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NO TE DES POR VENCIDO

No te des por vencido en la oración

Jesús les contó una parábola acerca de la necesidad de orar siempre, y no desmayar. Lucas 18:1“¡Señor, ayúdalo! Tú sabes la necesidad de mi hermano pequeño. Me parte el corazón ver los estragos que el vicio está haciendo en su vida. Pero él está luchando. ¡Ayúdalo! Toca su vida hoy y cámbialo, por favor. ¡Que sea un hombre de bien! Él quiere serlo, ¡pero no puede! ¡Ayúdalo, por favor!»
Esta era la oración que elevé durante más de quince años por mi hermano Cristóbal. Oraba, clamaba, pedía, todos los días, con lágrimas; pero la respuesta tardó quince años en llegar. ¿Has experimentado un dolor similar? ¿Has orado durante mucho tiempo por alguien a quien amas? ¿Y te ha parecido que Dios se había escondido y solamente miraba, desde detrás de una nube, tu desesperación?
Hay momentos en la vida en que tenemos que admitir que no conocemos a Dios tan bien como creíamos conocerlo. A veces nos parece que las tardanzas y demoras de Dios no tienen sentido. Quizá alguien te haya dicho: «Mejor déjalo así. Has orado durante muchos años por eso. Quizá no es la voluntad de Dios».
Pero debes estar seguro de una cosa: Si estás orando con un propósito egoísta y buscando solo tu beneficio personal, es casi seguro que Dios no te responderá como esperas, para que no tengas dificultades mayores de las que ya tienes. Pero, si estás orando por un hijo descarriado, o pidiendo ayuda para tu matrimonio y tu familia, espera con paciencia. Aquí se inserta la palabra clave para ver la respuesta a todas nuestras oraciones: Perseverancia.
Dios no tarda su respuesta por causa de él, sino por causa de nosotros. Ni siquiera podemos imaginar el largo proceso educativo por el que necesitamos pasar para que Dios pueda hacer por nosotros todo lo que quiere hacer. Por lo menos, al perseverar en la oración nos conocemos mejor a nosotros mismos y conocemos mejor a Dios. Pablo dijo que los cristianos deben ser «gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración» (Rom. 12:12).
La parábola destaca dos puntos: En primer lugar, la injusticia del juez. En segundo, la perseverancia de la viuda. Si el juez, a pesar de ser injusto, contestó afirmativamente la petición de la viuda, entonces, dijo nuestro Señor, «Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia» (Luc. 18: 6,7).
Dios está más ansioso de contestarnos que nosotros de recibir su contestación. No desmayes en la oración.Consejos para el caminoY cuando ores, no seas como los hipócritas, porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser visto por los hombres. De cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mateo 6: 5El ser humano es tan defectuoso que hasta en las cosas sagradas incluye sus defectos. Nuestro Señor se refirió a los fariseos, a quienes les encantaba orar de pie, con las manos levantadas, con palabras muy bien dichas y con una duración muy respetable. También elegían “muy bien” el lugar para causar una buena impresión: la sinagoga, o las esquinas de las calles. Lo que querían era «ser vistos por los hombres», para que todos supieran cuan buenos, cuan fieles, cuan fervientes hijos de Dios eran. Nuestro Señor dijo: «De cierto os digo que ya tienen su recompensa» (Mat. 6: 5). Su recompensa la recibían de «los hombres», quienes tenían muy buena opinión de ellos.
En cambio, los cristianos, que oran mucho, lo hacen en secreto. Lo hacen en su cámara secreta, en el campo, en la soledad, porque su única preocupación es que su Padre oiga. Por eso, su recompensa la recibirán de él. El cristiano que no ora es la persona más extraña que se pueda uno imaginar. Porque no se puede ser cristiano sin mucha oración. Es «el aliento del alma», el oxígeno, el hálito de vida que mantiene vivo al cristiano. Si queremos disfrutar de la oración, como Jesús, o como Daniel, a quien ni la amenaza de muerte le impidió orar tres veces al día, aquí hay cinco secretos que haríamos bien de tener en cuenta.
Primero: Recuerda mantener una continua y creciente relación de amor con Dios.
Segundo: Si no oras tanto como quisieras, recuerda que aun en nuestra falta de oración podemos estar hambrientos de Dios, y esa hambre misma es una oración. Mary Clare Vincent llamó a eso «la oración del deseo».
Tercero: No te afanes por la oración, aunque esto parezca contradictorio. Hay quienes se esfuerzan tanto por orar que les da indigestión espiritual.
Cuarto: Puedes orar en cualquier lugar y en cualquier posición. Si tomas el consejo de algunos de que toda oración debe ser de rodillas, tu tiempo de oración disminuirá drásticamente. El salmista aconseja meditar «en vuestros corazones aun estando en vuestras camas» (Sal. 4:4).
Quinto: Habla con Dios con toda sinceridad, sin temor de lo que ocurre en tu interior. Quizá libras una batalla interior contra la ira, la lujuria, el orgullo, la gula o la ambición; eleva tu desobediencia y ponla también en los brazos del Padre.
Ora hoy, porque orar «es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como quien habla con un amigo». Dios te bendiga; es mi deseo y oración,

Marzo, 25 2009

¡El Dios al que yo sirvo esta aquí!Si tienes un pedido de oración envíalo a cieloestrellaazul@hotmail.com Oramos  por ti.  



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