nuevo código moral que se adaptara a su modo de ser y pensar.

Lo trágico es que, por más que la persona trate de justificar su
comportamiento, no consigue eliminar el complejo de culpa que acompaña
, de modo casi automático, a los actos inmorales. Por más que todo el mundo diga a nuestro alrededor: “Avanza”, “Sigue adelante”, “No hay nada de malo”; por más que la persona se diga a sí misma: “Es fantástico”, “Es legal”, “Está todo correcto”; la verdad es que continúa angustiándose y sintiéndose culpable, aunque no sabe bien el porqué. Es entonces cuando aparecen los desencuentros, consigo mismo y con las personas con quienes se relaciona. La vida se complica y se transforma en una confusión.

Dios es soberano y, en la sabiduría de su amor, es él quien determina lo que es bueno y lo que es malo, lo que está correcto y lo que está incorrecto. Y lo hace por amor.

El ser humano es libre, libre para aceptar los principios morales que Dios estableció para protegerlo, o libre para rechazar esos principios. Libre para oír o dejar de oír. Libre para aceptar lo que Él determinó como correcto o para seguir su propio camino. Dios te avisa: si sigues el camino que él ha trazado, tendrás la vida; si no lo sigues, tendrás la muerte. Tú eres el que escoge. Dios no te impide que escojas el camino equivocado, pero no te permite que a ese camino lo llames el camino correcto. Las criaturas no tenemos la atribución de hacer la moral. Es Dios quien hace la moral, porque él es amor, y la moral que realmente vale es la que tiene origen en el amor.

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