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Dejar ir

LEA:  Filipenses 3:3-11
Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. —Filipenses 3:7
Se ha dicho que «la basura de una persona es el tesoro de otra». Cuando David trató de ayudar a sus padres a limpiar su casa de «artículos innecesarios» antes de que se mudaran a otra menor, encontró esta tarea muy difícil. A menudo se enfadaba cuando sus padres se negaban a separarse de cosas que no habían usado durante décadas. Finalmente, el padre de David le ayudó a entender que incluso los artículos desgastados e inútiles estaban ligados a personas o vivencias importantes. Deshacerse de los cachivaches era como borrar sus propias vidas.

Nuestra renuencia a guardar los cachivaches en nuestros hogares puede ser un paralelismo espiritual con nuestra incapacidad para limpiar nuestros corazones de las actitudes que nos agobian.

Durante muchos años, Saulo de Tarso se aferró al nivel de «rectitud» que había logrado al obedecer la ley de Dios. Su linaje y desempeño eran posesiones muy preciadas hasta que tuvo un encuentro con Jesús en el camino a Damasco (Hechos 9:1-8). Cara a cara con el Salvador resucitado, renunció a su tan atesorado esfuerzo propio y más tarde escribió: «Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo (Filipenses 3:7).

Cuando el Espíritu Santo nos insta a soltar una actitud a la que nos aferramos y que nos impide seguir a Cristo, encontramos verdadera libertad al dejarla ir.



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