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SECRETOS PARA UNA LARGA VIDA ESPIRITUAL

 

Secretos para una larga vida espiritual

Entonces Moisés juró diciendo: «Ciertamente la tierra que oyó tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios».
Josué 14: 9, 10

¡Cuántos proyectos se inician y no se terminan! Se inicia la vida matrimonial, y tiempo después se rompe la relación. Se inicia un programa de estudios, pero no se concluye. Las dietas para adelgazar se quedan a medio camino. Más triste aún, se comienza la vida cristiana, y se abandona; no se llega hasta el final.
El texto de hoy nos habla de Caleb. Su vida contiene el secreto para una larga vida espiritual. Caleb fue fiel hasta el fin. Nunca envejeció espiritualmente. Es un ejemplo brillante de cómo envejecer en edad, pero mantenerse fuerte y sano física y espiritualmente. Muestra qué se debe hacer para cruzar la línea final. Revela el secreto de la longevidad espiritual. Enseña cómo terminar la carrera para escuchar las palabras del Señor: «Bien, buen siervo y fiel».
Descubrimos en la vida de Caleb algunos principios que necesitamos para correr y finalizar la carrera de la vida cristiana. Primero, se entregó totalmente al Señor. Todos los demás principios derivan de este. Josué bendijo a Caleb y le dio la tierra que le pidió porque siguió fielmente al Dios de Israel. Este fue el secreto de su éxito espiritual. ¿Qué significa seguir al Señor completamente? Significa seguirlo de todo corazón, no con un corazón dividido, no a medias, sino totalmente. Significa darle todo al Señor. Hay quienes hacen promesas al Señor cuando están afligidos, cuando están enfermos, cuando tienen dificultades. Pero cuando llega la paz y sonríe la felicidad, lo abandonan.
¿Estás siguiendo totalmente al Señor? Si no es así, ten cuidado, porque puedes llegar a engrosar las filas de aquellos que abandonaron la carrera. Las promesas de Dios son fieles y verdaderas; pongamos toda nuestra confianza en ellas. Caleb creyó de todo corazón las promesas de Dios, mientras todos los demás solo pensaban en los problemas. La fe de Caleb estaba puesta en un Dios grande. Los que siguieron al Señor con un corazón a medias no ganaron la carrera; fueron descalificados.
Adoptemos hoy la resolución de seguir al Señor de todo corazón. No se puede servir a dos señores. Sirvámosle con toda nuestra mente y nuestra alma. Que las palabras del himno sean nuestra oración:
«Mi espíritu, alma y cuerpo —mi ser, mi vida entera— cual viva, santa ofrenda te entrego a ti, mi Dios. Mi todo a Dios consagro en Cristo, el vivo altar. ¡Descienda el fuego santo, su sello celestial!»

 



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  1. Maria Lucila Guerra Araujo

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