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Equipado para la batalla

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destacados consejos y principios , pensamientos cristianos, oraciones cristianas, mensajes cristianos para jovenes, devocionales cristianosPor Charles F. Stanley:

Para ganar una guerra, hay que reconocer que se está en ella.
Jesús nunca nos dijo que la vida cristiana sería fácil. De hecho, nos advirtió lo contrario. En Juan 16.33, Él aseveró solemnemente: “En el mundo tendréis aflicción”. La historia de la iglesia y el testimonio de nuestras vidas muestran que esto es así.

Cada mañana, cuando usted y yo nos despertamos, estamos en una guerra. Muchos creyentes simplemente no toman en serio esta realidad. Sin embargo, cuando hablamos de guerra espiritual debemos recordar que cada día vivimos en medio de una batalla real y personal que debemos enfrentar.
No reconocerlo resulta en una derrota constante y dolorosa. Los cristianos nos sentimos confundidos y desmoralizados, porque no entendemos por qué seguimos fracasando espiritualmente. Justo cuando creemos que hemos vencido algo, esto se yergue de nuevo para derrotarnos.

Tomados desprevenidos

Una de las principales razones por la que los creyentes son derrotados, es porque el enemigo los toma totalmente desprevenidos. Estos creyentes simplemente pasan sus días sin darse cuenta de la guerra que se libra en sus vidas. Al mismo tiempo, cuestionan la Palabra de Dios, diciendo: “Señor, si este Libro es todo lo que dices que es, y si el evangelio es tan poderoso como has prometido, ¿porqué, entonces, no está funcionando en mi vida?”
El problema no es que a la Palabra de Dios le falta poder, sino que muchas veces no reconocemos la intensa batalla espiritual que hay alrededor de nosotros. Estamos en guerra, y es una lucha por nuestras vidas, no nuestra vida física, sino por nuestra vida espiritual. La única manera de sobrevivir a este conflicto es preparándose para la batalla.
Reconocer al enemigo

En Efesios 6.10-18, el apóstol Pablo nos dice que nos preparemos vistiéndonos “de toda la armadura de Dios”. Al pensar en cómo prepararnos, debemos comenzar sabiendo contra quién estamos luchando. Pablo identifica perfectamente al enemigo en Efesios 6.12: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Pablo está diciendo aquí que nuestro enemigo es el diablo y todos sus perversos ángeles —todas sus huestes demoníacas— que actúan en contra de nosotros cada día.
¿Qué es lo que quiere el diablo? Su objetivo principal es hacernos dudar de la verdad de las Escrituras. Quiere que los intereses mundanos desvíen nuestra atención de las cosas de Dios. Quiere lograr este objetivo y cualquier otra cosa que haga inefectivo nuestro testimonio y servicio al Señor. Si llegamos a ese punto de inefectividad espiritual, nos convertimos en unos soldados del reino inútiles y derrotados.
En segundo lugar, debemos reconocer la situación. Muchos cristianos sinceros oyen la palabra “guerra” y la rechazan, diciendo: “Este asunto de armas y de guerra parece tan opuesto a Dios. Creo en la paz, y por eso no creo que la Biblia hable, en realidad, de una batalla”.
Conscientes de que estamos llamados a ser pacificadores (Stg 3.18), veamos honestamente lo que dice la Biblia en cuanto a la guerra espiritual. Al escribir a su discípulo Timoteo, Pablo le dice que él es, en realidad, un “soldado de Jesucristo” (2 Ti 2.3, 4). Asimismo, en 2 Corintios 10.4, Pablo se refiere a “las armas de nuestra milicia” en medio de una batalla espiritual.
Pablo estaba, sin duda, familiarizado con el lenguaje de la guerra. Como ciudadano romano del primer siglo d.C., debió haber sido testigo de mucha actividad militar. Además, él mismo fue a menudo una víctima de los caprichos de las autoridades romanas. Debemos creer que, por la inspiración del Espíritu Santo, Pablo tuvo mucho cuidado en cuanto a las palabras que utilizaba al describir nuestra condición espiritual. Cuando eligió términos como “guerra”, “armas” y “soldado”, no cabe duda de que entendía que todos estamos en medio de una gran guerra, no de la carne, sino del espíritu.
En tercer lugar, tenemos que estar vestidos debidamente para la batalla. Piense en cómo se viste usted cada mañana. Todos elegimos una ropa adecuada al día. Si voy a la iglesia el domingo, me visto de traje y corbata. Si voy a pescar, me pongo unos viejos pantalones sucios y una camisa, y no me importa mojarme. Si voy a fotografiar una montaña cubierta de nieve, me pondré una chaqueta contra el frío, con bolsillos para accesorios de cámara. Y, si voy a una batalla, tendré que ponerme, desde luego, mi armadura.
Ponerse la armadura

Cuando Pablo dice en Efesios 6.11 “vestíos de toda la armadura de Dios”, quiere decir exactamente eso: tenemos que ponernos siempre cada pieza de ese equipo de una manera deliberada y meticulosa. Si entramos al campo de batalla sin protección, nos convertimos en blanco fácil del ataque del enemigo.
Por tanto, miremos cada pieza que aparece en Efesios 6.13-17, para ver lo que hace y cómo podemos ponérnosla. Yo sugeriría que nos pongamos una pieza a la vez, de arriba abajo. Esto es lo que yo hago todas las mañanas. Examino cada pieza de la armadura, y me recuerdo a mí mismo su propósito tan pronto como salgo de la cama.
Imagine, primero, un hermoso casco, y piense que se lo pone en la cabeza, mientras dice: “Señor, elijo ponerme el yelmo de la salvación hoy para proteger mi mente. Quiero pensar sólo lo que tú pienses, Señor. Quiero darte las gracias, porque cada vez que Satanás me envíe uno de sus pensamientos, este yelmo de la salvación protegerá mi mente”.
Hay que recordar que la batalla comienza en nuestra mente; ésta es la zona de combate de Satanás. La batalla puede deslizarse después hacia nuestras emociones y acciones, pero siempre comienza con nuestros pensamientos. Por consiguiente, nuestra mente debe ser protegida todo el tiempo.
Imagine, después, una gran pieza de armadura corporal, y diga: “Señor, elijo ponerme la coraza de justicia que proteja mis emociones. Quiero sentir sólo lo que tú sientes. No permitas que reaccione de acuerdo con mis emociones, sino que responda basado en la verdad que hay en mi mente”. Esto es importante, porque muchísimas personas están a merced del temor, de la ansiedad, de las tentaciones o de otras influencias negativas. Si usted permite que le dirijan donde ellas quieren, su vida espiritual experimentará una derrota total.
En tercer lugar, cíñase el cinturón de la verdad, y diga: “Señor, elijo ponerme la verdad, porque anhelo permanecer centrado en tu Palabra. Quiero vivir en la verdad, andar en la verdad, y dar testimonio de la verdad”. Cuando estamos familiarizados íntimamente con las Escrituras, no podemos ser engañados por las mentiras de Satanás. Las falsas enseñanzas son desechadas cuando sometemos al filtro de las Escrituras todo lo que oímos.
En cuarto lugar, piense en sus pies y ore, diciendo: “Señor, elijo ponerme el calzado de la paz. Dondequiera que vaya hoy, quiero ser un pacificador. Quiero que mis pisadas sean evidencia de la paz que tengo en el Espíritu Santo”. El calzado de los soldados romanos tenía largas púas debajo de las suelas para ayudarles a plantar sus pies firmemente en el suelo. Del mismo modo, nosotros podemos, con el calzado de la paz, afianzar confiadamente nuestros pies sobre la base de Jesucristo.
En quinto lugar, imagine ese gigante escudo romano, del tamaño de una puerta, y diga: “Señor, tomo el escudo de la fe. Quiero darte las gracias porque, no importa cuántos dardos encendidos me lance el enemigo hoy, no importa cuántas pruebas o tentaciones pueden venir, puedo estar a salvo detrás de la enorme protección de la fe”. Recuerde que la fe es una fuerza poderosa que marca la diferencia entre el fracaso y el éxito, entre la amarga derrota y la victoria.
Por último, rodee sus dedos con la Palabra de Dios, y diga: “Señor, elijo tomar la espada del Espíritu, tu santa Palabra. Padre, gracias por esta arma espiritual que penetra tan profundamente para hacer que haya convicción y arrepentimiento”. La Biblia, nuestra única arma, es a la vez defensiva y ofensiva. Nos permite desviar los golpes del enemigo, y traspasa el corazón del hombre pecador. La victoria depende de tomar la Escritura y saber bien cómo usarla.
Cubierto por la fe

Ahora bien, ¿cómo ponerse esta armadura? Por la fe. Aunque usted no pueda ver físicamente el aparejo para la batalla, puede tener la confianza de que Dios le cubrirá totalmente con su poder y con su presencia al lanzarse cada día a un mundo tenebroso.
El peligro que debemos evitar, es la creencia de que podemos elegir qué piezas de la armadura necesitamos para cada día. ¿Iría un soldado a la batalla equipado a medias? ¡Por supuesto que no! Él sabe que cada detalle es vital para su supervivencia. Del mismo modo, si nos falta alguna pieza cuando entramos en nuestro campo de batalla espiritual, Satanás atacará con toda seguridad esa área débil desprotegida. Es por eso que Pablo nos manda específicamente a que nos pongamos toda la armadura de Dios.
Lamentablemente, la armadura de Dios es una verdad espiritual que muchos creyentes no aprecian, o simplemente no toman con seriedad en absoluto. Quiero retarle, entonces, a vestirse deliberadamente para la batalla espiritual que enfrentará cada día. Dios nos ha proporcionado el equipo; lo único que tenemos que hacer es ponérnoslo.
Usted está yendo a una batalla hoy. ¿Está equipado para la misma?

Un corazón agradecido

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Cómo mantener la perspectiva correcta en tiempos difíciles
Gratitud es uno de los aspectos más importantes de la vida cristiana. Sea que lo sepamos o no, esta actitud no sólo tiene la capacidad de prepararnos para manejar las situaciones difíciles; también es un elemento fundamental para tener contentamiento, esperanza y paz.

No todo lo que experimentaremos en la vida será agradable. Cuanto más vivamos, aumentarán las ocasiones que tendremos para enfrentar sufrimientos, sentimientos de pesar y desilusiones. He conocido a personas que, después de hablar con ellas durante unos minutos, terminan expresando profundos sentimientos de frustración. No entienden por qué sus vidas terminaron siendo tan diferentes a lo que habían imaginado.
Los planes que habían hecho con tanto entusiasmo, y sus sueños, fueron a parar en todo lo contrario de lo que esperaban.
“La última cosa que quiero hacer es darle gracias a Dios por la muerte de mi esposo”, dijo una señora.

“¿Cómo puedo estar agradecido?”, preguntó un joven estudiante. Se le había otorgado una beca, sólo para tener que renunciar a ella por causa de un intempestivo accidente. Es que tener un espíritu de gratitud no significa que nunca lucharemos con sentimientos de decepción y desánimo. Las grandes adversidades rara vez nos ponen una sonrisa en el rostro; sin embargo, aprender a mirar más allá de la tristeza a Aquél que conoce y comprende nuestros sentimientos, nos proporciona la firme seguridad de que no estamos solos, y de que nos abriremos paso a través de la oscuridad más profunda.
declarar Su bondad
En uno de los momentos de mayor abatimiento en su vida, David escribió: “Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad cada noche” (Sal. 92:1, 2). Las personas a quienes el Señor ha enseñado a ser agradecidas, tienen un enfoque diferente. En vez de estar centradas en su “yo”, su mirada está centrada en Dios. A través del proceso de hacerle frente a la adversidad, han recibido un destello de la perspectiva divina. Y han descubierto que Dios es nuestro Salvador y Dios de toda consolación. Él entiende nuestros sentimientos de frustración y de depresión, pero quiere levantarnos para que podamos conocerle mejor y hablar a los demás de Su fidelidad.
Lo único que David podía ofrecer a los demás era la piedra angular de su vida, es decir, su fe en Dios. Amaba al Señor, a pesar de no entender la razón por la que su vida había dado un giro tan terrible. ¿No se suponía que él era el rey? ¿Por qué tuvo que morir su mejor amigo? ¿No debía él tener la oportunidad de vivir con paz y seguridad? No en esos momentos.
En varios de los libros que he escrito, menciono el período en que estuve sufriendo de una profunda tristeza. Recuerdo que me levanté una mañana, abrumado por sentimientos de desánimo. El dolor emocional que sentía era grande, por lo que caí de rodillas junto a mi cama y comencé a orar: “Señor, no entiendo por qué estoy enfrentando esto. ¿No hay una manera de ponerle fin a todo esto? Haz algo”.
El Señor respondió, pero Su solución no fue cambiar mi situación. Simplemente sentí Su cercanía mientras susurraba tres palabras a mi corazón y a mi mente: “Confía en mí”. Estas tres palabras hicieron más de lo que pudieran haber hecho una docena de soldados. Me puse de pie y comencé ese día con una nueva sensación de dirección y esperanza. Dios había oído mi oración, y sabía lo que me estaba pasando. Aunque el Señor pudo haber optado por aliviar mi angustia, quiso que supiera que estaba al tanto del problema y que podía confiar en Él porque Dios es soberano y todopoderoso, y me ama con un amor eterno.
A partir de ese momento, me propuse tener un corazón agradecido. No puedo decir que he disfrutado de todas mis circunstancias, porque algunas han sido dolorosas. Pero sí puedo decir que mi actitud cambió. En vez de acercarme a Dios con una lista de “¿no sabes?”, tales como: “Señor, ¿no sabes que esto es difícil? ¿No sabes que estoy sufriendo? ¿No sabes que la gente está hablando mal de mí? ¿No sabes que me siento derrotado?”, voy a Él con un corazón sincero y le pido que me muestre cómo debo responder. También le pedí al Señor que me revelara lo que Él quería enseñarme durante ese tiempo de adversidad.
Al cambiar mi perspectiva, comencé a dar gracias a Dios por haberme permitido pasar por ese valle. Me di cuenta de que cuanto mayor era el dolor, más cerca estaba yo de Él. Estaba aprendiendo a confiar en el Señor para todo, incluso para las cosas que había acostumbrado hacer por mi cuenta. Él siempre había estado en el centro de mi vida, pero ahora el Señor estaba haciendo más nítido mi enfoque. Yo no quisiera pasar nuevamente por esa experiencia, pero no le pediría a Dios que cambiara un solo detalle. El dolor que experimenté fue perfectamente diseñado para acercarme más al Señor.
decidido a mostrar gratitud
Cuando la vida de Job se vio llena de problemas serios, la Biblia dice que él “se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró [al Señor, diciendo]: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:20, 21). La Biblia hace constar que Dios tomó nota de la fidelidad de Job: “En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno” (v. 22).
Job no estaba alegre por lo que le había sucedido. Su dolor era real, y muy agudo. Dios sabe que cuando la adversidad nos golpee, sentiremos lo mismo. Pero Él quiere que veamos lo provechoso que resulta responder con fidelidad, en vez de hacerlo con miedo o ansiedad. Job tenía sólo una opción, la opción que lleva a adorar y alabar a Dios, no por la tragedia, sino por Su fidelidad.
Si su vida da un giro diferente al que espera, ¿cómo pudiera usted tener una actitud de agradecimiento?
En primer lugar, tenga en cuenta que Dios conoce y entiende su situación. Él permitió que la tragedia, la frustración o la tristeza le golpearan. Pero usted puede elegir responder con fidelidad. Después de recibir la noticia de que tenía cáncer, el ex Secretario de Prensa de la Casa Blanca, Tony Snow, escribió lo siguiente en un artículo que apareció en Internet: “No debemos pasar mucho tiempo tratando de responder los ‘por qué’. No podemos encontrar respuestas a muchas de las cosas que nos ocurren, nuestras preguntas a menudo son una expresión de angustia en búsqueda de respuestas”.
“No sé la razón por la qué tengo cáncer, y no me importa mucho saberlo. Es lo que es, una verdad sencilla e indiscutible… Nuestras enfermedades expresan un aspecto que es central a nuestra existencia. Somos criaturas caídas. Somos imperfectos. Nuestros cuerpos colapsan. Pero, a pesar de esto, Dios ofrece la posibilidad de la salvación y de la gracia. No sabemos cómo terminarán nuestras vidas, pero sí nos toca decidir cómo vamos a utilizar el tiempo que hay entre el ahora y el momento cuando nos enfrentemos cara a cara con nuestro Creador”.
En segundo lugar, tenemos que ser honestos con nuestras circunstancias. Es posible que no cambien de la noche a la mañana. Pero cuando aprendemos a verlas desde la perspectiva divina, podremos soportar el plan de Dios sin cuestionar Su cuidado, Su fidelidad y Su amor.
En tercer lugar, reconozca que algunos versículos de la Biblia que tienen que ver con el agradecimiento, son mucho más fáciles de memorizar que de aplicar. Dios sabe que usted sentirá derrotado, pero eso no es lo mejor que Él tiene para usted. En 1 Tesalonicenses 5:16-18, el apóstol Pablo escribió: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. El apóstol tuvo también el mismo pensamiento en Efesios 5:20, cuando escribió: “dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”3. Las tres palabras que muchas personas no notan cuando leen estos versículos son “siempre” y “en todo”. En realidad, no se dan cuenta de la magnitud de lo que Dios está diciendo. Uno de sus mayores deseos es que experimentemos la libertad y el gozo que surgen del hecho de poder “dar gracias en todo”. Pero no podemos hacerlo si estamos enredados por sentimientos de animosidad, de amargura y de pesadumbre.
Finalmente, tenemos que entregarle nuestro dolor al Señor. La mañana que caí de rodillas clamando a Dios, fue un momento crucial en mi vida. Siempre había dicho a las personas que libraran sus batallas de rodillas, y el consejo demostró ser efectivo una vez más. Mientras nos mantengamos de pie y con los puños cerrados, nos podremos levantar nuestro corazón en acción de gracias al Señor, ni podremos abrir las manos a Él en alabanza.
¿Cuántas personas conoce usted, que le hacen sonreír por dentro cuando piensa en ellas? Si lo analiza, es probable que las vidas de esas personas rebosen de gratitud. Probablemente han pasado por tiempos difíciles de graves problemas, pero hay en ellas un sentimiento de contentamiento, de gozo y de paz que usted quisiera tener en su vida. Usted puede experimentar ese mismo sentimiento, ya que todo comienza con reconocer su necesidad de Jesucristo. Una vez que usted se da cuenta de que no puede hacer nada sin la ayuda de Dios, tendrá un agradecimiento tal, que querrá hablar a todo el mundo de la bondad y de la misericordia del Señor. La mujer que llegó sola al pozo para sacar agua, estaba vacía. Su vida era un desastre, y su reputación estaba destruida. Pero Jesús se encontró con ella en la situación que vivía, y le ofreció el agua de vida que había de satisfacer todos sus anhelos (Jn. 4:10).

El fuego de los quichés

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destacados consejos y principios , pensamientos cristianos, oraciones cristianas, mensajes cristianos para jovenes, devocionales cristianos     Por Carlos Rey:

Estaban muertos de frío, así que se presentaron ante los dioses para suplicarles que les dieran fuego.

Los dioses les dieron el fuego anhelado después de exigir que les rindieran culto, pero luego les hicieron una mala jugada: hicieron caso omiso de sus danzas de alegría y sus cánticos de gratitud, y al rato cayó un aguacero con granizo, de modo que se volvieron a extinguir las hogueras de los pobres indios.
Cuando ya de tanto temblar y de tiritar no podían soportar más el frío ni la helada, volvieron a rogarles a los dioses que se apiadaran de ellos y les dieran siquiera un poco de fuego. Pero esta vez los dioses les exigieron sacrificios humanos, es decir, que a las víctimas les abrieran el pecho con un puñal y les ofrendaran el corazón. Sólo así llegarían a merecer el ansiado fuego.

Dicen que los quichés accedieron y sacrificaron a sus prisioneros y, mediante la sangre de éstos, se salvaron del frío espantoso. En cambio, los cakchiqueles no sucumbieron ante la exigencia de los dioses. A estos primos de los quichés, que eran también herederos de los mayas, les pareció un precio demasiado alto que pagar. Los valerosos cakchiqueles se acercaron en completo silencio a la hoguera de los quichés, pasaron imperceptiblemente por el humo y se robaron el fuego, y luego fueron y lo escondieron en las cuevas de sus montañas. 1
Esas impresionantes escenas del Popol Vuh , es decir, de las antiguas historias del Quiché, forman parte de lo que se ha considerado el mayor testimonio ancestral de los guatemaltecos. En ellas sentimos no sólo el frío que a aquellos indígenas les calaba hasta los huesos, sino también el que les invadía el corazón, órgano vital que sus dioses les exigían a cambio de un poco de fuego. ¿Sería que sus dioses carecían de corazón ellos mismos, y que procuraban saciarse de corazones humanos para suplir esa falta?
Lo cierto es que lo que más les hacía falta a los quichés no era fuego sino conocer al único Dios verdadero. De haberlo conocido, hubieran sabido que Él ya había procedido de un modo diametralmente opuesto a esos dioses falsos. A diferencia de éstos, el Dios de la Biblia nos amó tanto que, en lugar de exigir sacrificios humanos de parte nuestra, Él mismo se sacrificó en nuestro lugar. 2 Cuando nos estábamos muriendo de frío espiritual por falta del calor de su presencia, Dios estableció un requisito para que pudiéramos recibir el perdón de pecados que nos separaban de Él. Pero no exigió el derramamiento de sangre nuestra mediante la entrega de nuestro corazón físico a Él, sino el derramamiento de la sangre de su Hijo, 3 que se hizo hombre y nos entregó su corazón al morir por nosotros. 4
Así que Dios no espera que hagamos nada para merecer el fuego de su presencia en nuestra vida. No es posible, porque Él ya lo hizo todo. 5 Pero sí espera que nos apropiemos de ese fuego entregándole nuestro corazón, no de modo físico sino espiritual, y no por obligación sino de buena voluntad, pues es allí donde Él quiere que arda su presencia. 6

Lo que Dios dijo lo va a hacer.

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nuestra relacion con dios devocionales cristianos2 destacados , pensamientos cristianos, oraciones cristianas, mensajes cristianos para jovenes, devocionales cristianosEn el naufragio de tu vida, tiene que levantarse sentido de destino y de propósito, para que puedas resucitar.

¿Por qué Cristo resucitó? Porque él sabía que muerto no hacía nada. ¿Por qué Cristo regresó después que resucitó?

Él pudo haberse quedado en el cielo, pero vino a decirle a los once que estaban deprimidos que toda autoridad le había sido dada, y que ahora podían ir y transformar las naciones.

No hay resurrección, si no hay sentido de propósito.

Un día Pablo zarpó, y una tormenta comenzó a azotar el barco de manera tal que estaban lanzando las cosas porque pensaban que se hundirían.

Al otro día, Pablo se levantó y le dijo a todos que la noche anterior había tenido un encuentro con Dios. Que un ángel le dijo que ninguna de sus vidas se perdería. ¿Por qué? Porque él tenía que ir a predicar.

Si tú no tienes sentido de destino y de propósito, pégate a alguien que lo tenga, y tú vas a llegar al otro lado, porque si el barco se está perdiendo, todo lo que hace falta es que haya alguien que sepa que hay una razón por la que vivir.

Si tú piensas que todo está perdido, y que no tienes razón para vivir, si tus hijos, tu matrimonio, tu familia, no son suficientes razones, el Dios Todopoderoso que dio la vida por ti en la cruz del Calvario, debería ser razón suficiente para levantarte de ese problema.

Tú debes salir de las deudas, no debes seguir pagando intereses por los próximos treinta años. Ese dinero debería quedarse en tu familia, debería ser la herencia de tus hijos, debería utilizarse para la educación de tu familia, para dejar un legado. Tú deberías levantarte y prosperar, porque hay razón.

El barco se puede perder, pero tu vida no se va a perder, porque tú tienes algo que hacer.

Quizás hay crimen en tu país, hay crimen en todos lados, pero la pregunta es: ¿Qué estamos haciendo? Quizás tú no tienes un plan anticrimen, pero puedes ganarte a una persona para el Señor que sí lo tenga, o puedes cambiar a uno que no se va a convertir en un criminal, puedes transformar una generación.

En el naufragio de tu vida, tiene que levantarse sentido de destino y de propósito, para que puedas resucitar.

En Mateo 28:17, dice que cuando vieron a Cristo, le adoraron, y algunos dudaron. Ese es el problema, que mientras unos adoramos, otros todavía dudan.

¿Por qué algunos dudaban? Dice unos versos antes, en Mateo 28:12 que le pagaron mucho dinero a los soldados para que mintieran, diciendo que los discípulos habían robado el cuerpo en la noche, mientas ellos dormían.

La verdad cuesta dinero, pero la mentira cuesta mucho dinero. Un buen matrimonio cuesta dinero, pero más cuesta el adulterio. Lo que pasa es que el mundo está dispuesto a dar mucho dinero por las mentiras.

Hoy hay algunos que todavía dudan porque el mundo ha pagado para mentirles, para persuadirlos a ser escépticos, a no creer en el poder de Dios. Lo curioso es que aquellos soldados son los mismos que estuvieron allí frente a la tumba, y tuvieron una experiencia con el Cristo resucitado.

Afuera en el mundo hay un montón de gente que tuvo una experiencia con el Cristo resucitado, y hoy les pagan para que te mientan. Hay soldados que están cobrando mucho dinero para decirte que él no resucitó, que él no quiere encontrarse contigo, y que todo lo que él dijo era una mentira.

No podemos tener miedo a poner dinero para que se predique el evangelio, porque la verdad necesita ser predicada, y de la misma manera que la mentira se promueve con dinero, la verdad se promueve con dinero, con menos dinero que la mentira.

Hay algunos que dudan mientras otros adoramos, y lo grande de todo es que el Cristo resucitado se le aparece a los dos.

El resucitado está para los que le adoran y para los que dudan, porque no se trata del que adora y del que duda, se trata de que lo que él dijo, él lo va a hacer. Y él dijo que se iba a encontrar con ellos, como dijo que se iba a encontrar contigo. Tú que has dudado, él vino a decirte: Toda autoridad me ha sido dada.

Nada te debe dominar. Deja de creer las mentiras del mundo.

Atentos a la voz de Dios

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reflexiones de motivacion destacados , pensamientos cristianos, oraciones cristianas, mensajes cristianos para jovenes, devocionales cristianosPastor David Yonggi Cho

La oración es un diálogo, no un monólogo. Para orar eficazmente debemos tanto hablar como escuchar a Dios. Debido a que Dios nos ha llamado a una relación de amor, hemos de comprender la importancia de lo que implica este tipo de vínculo.
    

Ya sea oír la Palabra de Dios para una mejor comprensión de la Escritura, o a fin de recibir su dirección divina para nuestra vida, el saber hacerlo es sumamente importante. Para escuchar la voz de Dios debemos tener la actitud correcta: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7: 17). En este versículo, Jesús nos revela la importancia de una actitud dispuesta con relación a la voluntad de Dios.

Por lo tanto, si no estamos dispuestos a hacer su voluntad, no podremos oír claramente la voz del Señor.

De manera que nuestro deseo de escuchar a Dios debe expresarse mediante una actitud dispuesta. ¿Por qué habría El de hablar a alguien que no quisiese obedecer? Otro principio importante en cuanto a escuchar a Dios es tener “oídos para oír”. En el Evangelio de Lucas, Jesús dice a sus discípulos: “Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres” (Lucas 9:44).

Sin embargo, ellos no comprendieron lo que Jesús decía, aunque lo oyeron físicamente: “Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y temían preguntarle sobre estas palabras” (Lucas 9:45).

¿Por qué no comprendieron los discípulos lo que se les dijo claramente? No tenían oídos para oír. Mientras Jesús hiciera milagros y manifestase el poder del reino venidero, ellos estaban dispuestos a comprender por lo menos las implicaciones temporales de lo que El enseñaba; sin embargo, cuando les anunció que podían perder a su Mesías y Señor, no quisieron escucharlo, de modo que no lo entendieron. Estudiando la cognición (proceso mental por el que adquirimos el conocimiento), los pedagogos han descubierto que un estudiante comprende y retiene mejor lo que se siente motivado a aprender. Si el alumno está familiarizado con el tema de estudio, entenderá mejor que si no es así; y si considera lo que se dice de importancia para sus necesidades prestará más atención. Los discípulos no tenían interés en oír acerca de la posibilidad de que Jesús fuera apresado por sus enemigos; de modo Que no escucharon.

Así que tener oídos para oír es contar con la capacidad de comprender lo que se dice gracias a la actitud correcta: la obediencia. Si no queremos sinceramente hacer la voluntad de Dios, no podremos escucharle.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 3:6). Este versículo se repite varias veces en los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis, e implica que no podemos escuchar lo que el Espíritu está hablando si no contamos con un oído que oye. No es que no queramos escuchar; sino que debemos tener la capacidad de hacerlo. Cuando escuchamos la voz de Dios, a menudo El corrige nuestras malas actitudes, nos aconseja y nos da dirección clara. Si hemos pecado, el Espíritu Santo está listo para redargüirnos y volvernos a llevar al lugar donde cometimos el pecado. ¿Cómo desarrollamos un oído que oye para escuchar lo que el Espíritu nos está diciendo? Para ello necesitamos ser obedientes en lo que ya sabemos es la voluntad de Dios. ¿Por qué habría El de dirigirnos si no hemos obedecido en lo que hasta ahora nos ha guiado a hacer? Si en nuestra vida hay pecado que nos impide obedecer a Dios, debemos confesarlo rápidamente y ponerlo bajo la sangre de Cristo. Eso limpia nuestra vida y nos hace volver a una relación de amor con Jesucristo, al tiempo que nos capacita para oír su voz.

La voz y el momento de Dios

Dios puede hablarnos, pero hemos de aprender a conocer su momento; y eso requiere disciplina y paciencia. “Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios” Isaías 50:4).

El contexto de este versículo es muy importante para aprender a escuchar a Dios ya movernos en su momento oportuno. Isaías 50 comienza señalando el triste estado de Israel; y luego, Dios formula la retórica pregunta: ¿Por qué? La respuesta es que cuando El quiso visitar a su pueblo con bendición, no pudo encontrar a ningún hombre dispuesto a ser usado. Luego leemos el versículo que acabamos de citar y que proféticamente tiene que ver con la venida del Mesías. Sin embargo, el principio divino implicado en el mismo sigue siendo válido para todos los que están deseosos de escuchar y obedecer a la voz de Dios. Debemos ser disciplinados (sabios), y no sólo conocer la palabra adecuada; sino también hablar y obedecer en el momento oportuno.

El apóstol Pablo quería predicar en Asia -tenía un deseo muy grande de compartir el inigualable evangelio de Jesucristo en aquella necesitada parte del mundo-; sin embargo, el Espíritu Santo no le permitió ir. Luego quiso viajar a Bitinia, y el Espíritu tampoco le dejó; de modo que Pablo acabo en Troas. Pero por la noche, Dios le dirigió hacia Europa: esa era la voluntad divina. Miles de años después, el evangelio fue predicado en Asia. ¡Es crucial actuar en el momento escogido por Dios!.

Hace muchos años me encontraba con el fundador de la primera emisora de televisión cristiana en América; un hombre de fe que ya tenía programa de radio en California. Estando en su casa, me persuadió de la necesidad de contar con una emisora de radio cristiana en Corea del Sur. Hicimos todos los arreglos; comprando el costoso equipo y contratando al personal apropiado. Sin embargo, no logré conseguir con el permiso necesario, y oraba continuamente a Dios, pero sin resultado alguno. No era el momento oportuno. Hoy día, mis ministerios de televisión y radio alcanzan toda Corea del Sur. ¡Ha llegado el momento oportuno! Por lo tanto, esté dispuesto a obedecer, mantenga la actitud espiritual correcta, obedezca lo que ya sabe que es la voluntad de Dios, y comience a escuchar atentamente cuando ora. Tal vez el momento perfecto para llevar, a cabo sus pensamientos no haya llegado todavía, pero Dios le guiara en el camino en que deba andar. Aunque tarde, su dirección es segura: “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, Sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envíe” (Isaías 55:11).

Dios quiere hombres y mujeres con oídos para oír lo que el Espíritu Santo esta diciendo a la Iglesia. El problema no consiste en que El haya dejado de hablar, sino en que nosotros no estamos escuchando. Es de importancia capital en cuanto a escuchar a Dios el reconocimiento de que El es un Padre amoroso y nosotros sus hijos por medio de Jesucristo nuestro Señor. Como padre de tres hijos varones, aprecio de manera especial esta Importante relación que tenemos con Dios. Aunque mis hijos se parecen entre si en el aspecto externo, son muy diferentes en cuanto a personalidad. Cada uno de ellos tiene una forma característica de escuchar y comprender; y ya que además los tres pertenecen a grupos de edades distintos, hay que tratar a cada uno de un modo diferente. Soy responsable de comunicarme con ellos de manera que puedan entender y no hablo al menor de la misma forma que al mayor. Nuestro Padre celestial hace lo mismo.

Dios desea comunicarse con nosotros aún más de lo que nosotros queremos hacerlo con El; y puesto que conoce el nivel espiritual de cada uno, nos habla como corresponde. “Su Palabra se dirige a nosotros de varias formas. Jeremías profetizó: ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29). Por lo tanto, la Palabra de Dios puede dirigirse a nosotros poderosamente: como fuego que enciende una respuesta, o como martillo que rompe toda oposición; y también puede tener por objetivo nuestra mente en vez de nuestras emociones. “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta…” (Isaías 1: 18).

Sea cual fuere la forma en que Dios prefiera hablarnos, debemos aprender a escuchar, y acordarnos de juzgar todo lo que oigamos por su Palabra revelada: la Biblia. Al apóstol Juan le preocupaba particularmente esto cuando escribió:

“Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado. Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (l Juan 3:24-4:1).

Así que el Espíritu Santo es capaz de dirigirnos a una sensibilidad espiritual mediante la cual podemos “probar” Juzgar) lo que oímos; y distinguir entre la guía de Dios y las voces humana o satánica. ¿Y cómo nos dirige Dios? Al igual que un cajero de banco es capaz de distinguir entre billetes falsos y verdaderos porque maneja estos últimos, también nosotros, si permanecemos en El y guardamos sus mandamientos, podemos discernir la voz de Dios. En el evangelio de Mateo, leemos: “Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (24:23-24). A medida que nos vayamos acercando a los últimos días, la falsa profecía abundará más y más; y Satanás intentará engañar a la Iglesia utilizando muchas voces. Sin embargo, los que aprendan a escuchar a Dios no serán engañados, porque sabrán la diferencia que existe entre El y las voces falsas. Si saben oír la voz del Señor, no podrán ser engañados por otras voces. Cada vez es más importante aprender a probar los espíritus y ser capaces de distinguir entre Dios y el diablo. Jesús continúa describiendo el estado del mundo al final de esta era, y afirma: “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entro en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:37-39).

El tiempo anterior a la Segunda Venida de Jesucristo se conoce como los últimos días. Los versículos que acabamos de citar describen esos días, que serán semejantes a aquellos en los que Noé construyó su arca.

Cuando se acercaba el día del juicio, la gente seguía actuando como si nada sucediera; no estaban conscientes del tiempo en que vivían. También hoy día, la gente se ocupa en sus asuntos normalmente, sin saber que se aproxima el fin del mundo. No están escuchando a la voz de Dios ni se encontrarán listos cuando venga el Señor. ‘

“La realidad” que no es tu realidad

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destacados consejos y principios , pensamientos cristianos, oraciones cristianas, mensajes cristianos para jovenes, devocionales cristianosExiste una realidad que verdaderamente es frustrante. Hoy es más fuerte el poder de la necesidad que el poder de la Fe.

 

No quiero decir que no hay Fe, sino que, existe la realidad de que literalmente la necesidad maneja los lineamientos de cómo y de qué manera podemos hacer las cosas.

 

Si bien Dios nos envió a ministrar y a ayudar a los necesitados. Lo preocupante y frustrante es que aquellos que han sido ayudados y ministrados, no terminen de ser libres del poder de la necesidad.

 

Aprenda esto: La realidad actual, marca que este problema de visión espiritual detiene a la iglesia. Porque la distrae y distrae a las personas llevando sus ojos a la necesidad y no al Propósito predestinado por Dios.

 

Hay una carencia del conocimiento revelado

 

La carencia del conocimiento revelado de nuestra posición como iglesia, nos ha llevado a la mendicidad y no al diseño de Gobierno que debemos ejercer.

 

Dice el Salmo 105:37 (PDT) “Sacó a su pueblo cargado de oro y plata, y no hubo entre ellos ningún enfermo y debilitado”

 

Para nosotros Desierto es sinónimo de lucha y necesidad. Sin embargo para las escrituras desierto es sinónimo de prosperidad, sanidad y Poder (ejemplo de poder: Jesús en el desierto)

 

Existe la verdadera realidad de lo que nosotros denominamos desierto, es que ese espacio de confrontación, lucha y aflicción, es solo diseñado para potenciar y redescubrir tu Fe. Es por eso, que uno puede estar cuarenta días como Jesús, pero jamás morir allí, porque Dios no te llamo a morir en un desierto. ¿Por qué? Porque el desierto no es el lugar del cumplimiento de tu propósito, sino el lugar donde desarrollarlo. Si lo estas desarrollando jamás morirás ahí, porque esto te impulsara a lo verdadero, esto es, a conquistar las naciones de la tierra.

 

Es frustrante ver, como el espíritu, mentalidad, actitud, o como quieras denominarlo de mendicidad a atrapado la mentalidad de los Hijos con propósito, para llevarlos a habitar en una necesidad permanente.

 

El pueblo camino cuarenta años por el desierto, salieron victoriosos, pero después de tanta rebeldía contra Dios, después de tanta desobediencia, tanta duda, terminaron caminando bajo el juicio de Dios. De tal manera que esos cuarenta años, se convirtieron en la espera de Dios, hasta que cada uno de ellos muriera. (Excepto Moisés, Caleb, Josué)

 

Observemos esto: Ahora, es muy complicado entender, como un pueblo que camino bajo un pacto imperfeto, camino en medio del juicio de Dios, en medio de un sacrificio que no lavaba las vidas del pecado, porque era con sangre de animales, y solo eran perdonados por un año. ¿Cómo es posible que esta gente viviera en prosperidad y sanidad absoluta?

 

La carencia de ejercitar con una mente de revelación lo que dice 3 Juan 1:2 “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” Nos ha ocultado la realidad de quien es nuestro Padre y la realidad irrefutable de que Él no necesariamente utiliza el hambre, la enfermedad, o la frustración para hacer algo con nosotros.

 

Lo que acabo de decir, se que impacta nuestra mente, porque culturalmente le hemos atribuido a Dios cosas que no son, y nos es más sencillo atribuirle cosas, ante la falta de revelación para no caer en ellas. Dice Judas 1:24 (DHH) “El Dios único, Salvador nuestro, tiene poder para cuidar de que ustedes no caigan…”

 

Esto debe cambiarnos en concepto mental que tenemos, porque justamente es por no entender que no necesariamente tenes que caer en algo para lograr algo, nos ha mostrado a un Dios que no precisamente es lo que Es. Dios sustenta y no necesita recursos humanos para eso. (Aunque los use) Por eso Jesús expreso: “vuestro Padre que está en los cielos, sabe de lo que tenes necesidad… no estés afanado por ello…”

 

La carencia de revelación nos han llevado a malos hábitos

 

Nosotros somos el resultado de nuestros hábitos. En lo espiritual igual.

 

Muchos utilizan la lástima, utilizan su necesidad actual para conseguir cosas. El tema es que con la lastima se consigue, pero no tiene fundamento y la persona con el tiempo adopta un habito de mendicidad. Como consecuencia, su aflicción es permanente, no tiene frutos y da vueltas en la misma situación.

 

La necesidad de aquel que no conoce mueve a Dios, pero la necesidad de aquel que sabe quién es Dios no. ¿Por qué?, porque aquel que conoce sabe que lo Mueve por la fe. Así son los hijos, sino terminaremos siendo mendigos. Los Hijos tenemos necesidad, muchas. Pero no movemos a Dios por ellas, sino por la Fe.

 

Aquellos que no se sienten hijos es porque no han descubierto a su Padre. Ahora, ¿porque es necesario descubrir a nuestro Padre? Para que podamos caminar como hijos. Hemos sido enseñados a desarrollar una cultura de necesidad y carencia. Esto se ha metido en la iglesia, por eso nosotros predicamos y hablamos y oramos todo basado en la necesidad.

 

Si observamos a Jesús, el vino a suplir dos tipos de necesidades.

 

1. Por medio de su poder, el suplió la necesidad natural del hombre. Tanto de alimentos, como de enfermedades. Etcétera.

2. Por medio de su palabra, el suplió la necesidad que el hombre tenia por conocer al Reino, y descubrir así, quien es el Rey de ese reino.

 

El diablo y la inmadurez del ser humano, ha llevado a enfocar nuestra vida en la necesidad natural y no nos hemos dado cuenta que perdimos la revelación del Reino.

 

Estoy convencido, que nuestra necesidad actual, no es la natural, sino la de conocer en profundidad, con un desarrollo de búsqueda responsable, sobre quien es Dios y lo que quiere conmigo. Conocer a ese Dios que dijo en Romanos 8:29 “También los predestinó…” Esta palabra es clave, Predestinó. Esta palabra invalida la necesidad y demuestra a un Dios totalmente diferente al que en muchas ocasiones predicamos, vivimos y demostramos.

 

Predestinó sig.: Destinar anticipadamente algo para un fin

 

Destinar sig.: Ordenar, señalar o determinar algo para algún fin o efecto

 

La pregunta es ¿Qué lugar ocupa esa necesidad que me está apagando mi espíritu, cuando sabemos que tenemos un Dios que anticipadamente dijo lo que íbamos a hacer y donde íbamos a terminar?

 

 

La otra pregunta es ¿Qué lugar ocupa la necesidad? Conociendo a un Dios que predestina ¿Qué tipo de poder puede tener la necesidad en mi?

 

Tu realidad y mi realidad es otra. Es la realidad de un Dios que te ha predestinado, por consecuencia tiene preparado tu sustento para que alcances aquello que Él diseño antes que lo conozcas en la tierra.