Dos trompetas de plata

Jehová habló a Moisés, diciendo: Hazte  dos trompetas de plata; de obra de martillo las harás, las cuales te servirán para convocar la congregación, y para hacer mover los campamentos. Números 10:1,2.

Dios está interesado aun en los pequeños detalles. Él le especificó a Moisés que debía hacer dos trompetas y que cada una de ellas debía hacerse de una sola pieza de plata. Estas trompetas no eran solamente para llamar a asamblea y para indicar el comienzo y el final de un día de marcha, sino que eran usadas también para comenzar una batalla y en ocasiones especiales. Dios en realidad prometió que cuando la trompeta fuera tocada en tiempos de batalla, el libraría a su pueblo de sus enemigos (Número 10:9).

El hacer sonar las trompetas de plata es un símbolo de la oración. Las trompetas del jubileo mencionadas en el libro de Levítico eran un símbolo de la predicación del Evangelio. Podemos estar seguros de que cuando oramos, el Señor nos recuerda y nos libra de los asaltos de Satanás y de sus malos ángeles. Así como una trompeta emite un sonido agudo y agradable, nuestras oraciones deben contener no solamente pedidos sino también una gozosa alabanza tributada a Dios por su bondad.

Las dos trompetas de plata se usaron por primera vez para iniciar a los hijos de Israel en su marcha por el desierto del Sinaí. Era el plan de Dios de que ellos viajaran por la ruta de Cades directamente a la tierra de Canaán, pero debido a la desobediencia, tuvieron que vagar por el desierto durante cuarenta años. Ese tiempo, casi todos los adultos que habían salido de Egipto habían muerto. Solamente dos espías fieles, Josué y Caleb, estaban vivos para pasar a la tierra prometida. Ni aun a Moisés se le permitió entrar. Sin embargo, el fue resucitado de los muertos y está en el cielo hoy en día (mateo 17:3), como representante y anticipo de todos los que murieron creyendo en Jesús, los cuales serán resucitados cuando él regrese a la tierra.

El sonido de las trompetas de plata podía ser escuchado por todo el campamento de Israel, y cuando el pueblo lo oía, tenía que obedecer. De la misma manera, necesitamos obedecer la voz de Dios cuando él nos habla por medio de su palabra y en oración.



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