Mis dos centavos

Recientemente en nuestro hogar tuvimos que cambiar nuestro proveedor de Internet. Nuestro antiguo proveedor prometió mandarnos lo necesario para que le devolviéramos su módem. Esperamos. No llegó nada. Llamé por teléfono. No llegaba nada, ¡pero sí recibimos una factura del equipo!

Como quería resolver esto, decidí devolver el equipo de mi propio bolsillo. Envié varios faxes preguntando si lo habían recibido, pero no obtuve respuesta. ¡Luego recibí un cheque de reembolso por dos centavos de dólar por el equipo devuelto! Algo así puede ser frustrante. Una transacción simple se complicó por una mala comunicación.

Es triste decirlo, pero tal vez algunas personas en nuestras iglesias encuentren una respuesta impersonal a sus necesidades. Sea que busquen asesoría matrimonial, cuidado infantil, guía para algún adolescente con problemas, o una comunidad amable, les parece que nadie se preocupa por ellos.

La iglesia del primer siglo no era perfecta, pero era fiel al ayudar a los demás. La iglesia en Jerusalén repartía «[sus propiedades y sus bienes] a todos según la necesidad de cada uno» (Hechos 2:45).

La buena comunicación es el punto de partida para saber las necesidades de los demás. Esto nos permite poder dar ayuda personal y práctica a las personas cuando la necesitan. Los recursos, tanto materiales como espirituales, pueden dirigirse a cada persona como el objeto del amor personal de Dios..



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