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EL SEXTO MANDAMIENTO

El sexto mandamiento

No mates (Éxodo 20: 13).

ESTE MANDAMIENTO TIENE EL PROPÓSITO básico de resaltar la santidad de la vida humana y preservarla. La vida es un don de Dios, y por lo tanto debe ser cuidada y protegida. Una de las primeras reglamentaciones que tienen que ver con la preservación de la vida, la hallamos en el libro de Génesis. Es la instrucción que Dios dio a Noé, después del Diluvio: «Por cierto, de la sangre de ustedes yo habré de pedirles cuentas. A todos los animales y a todos los seres humanos les pediré cuentas de la vida de sus semejantes. Si alguien derrama la sangre de un ser humano, otro ser humano derramará la suya, porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios mismo» (Gén. 9: 5, 6).

Como la vida humana es sagrada, Dios estableció una reglamentación estricta para preservarla. El asesinato con premeditación se castigaba con la maldición y la muerte: «Maldito sea quien mate a traición a su prójimo» (Deut. 27: 24). «El que hiera a otro y lo mate será condenado a muerte» (Éxo. 21: 12). Pero no solo se sancionaba el homicidio directo, sino también el indirecto: «Si el toro tiene la costumbre de cornear, se le matará a pedradas si llega a matar a un hombre o a una mujer. Si su dueño sabía de la costumbre del toro, pero no lo mantuvo sujeto, también será condenado a muerte» (Éxo. 21: 29). Sin embargo, la defensa propia y los homicidios accidentales no se consideraban dignos de muerte. Las personas que cometían esos actos eran absueltas, y se proveía un medio para escapar de la venganza personal mediante las ciudades de refugio (Núm. 35: 25). Tampoco se condenaba a los que aplicaban la pena de muerte, ni a las personas que mataban a otras en tiempo de guerra, ya que se consideraba defensa personal. Pero se condenaba quitar la vida en las guerras de conquista. Todo era el esfuerzo divino para destacar la santidad de la vida humana, en una época de barbarie y de criminalidad.

Que Dios te bendiga,

Julio, 07 2010

HONRAR LA VEJEZ

Honrar la vejez

¿Puede acaso gobernar quien detesta la justicia? (Job 34:17).

Honrar a los padres también significa confortarlos y apoyarlos en su vejez. Los padres generalmente se sacrifican para que sus hijos puedan triunfar en la vida. Es solo un gesto de justicia elemental, no digamos de amor y cariño, que los hijos, cuando puedan, ayudar y apoyen a sus padres si están necesitados. Se nos dice: “Hijos, permitid que vuestros padres achacosos e incapaces de cuidarse a sí mismos vean sus últimos días colmados de contentamiento, paz y amor. Por amor a Cristo, mientras descienden a la tumba, reciban de vosotros tan solo palabras de bondad, amor y perdón” (El hogar cristiano, p. 330).

Obviamente, el quinto mandamiento, como todos los demás, contiene un principio que tiene muchas aplicaciones en la vida practica: “El quinto mandamiento no solo requiere que los hijos sean respetuosos, sumisos y obedientes a sus padres, sino que también los amen y sean tiernos con ellos, que alivien sus cuidados, que escuden su reputación y que les ayuden y consuelen en su vejez. También encarga sean considerados con los ministros y gobernantes, y con todo aquellos en quienes Dios ha delegado autoridad” (Patriarcas y Profetas, p. 316).

Sin embargo, todo esto no quiere decir que debemos obediencia ciega a nuestros padres o autoridades. Hay padres que merecen ser desobedecidos, ay autoridades que deben ser confrontadas. Cuando los padres y autoridades exigen de sus hijos o ciudadanos algo que está en conflicto con la ley de Dios, no deben ser obedecidos. Los que ejercen autoridad, también tienen la responsabilidad de actuar con justicia y de acuerdo a lo que Dios requiere. «Está incluido en el espíritu de este mandamiento el pensamiento de que los que gobiernan en el hogar y fuera de él debieran conducirse de tal manera que sean siempre dignos del respeto y de la obediencia de quienes dependen de ellos (Efe. 6: 4, 9; Col. 3: 21; 4: 1)» (Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 617).

Recordemos: «No hay en este mundo mejor recomendación para un hijo que el haber honrado a sus padres, ni mejor anotación en los libros del cielo que aquella donde se consigna que amó y honró a su padre y a su madre» (El hogar cristiano, p. 329).

Que Dios te bendiga,

Julio, 06 2010

RESPETO POR AMOR

Respeto por amor

Hijos, obedezcan en el Señor a sus padre, porque esto es justo (Efesios 6:1)

A causa de que el respeto a la autoridad es lo que está en la base del quinto mandamiento, no es sorprendente que la antigua ley de honrar a los padres fuese muy estricta, ya que era la base de la autoridad social. El hogar es el fundamento de la sociedad y de la nación. Lo que le pase al hogar, le pasará eventualmente a la sociedad y la nación. Cuando los hogares se destruyen, la sociedad se desmorona. Por eso las leyes complementarias del quinto mandamiento tenían penas muy severas: “Maldito sea quien deshonre a su padre o a su madre” (Deut. 27:16). “El que mate a su padre o a su madre será condenado a muerte” (Exo. 21:15). “El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte” (vers. 17). El proverbista decía: “Al que maldiga a su padre y a su madre, su lámpara se le apagará en la más densa oscuridad” (Prov. 20:20).

El quinto mandamiento ordena que honremos a nuestros padres. Pero, ¿Qué significa? Evidentemente, significa respetarlos. La ley levítica decía: “Respeten todos ustedes a su madre y a su padre” (Lev. 19:3). Lo que entraña el respeto es la obediencia. El apóstol entendió muy bien esta idea cuando dijo que los hijos debieran obedecer en el Señor a sus padres. Obediencia significa sumisión a sus instrucciones y correcciones. Por eso, el proverbista decía: “Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre. Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar” (Prov. 1:8,9). Obediencia significa disposición a seguir sus consejos y orientaciones: “Hijo Mío, obedece el mandamiento de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre” (Prov. 6:20). Meditemos en esto: “En esta era de rebelión, los hijos no han recibido la debida instrucción y disciplina y tienen poca conciencia de sus obligaciones hacia sus padres. Sucede a menudo que cuanto más hacen sus padres por ellos, tanto más ingratos son, menos los respetan” (El hogar cristiano, p. 266).

Que Dios te bendiga,

Julio, 05 2010

MANDAMIENTO CON PROMESA

El quinto mandamiento

«”Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” —le respondió Jesús.— Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas » (Mateo 22: 37-40).

CON EL QUINTO MANDAMIENTO ENTRAMOS a lo que se llama comúnmente la segunda tabla de la ley. La primera nos habla de nuestro deber para con Dios; la segunda, de nuestro deber hacia nuestros prójimos. Por eso el mandamiento más grande de la ley es amar al Señor nuestro Dios con todo el corazón y la mente. Si lo amamos, no tendremos problemas para obedecer los mandamientos de la primera tabla.
El segundo mandamiento más importante es amar al prójimo como a uno mismo. Si lo hacemos, no tendremos problemas con los mandamientos que rigen nuestra conducta social y que son los que están en la segunda tabla.
Los prójimos más cercanos que tenemos son nuestros padres. Ya dijimos que durante los primeros años del niño, los padres están en lugar de Dios. De allí que la desobediencia y falta de respeto a los padres equivale a desobediencia y falta de respeto para Dios. Notemos: «Se debe a los padres mayor grado de amor y respeto que a ninguna otra persona. Dios mismo, que les impuso la responsabilidad de guiar las almas puestas bajo su cuidado, ordenó que durante los primeros años de la vida, los padres estén en lugar de Dios respecto de sus hijos. El que desecha la legítima autoridad de sus padres, desecha la autoridad de Dios» (El hogar cristiano, p, 265).
En la base de este mandamiento, está el respeto a la autoridad. El hombre fue creado para vivir en sociedad. No se puede vivir en sociedad si no hay autoridad y orden. La forma más sencilla de sociedad es el hogar. La forma más simple de autoridad son los padres. Cuando los hijos son educados para honrar a sus padres, van a honrar cualquiera otra autoridad: Las del estado, las de la iglesia, las de la escuela.

Que Dios te bendiga,

Julio, 03 2010

Mandamiento con promesa

Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios (Éxodo 20: 12).

TODOS LOS MANDAMIENTOS TIENEN PROMESAS implícitas en ellos. La obediencia a los mandamientos trae dicha y felicidad, ya que nos libra del mal que se prohíbe. Pero el quinto mandamiento es el único cuya promesa está expresada en el texto. Por eso, el apóstol Pablo escribió: «Honra a tu padre y a tu madre —que es el primer mandamiento con promesa— para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra» (Efe. 6: 2, 3). En un pasaje paralelo al anterior, el mismo apóstol dijo: «Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor» (Col. 3: 20). ¿Por qué será que la honra y el respeto a nuestros padres agrada al Señor? El texto no lo dice, pero sospechamos la respuesta.
La primera autoridad que una persona normalmente conoce son sus padres. Si el niño no aprende a obedecer a sus padres, difícilmente va a obedecer otra autoridad en la vida. Lo más trágico de todo es que Dios está representado por los padres, y cuando no se aprende a obedecer a los padres no se aprenderá a obedecer a Dios.
En la vida vamos a encontrar muchas fuentes de autoridad. A la de los padres, siguen los maestros de la escuela primaria, y de allí hasta la universidad. También están los que son mayores que nosotros, a quienes también se les debe respeto, especialmente a los ancianos. Luego están las autoridades instituidas en la vida social, desde los policías hasta el Presidente de la República. Siempre vamos a tener una autoridad que se merece respeto y obediencia.
Si el niño no aprendió a obedecer a sus padres, tendrá serias dificultades con sus maestros y con toda otra autoridad. La obediencia a nuestros padres es la guía y clave de toda otra obediencia. Por eso Dios se agrada de que obedezcamos a nuestros padres y que se le enseñe al niño a hacerlo.

Que Dios te bendiga,

Julio, 04 2010

HAMBRE EN LA TIERRA

HAMBRE EN LA TIERRA

CUANDO LA CRISIS LLEGA AL HOGAR

Texto: Génesis 12: 10-20

Introducción

Esta es la historia que muestra la dimensión en la que familia puede ser afectada por las crisis y como se debe responder a cada una de ellas. En primera instancia, se refiere al impacto de una crisis externa, ajena a la voluntad de los integrantes de la familia y luego, se refiere a una crisis interna, provocada por la falta de integridad de uno de los conyuges; poniendo en riesgo la estabilidad familiar.

Este sermón, basado en la experiencia de Abraham en Egipto, muestra también como interviene Dios para solucionar las crisis que afectan la familia y destaca los métodos que el utiliza para actuar cuando el hombre ya no tiene nada que hacer.

I. CUANDO EL HOGAR SE ENFRENTA UNA CRISIS ECONOMICA

Abraham, se ve expuesto a una crisis ajena a su voluntad. Le toca enfrentar un problema de subsistencia. Lo hace tomando decisiones drásticas, que seguramente le resultaron difíciles.

Dice el texto: “Hubo hambre en la tierra y descendió Abraham a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.” (Gen 12:10).

El hambre no ha sido ni es una situación extraña para los pueblos. En muchos casos las crisis no son necesariamente resultado o consecuencia de la conducta de los hombres, son propias de las circunstancias. Lo extraordinario del relato, surge al contestar la primera pregunta planteada: ¿En qué tierra hubo hambre?

1. ¿Es posible que haya hambre en la tierra prometida?

Al revisar la historia, se desprende que donde hubo hambre no podría haber sido Egipto, porque justamente Abraham se dirige a esa gran nación, bañada por el inagotable rio Nilo, para solucionar su problema de hambre. ¿A qué tierra se refiere entonces? ¿Nos animaríamos a decir que se refiere a la tierra de Canaán…? ¡Por favor! No puede haber hambre en la tierra de Canaán. ¿Cómo puede alguien siquiera pensar que pudiera haber hambre en la tierra prometida, en la tierra que fluía leche y miel? Es difícil creer que Dios sacara a Abraham de una civilización tan avanzada y llena de abundancia como era Ur de los Caldeos, para llevarlo a la tierra de Canaán, justamente para pasar hambre.

Entonces, ¿Dónde hubo hambre? La respuesta no puede esperar más. Si, efectivamente, hubo hambre en Canaán, la tierra prometida. Así lo confirma la ultima parte del versículo 5: “y salieron para ir a la tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.”

Aquí hay un mensaje para nosotros hoy: ¡puede haber hambre en la tierra prometida! Eso significa que como familias cristianas no estamos exentas de problemas o crisis; aun cuando estemos en el camino de Dios. Recordemos que hubo una terrible tormenta en el mar de Galilea aun cuando Cristo estaba dentro de la barca. Lázaro murió aun siendo el mejor amigo de Cristo. El hecho es que Dios nunca prometió que no tendríamos problemas ni crisis. Lo que si prometió es que él estaría muy cerca de sus hijos en los tiempos de crisis, para sostenerlos. “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tu estarás conmigo… (Sal 23:4).

Tal vez la crisis financiera este afectando tu hogar y estés pasando “hambre” y te preguntes ¿Cómo es posible que sucedan estas pruebas justamente cuando estoy tan cerca de Dios? Recuerda, puede sobrevenir hambre aun en la tierra prometida, no obstante, en ese momento, Dios estará más cerca de ti; y que detrás de cada prueba hay una gran oportunidad como lo muestra la siguiente sección que se plantea con esta pregunta:

2. ¿Por qué permitió Dios que hubiera hambre en la tierra prometida?

La respuesta no es fácil de contestar; sin embargo Elena de White aclara: “En su providencia, el Señor proporcionó esta prueba a Abraham para ensenarle lecciones de sumisión, paciencia y fe, lecciones que había de conservarse por escrito para beneficio de todos los que posteriormente iban a ser llamados a soportar aflicciones.” (pp 122). Efectivamente, Dios estaba preparando a Abraham para cumplir otras misiones tan importantes como esta y también enseñándonos algunas lecciones a nosotros.

Por ejemplo, podemos deducir que Dios quería evangelizar Egipto. Para esto escogió a sus mejores evangelistas para alcanzar esa gran nación. Sin embargo, la oportunidad de conquistar Egipto tuvo que postergarse por una simple mentira que sin duda arruino su testimonio.

A veces no sabemos ciertamente por que estamos en el lugar donde nos encontramos. A algunos les ha tocado vivir en una zona o país difícil. Otros están estudiando en un centro no cristiano y se ven expuestos a diversas pruebas; pero Dios tiene un propósito importante detrás de cada acontecimiento de nuestras vidas; y a la vez nos ha encargado una tare a que solo nos corresponde realizar a nosotros. Los ángeles quisieran hacerlo, pero ese privilegio es nuestro.

La manera como la familia enfrenta la crisis económica es una poderosa influencia a favor del bien, cuando es hecha con honestidad, con integridad y sobre todo con fidelidad a Dios. Es precisamente cuando llegan las dificultades económicas, cuando las familias son tentadas a soltarse de la mano de Dios y perder su honestidad y fidelidad a él.

Hay una promesa maravillosa en la Biblia: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado ni a sus hijos mendigar el pan.” Salmo 37:2. Dios nunca desampara a sus hijos s que practican la justicia; al contrario, las pruebas nos preparan para enfrentar otros grandes desafíos.

II. CUANDO EL HOGAR ENFRENTA UNA CRISIS MORAL

Esta segunda sección se concentra en una crisis interna del hogar, provocada por la actitud de uno de los integrantes de la familia, tal como lo presenta el relato Bíblico.

“y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios dirán su mujer es; y me mataran a mí, y a ti te reservaran la vida. Di pues que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.” (Gen 12:11-13).

Extrañamente Abraham reconoce la belleza de su mujer recién al entrar a Egipto. ”He aquí ahora conozco que eres mujer hermosa”. Este repentino reconocimiento se puede entender al comparar la belleza de su esposa con la de las mujeres egipcias. Es positivo el reconocimiento de las virtudes del l cónyuge; sin embargo, se puede enfatizar que el reconocimiento debe ser una costumbre que acompañe toda la vida matrimonial y no debe limitarse al momento del enamoramiento y noviazgo.

1. La falta de integridad en el padre de la fe

Según el relato, Abraham, justamente a causa de la belleza de su esposa, comienza a temer por su propia vida, y por ese motivo propone una salida aparentemente inteligente: “Di pues que eres mi hermana…” en verdad eran medios hermanos, pero también eran más que eso: eran esposos. Una media verdad que atenta contra la integridad y se convierte en una gran mentira que Dios nunca aprobó. En el mundo en que vivimos, las personas valoran cada vez menos la honradez, la veracidad y la integridad. Vivimos en una cultura cada vez más inmoral, la cual a veces alcanza la propia iglesia.

2. Dios no aprueba la falta de integridad

Abraham nunca se imagino lo que podría suceder por causa de una mentira aparentemente intrascendente. La gente denomina a estas pequeñas mentiras como “blancas”, todas ellas “inofensivas”. Sin embargo, “Ningún desvío de la estricta integridad puede merecer la aprobación de Dios.” (PP 123).

El problema comenzó cuando “los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera, pero también la vieron los de la casa de Faraón”, y Abraham jamás aclaro que ella era realmente su esposa. Por causa de ello, no mucho después, los emisarios de faraón aparecieron frente a su casa, cargados de presentes, para convertir a la “hermana” de Abraham en la esposa del Faraón. Así, Abraham tendría ahora el “privilegio” de ser el cuñado del hombre más importante de la tierra. Allí comenzó esta segunda crisis.

3. La falta de integridad afecta a toda la familia

Que momentos más desdichados sucedieron a la partida de su mujer, y tan solo porque Abraham no fue firme en salvaguardar o defender su hogar y por no ser integro.

Imaginémonos la escena: Sarai se va alejando de casa, trasladada en la limosina egipcia (un carruaje). Abraham acompaña impotente la escena. Es demasiado tarde para decir la verdad. Ahora su esposa se pierde en el horizonte, y lo más descorazonador es que no se trata de un viaje de vacaciones sino la partida irremisible del hogar. La más fría soledad ahora le congelaba los huesos. Su amada esposa, la que acompañó sus mejores años, se dirige hacia los brazos de Faraón, y todo por una simple mentira. Esa noche y las siguientes su tristeza es indescriptible. Allí estaba su lecho vacio. La ropa, el aroma de su esposa y todos los recuerdos hermosos de su compañera le producían una aflicción indescriptible.

Algunas veces, aspectos que se consideran intrascendentes pueden destruir la felicidad conyugal. Hechos que demuestran desconfianza en los principios y normas que rigen la vida matrimonial: pornografía, familiaridades con el sexo opuesto, consumo de cigarro y participación en actividades ilícitas; tarde o temprano ocasionaran crisis y dolor a la familia.

¿Por qué no les dije que era mi esposa? Esa pregunta tardía no contribuía a calmar su desazón. ¿Por qué desconfié de Dios? En fin, el me habría protegido de todas formas… “Al ocultar el hecho de que Sara era su esposa, revelo desconfianza en el amparo divino” (PP 123). He ahí la causa del problema.

En el caso de Abraham, el problema se hizo irremediable. Desde el punto de vista humano, recuperar a su esposa era una misión imposible, pero: “La imposibilidad del hombre es la gran oportunidad de Dios.”.

4. Dios interviene oportunamente.

Felizmente la historia no termina allí. El versículo 17 muestra la intervención de Dios en los asuntos del hombre, para devolver la alegría a su corazón desesperado: “Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abraham.” (Gen 12:17). ¿No es fantástico notar que Dios irrumpa en la vida de los hombres para arreglar sus problemas, justamente cuando todo esta arruinado, destruido o devastado, aunque sea con plagas?

Los métodos de Dios son diferentes a los que usaríamos: ¡plagas! Imagínese: están a punto de celebrar la luna de miel. El Faraón se prepara para “conocer” a su nueva esposa, aquella que se asomaba a la gran colección. Sin embargo, esa noche cae sobre ellos una plaga de piojos…, luego una plaga de llagas o pulgas… esto lo obliga a preguntar: ¿Por qué desde tu llagada al palacio, están viniendo estas plagas? “Ah, el hombre que tú dices que es mi hermano, no es solo mi hermano sino también mi marido…” “¡Hum, con que eso es…!”

Las terribles plagas coadyuvan a que se conozca la verdad y ahora, el padre de la fe tiene que comparecer ante la presencia de Faraón. “¿Por qué me has hecho esto?”, le pregunta, “¿Por qué no me declaraste que era tu mujer…, poniéndome en ocasión de tomarla por mujer? Luego de la sentencia: Ahora pues, he aquí tu mujer, tómala y vete”. (Gen 12:18,19).

5. Dios busca restablecer la integridad familiar

Aunque Abraham tiene que irse de Egipto y recibir las muestras de indignación del Faraón, lo hace junto a su amada esposa. La falta de fe de Abraham puso a Sara en serio peligro, pero el Señor en su gran misericordia salvaguardo la familia del patriarca. Esto muestra que Dios está interesado en salvar el hogar y que su plan es que los hogares no se disuelvan ni terminen en el divorcio.

Conclusión

Puede haber hambre en la tierra prometida; sin embargo, detrás de cada prueba hay un plan de Dios para beneficio nuestro y el de nuestra familia. Dios no nos probara mas allá de lo que nosotros podamos resistir. “No nos ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” (1 Cor 10:13).

Mucha gente, por su indiferencia y falta de integridad echa a perder el plan de Dios tiene para su vida, y se expone al dolor y la crisis familiar.

Miles han destruido su felicidad por pequeñas faltas, que al no ser arregladas han minado el amor conyugal, llegando al punto de reconocer que de aquel amor manifestado en la juventud no queda nada. Felizmente para Dios no hay nada imposible. Si se lo permitimos, si clamamos, el interviene, a su modo, y recompone lo que hemos destruido con nuestras propias manos. Eso sí, los métodos de Dios a veces son drásticos, pero tienen la única finalidad de restablecer la felicidad conyugal.

Apelación

¿Sientes que de algún modo tú has echado a perder el plan de Dios para tu vida?

¿Sientes que has destruido la armonía conyugal y necesitas la intervención sobrenatural de Dios ahora?

Este es el momento de pedir que Dios intervenga y reconstruya lo que nosotros hemos destruido. El es especialista en casos imposibles, ven y pide un milagro.

Dios te bendiga

Oramos por ti

DIA GLORIOSO

Día glorioso

Si llamas al sábado «delicia», y al día santo del Señor, «honorable»; si te abstienes de profanarlo, y lo honras no haciendo negocios (Isaías S8: 13).

EN ESTE PASAJE VEMOS CON CLARIDAD cómo debemos considerar el día de reposo que Dios nos dio. Nos dice que el sábado debe ser honrado Oirás versiones traducen “venerar”. ¿Qué significa “venerar” algo? Es tratarlo con profundo respeto. El día de reposo merece nuestro respeto, no porque sea un día que tenga elementos mágicos, sino porque fue dado por Dios, quien merece todo nuestro respeto y veneración. Deshonramos al Dios del sábado cuando no lo observamos cómo él quiere.
El pasaje añade que el sábado debe ser una “delicia”. ¿Qué es una “delicia”? Es algo que nos trae felicidad y que nos gusta mucho, algo que nos causa un intenso placer. El sábado nos trae una inmensa dicha cuando lo vemos como la oportunidad para estar en comunión con Dios, para compartir tiempo y amistad con otros, y para gozamos con el compañerismo de la familia. Si el sábado no nos trae esa profunda alegría, no hemos experimentado su significado. Notemos: «El amor de Dios ha puesto un límite a las exigencias del trabajo. En su día reserva a la familia la oportunidad de tener comunión con él, con la naturaleza y con sus prójimos» (La educación, p. 245)
«El sábado y la familia fueron instituidos en el Edén y en el propósito de Dios están indisolublemente unidos. En ese día. Más que en cualquier otro nos es posible vivir la vida del Edén.
También nos dice que el sábado debe ser un día honorable. Otras versiones traducen esta palabra como “glorioso” ¿Qué es algo “glorioso”? Es lo que se considera que tiene gran prestigio y mucho aprecio, que es digno de honor y alabanza Por eso: «Necesitamos cultivar un espíritu de verdadero culto, un espíritu de devoción hacia el santo día de Dios. Debemos congregamos todos confiando en que recibiremos consuelo y esperanza, luz y paz del Señor Jesucristo* (La fe por la cual vivo. p. 37).

Que Dios te bendiga,

Julio, 01 2010

DIA SIN AFANES

Día sin afanes

Cómanlo hoy sábado —les dijo Moisés—, que es el día de reposo consagrado al Señor. Hoy no encontrarán nada en el campo. Deben recogerlo durante seis días, porque el día séptimo, que es sábado, no encontrarán nada (Éxodo 16:25, 26).

PARA PODER DESCANSAR EL SÁBADO como Dios quiere, tenemos que hacer preparativos previos, durante toda la semana. Dios designó el viernes como “el día de preparación”. En la historia de la caída del maná, había una lección de previsión: «Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Voy a hacer que les llueva pan del cielo. El pueblo deberá salir todos los días a recoger su ración diaria. Voy a ponerlos a prueba, para ver si cumplen o no mis instrucciones. El día sexto recogerán una doble porción, y todo esto lo dejarán preparado”» (Éxo. 16:4,5). Esta provisión del maná en viernes, implicaba además dejarlo preparado para que el sábado nadie se afanara por la comida: «Es­to es lo que el Señor ha ordenado —les contestó—. Mañana sábado es día de reposo consagrado al Señor. Así que cuezan lo que tengan que cocer, y hiervan lo que tengan que hervir. Lo que sobre, apártenlo y guárdenlo para mañana» (vers. 23). Lo que sobraba debía estar preparado también, pues no de­bían cocinar en sábado.
Hasta el tiempo del Nuevo Testamento seguía la costumbre de llamar al viernes “día de preparación”. Fue en ese día que las mujeres prepararon los ungüentos para ungir el cuerpo de Jesús: «Era el día de preparación para el sá­bado, que estaba a punto de comenzar. Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea, siguieron a José para ver el sepulcro y cómo colocaban el cuerpo. Luego volvieron a casa y prepararon especias aromáticas y perfumes. Entonces descansaron el sábado, conforme al mandamiento» (Luc. 23: 54-56).
Una cosa es cierta: Si no hacemos los preparativos el viernes como Dios lo estipuló, no podremos guardar el sábado conforme al mandamiento. La preparación es crucial para que el sábado pueda ser santificado. De otro modo, el sábado traerá sus afanes y tareas como todos los otros días. Dios nos ayude para que no sea así en nuestro hogar.

Día de delicia y paz

El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado (Marcos 2:27).

EL SÁBADO bíblico es un período de 24 horas que comienza a la puesta del sol del viernes y concluye a la misma hora el sábado (Lev. 23: 32). Pero es obvio que no todo el que dice guardar el sábado, lo hace como Dios quiere que se haga. La correcta observancia del sábado implica cosas que no y si se deben hacer.
El profeta Isaías expresó así lo que no se debe hacer: «Si dejas de profa­nar el sábado, y no haces negocios en mi día santo; si llamas al sábado “delicia”, y al día santo del Señor, “honorable”; si te abstienes de profanarlo, y lo honras no haciendo negocios ni profiriendo palabras inútiles» (Isa. 58: 13). De acuerdo a este pasaje, no se deben hacer negocios, no debe uno estar triste o aquejumbrado, ni debemos hablar cosas que estén en conflicto con el espíritu de sábado. Hay quienes no trabajan en sábado, pero hacen negocios por teléfono, por Internet, o simplemente hacen planes de realizarlos al día siguiente. Hay quienes no hicieron ningún preparativo y tienen que ir a comprar lo necesario en el día del Señor. La Biblia establece los principios gene­rales de lo que significa consagrar el sábado, y no da mayores detalles respecto a su observancia. En último análisis, solo hay dos cosas que están prohibidas: Ganancia material y placer mundanal. Lo que no esté cubierto por esto, es lícito hacerlo.
Hay personas que siempre se van a los extremos; y no hay diferencia respecto de la observancia del sábado. Dicen que uno no se debe bañar en sábado, que los hombres no deben de afeitarse, que no se deben comprar medicamentos para aliviar el dolor o la enfermedad, que hay que soportar el sufrimiento hasta que pase el sábado, que no es bueno caminar en sábado o hacer algún tipo de ejercicio físico, etcétera. Dios no nos dio el sábado como una carga, sino para que sea un día de delicia y paz.

Que Dios te bendiga,

Junio, 30 2010

DIA DE REPOSO

Día de reposo

Será para ustedes un día de completo reposo (Deuteronomio 16: 31).

SI LA OBSERVANCIA DEL SÁBADO es tan importante para nuestra santificación y nuestro bienestar espiritual, entonces necesitamos saber cómo guardarlo correctamente. El mandamiento, tal como se expresa en el capítulo veinte de Éxodo y en el capítulo cinco de Deuteronomio, no entra en detalles en relación con la manera de guardarlo, pero sí establece el principio general del cual se pueden extraer las especificaciones.
Para que el sábado pueda ser una bendición, es necesario que hagamos dos cosas, seguir el modelo divino: Primero, santificarlo; segundo, descansar en él. Ya sabe lo que significa santificarlo: Ponerlo aparte, consagrarlo para Dios. Luego viene el reposo y descanso en él. En ese orden se presentan esos dos elementos en el texto del mandamiento: «Acuérdate del sábado, para consagrarlo [...]. No hagas en ese día ningún trabajo» (Éxo. 20: 8-10). En realidad, ambas cosas están íntimamente relacionadas. No se puede santificar el día sin reposar en él; ni es de valor reposar en él, sin santificarlo. Así que para guardar el sábado correctamente y en armonía con la voluntad de Dios, debemos hacer ambas cosas.
En lo que se refiere al descanso en este día, el mandamiento establece el principio fundamental: El Señor quiere que cesemos de nuestro trabajo diario. Si continuamos con nuestro trabajo y quehaceres, no vamos a tener tiempo para lo que Dios quiere que hagamos. El Señor quiere que extendamos esta bendición del descanso a nuestros empleados, si tenemos, y a los miembros de nuestra familia, y a los que estén en nuestra casa. Es interesante que Dios se preocupa aun de los animales: «Ni tu buey, ni tu burro, ni ninguno de tus animales» (Deut. 5: 14). Los animales no pueden santificar el día, pero pueden descansar. En las sociedades antiguas, los animales trabajaban mucho. El sá­bado traía descanso para ellos también. Cuan amoroso es el Señor.

Día de abundancia

Comieron los israelitas maná cuarenta años, hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán, que fue su país de residencia (Éxodo 16: 35).

EN EL MUNDO ANTIGUO, y en el no tan antiguo, la obtención de ali­mentos y su preparación consumía mucho tiempo. Alguien podría pensar que, puesto que se trata de una necesidad tan básica como la de alimentarse, el mandamiento obviaría a quienes se ocuparan de estos menesteres. Pero no es así. Justamente porque se requería mucho tiempo para con­seguir y preparar la comida, era necesario hacerlo con anticipación para que no se hicieran en el sábado. Por eso, en las leyes complementarias del cuarto mandamiento, se ordenaba: «En sábado no se encenderá ningún fuego en ninguna de sus casas» (Éxo. 35: 3). Encender fuego involucraba un trabajo excepcional: Había que ir a recoger la leña, que no estaba cerca en la mayoría de los casos, preparar el fogón y atizar la lumbre. Pero la expresión «encender fue­go», no se refería solo al fuego en sí, sino a la preparación y elaboración de la comida del día. Este era el trabajo que competía casi exclusivamente a las mu­jeres. Dios también quería que las mujeres guardaran el sábado, por eso reque­ría que los alimentos se prepararan de antemano.
Durante cuarenta años, el Señor les dio una lección a los israelitas de lo que él quería decir con descansar el sábado, en lo que se refería a los alimentos. El maná no cayó en sábado durante todas sus peregrinaciones, mientras que el viernes caía suficiente para que todos pudieran recoger una doble porción. Además, si recogían una doble porción entre semana, se les echaba a perder para el día siguiente, mientras que lo que recogían el viernes, no se echaba a perder. Estos milagros semanales les deben haber servido a los israelitas para entender lo que Dios quería que se hiciera en el sábado. Él no quiere que perdamos el alimento espiritual por pensar en las cosas materiales.

Que Dios te bendiga,

Junio, 28 2010

DIA DE REDENCION

Día de redención

José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en un sepulcro nuevo de su propiedad que había cavado en la roca (Mateo 27: 59, 60).

CUANDO DIOS SE PROPUSO REDIMIR a su pueblo de la esclavitud, le recordó que debía guardar el sábado. Hoy el Señor hace lo mismo, nos redime del pecado. La razón es que el sábado nos vincula con él en forma muy íntima, de modo que se cumple su deseo de comunión con nosotros.
Resulta interesante que cuando Cristo concluyó su obra redentora, mu­riendo en la cruz el viernes por la tarde, descansó en el sepulcro de José de Arimatea durante las horas del sábado. El Redentor descansó de su obra de redención. A los cristianos, el sábado también nos recuerda la redención lograda por la muerte de Cristo. En este sentido extendido, el sábado se vincula con el tema de la redención.
A los hijos de Israel se les pidió que guardaran el sábado en memoria de su liberación de la esclavitud; ahora se nos pide que lo hagamos en memoria de la redención del pecado. El sábado es también un recordatorio de la redención.
Meditemos en estas palabras: «Al principio, el Padre y el Hijo habían descansado el sábado después de su obra de creación [...]. Ahora Jesús descansaba de la obra de la redención; y aunque había pesar entre aquellos que le amaban en la tierra, había gozo en el cielo. La promesa de lo futuro era gloriosa a los ojos de los seres celestiales. Una creación restaurada, una raza redimida, que por haber vencido el pecado, nunca más podría caer, era lo que Dios y los ángeles veían como resultado de la obra concluida por Cristo. Con esta escena está para siempre vinculado el día en que Cristo descansó [...]. Cuando se produzca “la restauración de todas las cosas, de la cual habló Dios por boca de sus santos profetas, que ha habido desde la antigüedad”, el sábado de la creación, el día en que Cristo descansó en la tumba de José, será todavía un día de reposo y regocijo» (El Deseado de todas las gentes, p. 714).

Que Dios te bendiga,

Junio, 25 2010

Día de regocijo eterno

¡No hagan daño ni a la tierra, ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente de los siervos de nuestro Dios! (Apocalipsis 7: 3).

EN LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA HISTORIA de la Tierra, habrá una gran crisis para el pueblo de Dios. Esta crisis llevará a los fieles seguidores del Señor al límite de su capacidad de resistir. El libro de Apocalipsis nos dice que habrá una lucha universal de la Bestia y su imagen contra Cristo y su pueblo. En el capítulo 13 de este libro, se menciona que el Dragón, a través de la Bestia y su imagen, promoverá la adoración de la Bestia y sus seguidores, lo que llevará al establecimiento de una marca que sirva para distinguir entre los que adoran a la Bestia y los que se nieguen a hacerlo: «Además logró que a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiera una marca en la mano derecha o en la frente, de modo que nadie pudiera comprar ni vender, a menos que llevara la marca, que es el nombre de la bestia o el número de ese nombre» (Apoc. 13: 16, 17). Esta marca constituirá la señal de lealtad y sumisión a la Bestia.
En contraste, el mismo libro nos dice que los que se mantengan fieles a Dios en medio de esta crisis de lealtades, recibirán también una marca que se llama el sello de Dios. La crisis de los últimos días será una crisis de lealtad y fidelidad. El Apocalipsis nos deja intuir que la crisis final involucrará, de alguna manera, la observancia de los mandamientos de Dios: «¡En esto consiste la perseverancia de los santos, los cuales obedecen los mandamien­tos de Dios y se mantienen fieles a Jesús!» «Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra el resto de sus descendientes, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles al testi­monio de Jesús» (Apoc. 14: 12; 12: 17). Ser fieles a Dios ahora, es vital para pre­pararnos para esa crisis colosal.
Pero luego de esta crisis, vendrá el reino con sus sábados de regocijo eterno: «Y de mes en mes, y de un sábado a otro, toda la humanidad vendrá a postrarse ante mí —dice el Señor—» (Isaías 66: 23).

Que Dios te bendiga,

Junio, 26 2010

DIA DE LIBERACION

Día de liberación

Recuerda que fuiste esclavo en Egipto; cumple, pues, fielmente estos preceptos (Deuteronomio 16: 12).

EL SÁBADO NOS RECUERDA a Dios como Creador, y es el recordatorio de la creación por excelencia. Esto se debe a que se da en referencia al fin de la creación. No solo el capítulo dos de Génesis, sino también el capítulo veinte de Éxodo señalan en esta dirección.
Tenemos, sin embargo, otro énfasis en relación con el cuarto mandamiento que lo hallamos en el libro de Deuteronomio. Allí, como sabemos, se repiten los Diez Mandamientos dados por Dios a Moisés. Notemos lo que dice el cuarto: «Observa el día sábado, y conságraselo al Señor tu Dios, tal como él te lo ha or­denado. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero observa el séptimo día como día de reposo para honrar al Señor tu Dios [...]. De ese modo podrán descansar tu esclavo y tu esclava, lo mismo que tú. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí con gran despliegue de fuerza y de poder. Por eso el Señor tu Dios te manda observar el día sábado» (Deut. 5: 12-15).
La fraseología del cuarto mandamiento que hayamos aquí resulta interesante, porque en lugar de aludir al poder creador de Dios como razón para su observancia, se da otra causa: Que Dios sacó a su pueblo de la esclavitud egipcia. Ya no se enfatiza que Dios es Creador, sino que es Redentor. La reden­ción recibe el énfasis en esta forma de enunciar el cuarto mandamiento de la ley de Dios.
De allí podemos concluir que el sábado no solo nos recuerda a un Creador, sino que nos habla también de un Redentor. La pregunta que inmediatamente surge en nuestras mentes es: ¿Por qué el sábado nos habla de redención? Esto lo consideraré mañana.

Que Dios te bendiga,

Junio, 23 2010

Día de liberación II

¡Haraganes, haraganes! —Exclamó el faraón—. ¡Eso es lo que son! Por eso andan diciendo: «Déjanos ir a ofrecerle sacrificios al Señor» (Éxodo 5: 17).

AYER LE PREGUNTE SOBRE ESTE NUEVO elemento redentor que apa­rece en la repetición de la ley en Deuteronomio: «Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí con gran despliegue de fuerza y de poder. Por eso el Señor tu Dios te manda observar el día sábado» (Deut. 5: 15).
Lo que más resalta en este pasaje es que Dios apela a la obediencia del cuarto mandamiento desde su condición de Señor compasivo, que ama y cuida a su pueblo, y que se preocupó de la situación triste en la que se encontraban cuando eran esclavos en Egipto. Les dice que deben corresponder a este amor con obediencia. Les pide que sean obedientes como expresión de gratitud por lo que hizo por ellos. Es decir, que su obediencia debe nacer del amor que tienen para él, que los amó primero.
Sin embargo, hay otros elementos que se vinculan con la liberación de la esclavitud egipcia, y que tienen que ver directamente con la observancia del sábado. Hay cierta evidencia que cuando Moisés llegó a Egipto desde Madián, enviado por Dios para libertar al pueblo, les señaló la necesidad de cumplir con la orden divina de observar el sábado; cosa que, aparentemente, por lo menos algunos israelitas comenzaron a observar. Esta es la razón por la que el faraón, en dos ocasiones, los acusó de estar ociosos: «Pero sigan exigiéndoles la misma cantidad de ladrillos que han estado haciendo. ¡No les reduzcan la cuota! Son unos holgazanes» (Éxo. 5: 8). Poco después, al inicio de su viaje, cuando Dios les comenzó a proveer de maná, se les recordó la necesidad de guardar el sábado (Éxo. 16:29, 30). Por lo tanto, los israelitas sabían que en­traron en conflicto con sus opresores por guardar el séptimo día, por eso Dios los liberó. No deben ahora, que gozan de libertad, hacer menos. El Dios al que sirven es el Redentor del mundo.

Que Dios te bendiga,

Junio, 24 2010

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