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A la expectativa

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.
Isaías 55:8

Cuenta la historia que, tratando de dormir a su nieta de cinco años de edad, una abuelita le leyó el relato de Génesis uno. Al finalizar, la abuelita le preguntó: “¿Qué te pareció la historia?” a lo que la nieta, con la gracia  propia de los niños de su edad, le respondió: “¡Muy bien, abuela! ¡Uno nunca sabe lo que Dios va a hacer!

Nuestras vidas están llenas de equivocaciones y carecen de sentido muchas veces precisamente porque pensamos que ya sabemos todo lo que hay que saber en lo referente a nuestra vida, a nuestro futuro y a la voluntad de Dios.

¡Si tan solo nos mantuviéramos a la expectativa de lo que Dios tiene ya diseñado para nosotros, la historia sería muy distinta y nos iría, no cabe duda, muchísimo mejor!

La verdad es que el diseño de tu vida y la mía, Dios ya lo tiene en su mente desde siempre. Solo necesita que tú y yo le permitamos actuar. Como la niña de la historia, solo debemos estar a la expectativa de lo que va apareciendo delante de nuestros ojos.

No quiero decir con lo anterior que vayamos errantes  por la vida sin metas, sin planes y sin sueños. Sin embargo, la meta que me propongo es llegar a estar tan segura y confiada en los brazos del Señor que, cuando esos planes y esos sueños acuden a mi mente, yo sepa realmente que Dios y nadie más que Dios pudo haberlos puesto allí.

“Y –dirás tú, con toda la razón del mundo-, ¿Cómo es eso?” bueno, una cosa así solo puede lograrse a través de una vida que esté en sintonía con Dios, es decir, a través de una vida de intimidad con Dios, una vida en la que haya una cercanía tal que no quepa ninguna distracción. Quien anhele disfrutar de verdad de tal experiencia, queriendo tener la mente del Señor, deberá estar dispuesto a entregar todos sus pensamientos anteriores, los pensamientos que la Biblia dice que son propios de una persona carnal.

Que el Señor te ayude hoy y siempre a estar a la expectativa de lo que él ha diseñado para ti, confiado en que lo que Dios tiene preparado para ti, por difícil que sea de comprender, es siempre lo mejor.



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