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UNA PRUEBA DE AMOR

Una prueba de amor

Pero a vosotros los que oís, os digo: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen». Lucas 6: 27

Esta es una de las pruebas de amor más grandes y difíciles que Dios pidió a sus hijos que presentaran. Amar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen, hacer bien a los que nos aborrecen, orar por los que nos ultrajan y nos persiguen. ¡Qué difícil es hacer esto para el ser humano! De hecho, si alguien es capaz de dar esa prueba de amor, es porque está actuando más que humanamente.
Norval F. Pease escribió estas palabras: «Durante las atrocidades cometidas contra Armenia, cierta vez una joven y su hermano fueron perseguidos por las calles por un soldado turco. Este los acorraló en un rincón y el hermano fue muerto en presencia de su hermana. Esta consiguió escapar corriendo velozmente y saltando un muro. Posteriormente, llegó a ser enfermera, y las autoridades turcas la obligaron a servir en un hospital militar. Cierto día llevaron a la sala donde ella trabajaba al mismo soldado turco que había asesinado a su hermano. Estaba muy enfermo. Un pequeño descuido provocaría su muerte. Esta joven posteriormente confesó la terrible lucha que se desarrolló en su mente. El viejo Adán clamaba: “Venganza”; la nueva criatura en Cristo decía: “Amor”. Y, tanto para bien de aquel hombre como para el de la enfermera, triunfó en ella el bien, de modo que atendió al soldado con el mismo cuidado que atendía a todos los demás. Ambos se habían reconocido y, cierto día, incapaz de dominar por más tiempo su curiosidad, el turco le preguntó a la enfermera por qué no lo había dejado morir. Ella replicó: “Soy seguidora del que dijo: ‘Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen'”. Él quedó silencioso durante un largo tiempo. Finalmente habló: “Nunca oí decir que hubiera tal religión. Si esa es su religión, hábleme más de ella porque quiero tenerla”».
Quiera Dios librarnos de una experiencia tan dolorosa. Sin embargo, en nuestras más humildes y sencillas realidades de la vida, amemos a todos aquellos que nos han hecho sufrir. Seguramente todos tenemos alguien a quien nos resulta difícil amar. El más justo de los hombres, Jesús, tuvo muchos que lo hicieron sufrir. ¡Cuánto más nosotros, que somos pecadores!
Pidamos hoy a Dios que nos dé la victoria sobre el odio, el resentimiento y el deseo de venganza. Pidámosle que nos dé el don del perdón total y el amor de Cristo, los únicos que nos harán capaces de superar esa difícil prueba de amor.Vive hoy como si fuera el último día

Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.               2 Pedro 3: 10

Una antigua anécdota cuenta que San Francisco de Asís recibió la visita de uno de sus parroquianos, mientras limpiaba y cultivaba su huerta: «Hermano Francisco —preguntó el hombre—, ¿qué haría usted si supiera que el Señor regresa mañana?» El anciano sabio se irguió por un momento, apoyándose en su azadón, y luego habló con voz firme: «Pues creo que terminaría de limpiar mi huerta».
Dick Winn pregunta: «¿En qué forma sería su vida diferente si supiera que Jesús viene dentro de dos meses? ¿Es el estilo de vida de Jesús valioso solo porque él viene pronto? ¿O usted continuaría viviendo como lo hace, aunque supiera que Jesús no vendrá en los próximos doscientos años?»
Estas palabras son dignas de la más profunda meditación. ¿Es valioso el estilo de vida de Jesús solo porque es urgente? Los cristianos corren el peligro de vivir “bien” si existe la posibilidad de que Jesús vuelva hoy o de que mueran mañana. Si no hay amenaza de ninguna de estas dos eventualidades, entonces, no nos afligimos; aflojamos el paso y soltamos las amarras. Como si el cristiano estuviera sujeto a las emergencias.
Sabemos bien, sin embargo, que la vida del cristiano no depende ni de la amenaza de muerte ni de la proximidad de la venida de Jesús. El cristiano vive fielmente porque es la voluntad de Dios que viva así. Una preciosa poesía atribuida, entre otros, a Santa Teresa de Jesús expresa de forma sublime que ni promesas ni amenazas afectan la vida del cristiano: No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar, por eso, de ofenderte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero, te quisiera.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte, clavado en una cruz, y escarnecido; muéveme ver tu cuerpo tan herido; muévenme tus afrentas y tu muerte.
Aunque es cierto que una comprensión de las profecías de los acontecimientos finales podrá lograr mi atención, solo una amistad íntima y continua con Jesús puede enseñarnos a ser justos y a vivir justamente.Abril, 5 2009¡Jehová, va a cambiar tu historia hoy aqui!Si tienes un pedido de oración envíalo a cieloestrellaazul@hotmail.com Oramos  por ti



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  1. silavana

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