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Cristianos apasionados

Cristianos apasionados

Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos. 2 Corintios 12:15

Estas son palabras del hombre más apasionado por la predicación del evangelio. Son del más grande evangelista y tierno pastor, el gran apóstol Pablo. Tal pensamiento tiene una cierta semejanza con las siguientes palabras, escritas por un discípulo de Karí Marx:
«El hombre revolucionario es un hombre consagrado. No tiene intereses personales, no tiene preocupaciones personales, no tiene sentimientos personales. No está atado a nada. No tiene ninguna propiedad. Ni siquiera tiene un nombre. Todo su ser está absorbido por un único y exclusivo interés, por un único y exclusivo pensamiento, por una pasión dominante: Revolución».
Aunque los motivos y objetivos estaban equivocados, propuso correctamente el sentir del verdadero compromiso, el tipo de compromiso necesario para alcanzar los objetivos de la iglesia. Si de verdad vale la pena creer este mensaje, entonces vale la pena creerlo heroica y apasionadamente.
Jesús afirmó: «Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta lo último de la tierra» (Hech, 1: 8). Tales palabras deberían despertar una pasión en la mente y el corazón de los cristianos. Tomadas seriamente son una declaración de guerra. Constituyen un llamamiento para cada creyente, para cada pecador perdonado. Son un llamamiento a la acción heroica.
Los apóstoles siempre estuvieron apasionados por Cristo. Observa el valor, la valentía, la pasión de Pedro el día de Pentecostés. Observa a Esteban durante su martirio. Ni siquiera las piedras pudieron apagar el fuego que ardía en su corazón. En su corazón ardía el fuego de la predicación de Cristo. Contempla a Pablo ante Félix: «Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó» (Hech. 24: 25). Ellos promovían fervientemente su fe. Fueron un ejército de apasionados creyentes que pusieron el mundo del revés.
Debemos estar en este mundo con un solo propósito: Ser personas de una sola cosa, preocuparnos por una sola cosa, vivir por una sola cosa: Complacer el corazón de Dios.
Sea nuestro el sentir de Cristo Jesús: «Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis […]. Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra» (Juan 4: 32,34).

Que Dios te bendiga,

Julio 30 2009

¡Cristo viene pronto!

Si tienes un pedido de oración envíalo a cieloestrellaazul@hotmail.com
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