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la conducta del cristiano

La conducta del cristiano

Y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios. 1 Pedro 1:21

Es muy fácil que el cristiano, en su afán de servir a Dios, caiga en la trampa de convertir su andar con Dios en una lista de tareas y deberes. Es decir, que trate de salvarse por las obras, en lugar de obedecer a Dios porque ya nos ha salvado del pecado y de la condenación por el pecado.
Es muy fácil cambiar el compañerismo gozoso, feliz y emocionante de la verdadera vida cristiana por una relación aburrida, sin encanto, en la que se cumplen las órdenes divinas más por temor que por placer. La conducta cristiana es importante. Debemos ser fieles y obedientes, pero siempre existe el peligro de olvidar que Dios no es un amo exigente, sino un Padre amante y comprensivo. Nuestra relación con Dios no debe ser de obediencia rígida, sino de amante entrega. El amor nos impulsa a servirle con gozo; pero el temor nos induce a obedecerle con miedo.
Me gustaría pensar que el cristiano no recibe órdenes de Dios, sino que obedece los impulsos de su corazón amante, porque Dios ya escribió su ley de amor en las tablas de carne de su corazón. Eso, creo yo, es la verdadera obediencia. Cualquier otro motivo queda descalificado. No es posible enfatizar demasiado este principio: El cristiano sirve a Dios, lo obedece, sigue una conducta intachable y sueña con la perfección, porque el amor de Cristo lo constriñe a hacer eso.
Existe una falsa concepción del temor de Dios. El verdadero temor de Dios surge cuando se lo conoce como el Dios que ama incondicionalmente, que está dispuesto a dar, con Jesús, todas las demás cosas. Cuando conocemos a Dios así, se despierta un espíritu de adoración, respeto y amor, un deseo libre de temor por hacer lo que es correcto, por servirlo y complacerlo en todo y de dar gloria a su nombre.
Pedro descubrió que el amor de Dios y el perdón sirven como motivación para cumplir la ley de Dios. Él dice: «Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais. Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir […] con la sangre preciosa de Cristo» (1 Ped. 1:14,18,19). La clave para saber cómo conducirse uno mismo está en descubrir lo que Pedro descubrió, y recordar «que la esperanza y la fe están fundadas en Dios».
Que tu vida esté respaldada por esas palabras. Que tu conducta refleje hoy el amor de Cristo escrito en las tablas de tu corazón.

 Abril, 28 2009

¡Jehová, va a cambiar, tu historia hoy aqui!

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  1. Yanela Solis

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