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El desafio y la promesa

Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y basta lo último de la tierra.
Hechos 1:8

La pareja de viejecitos que llevó a mi madre al conocimiento del evangelio, prácticamente no sabía leer ni escribir, pero tenía una vida de maravillosa comunión con Cristo. Liberados de la ignorancia y la esclavitud del pecado, esos ancianitos habían experimentado en su vida la paz que sólo Cristo puede dar. Eran felices; uno podía darse cuenta de ese hecho al observar la manera como vivían, y al haber conocido a un Salvador maravilloso, no podían guardar eso para sí. Continuamente daban testimonio. Vivieron la vida testificando, y uno de los frutos de ese testimonio fue mi madre, que tuvo nueve hijos y veinte nietos, todos seguidores de Jesús.

¿Puedes imaginarse la dimensión del testimonio de esos viejecitos? Dios quiere que cada cristiano sea un testigo. La palabra testimonio aparece trece veces en Hechos de los Apóstoles. El libro de Hechos no contiene la biografía o las experiencias maravillosas de algún apóstol en particular; el libro de Hechos es el registro de una iglesia que testificaba. Nadie quedaba callado. Todos anunciaban “lo que habían visto y oído” (ver 1 S. Juan 1:3).

El desafío que aparece en Hechos 1:8 fue dado a una iglesia temerosa y triste, porque se aproximaba el momento de la partida del Maestro. El desafío de ser testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la Tierra parecía un trabajo imposible de realizar.

Esto, unido al pensamiento de que Cristo sólo volvería cuando ese trabajo estuviere terminado, creaba en los discípulos una sensación de pérdida definitiva. Pero lo que comenzaron a entender ese día es que Jesús no presenta un desafío sin acompañarlo con una promesa: “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo”. Entonces, y sólo entonces, me seréis testigos. Testificar no es algo que se hace como atributo humano. Testificar es también un fruto que brota en la vida de quien, por la comunión con Cristo, tiene la presencia del Espíritu Santo controlando voluntariamente su Vida.

A lo largo de este día tendrás la oportunidad de relacionarte con otras personas. La mayoría de la gente no conoce a Jesús; vive angustiada, triste y vacía. Tú tienes la respuesta que atormenta el corazón de esos seres humanos. Tú conoces a Jesús. ¿Por qué no testificar ante ellos?



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