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No codiciarás… cosa alguna de tu prójimo. —Éxodo 20:17

El comedero para aves atado a la ventana de mi oficina está justo fuera del alcance de las ardillas. Pero una ardilla se ha planteado como misión especial obtener las semillas que son para los pájaros. Al ver a sus diminutos vecinos mordisquear ruidosamente la abundante provisión, la ardilla está obsesionada con disfrutar del mismo placer. Ha tratado de llegar al comedero desde todos los lados, pero sin éxito. Se abrió paso trepando por el marco de madera de la ventana hasta llegar a tan sólo unos cuantos centímetros del comedero, pero cayó por el vidrio resbaladizo. Trepó por las delgadas ramas del arbusto forsitia, y llegó tan al borde que cayó al suelo.

Los incansables intentos de la ardilla por obtener lo que no ha sido preparada para ella nos traen a la memoria a un hombre y una mujer que tomaron alimento que no había sido provisto para ellos. Ellos también sufrieron una caída; una caída tan severa que causó un profundo dolor a toda la raza humana. Debido a su desobediencia y a que tomaron un alimento que Dios les había dicho que no comieran, el Señor les puso donde ya no pudieran alcanzarlo. Como resultado de dicha desobediencia, ellos y sus descendientes ahora debemos trabajar duro para obtener lo que originalmente Dios había dado como un regalo: el alimento (ver Génesis 2–3).

Que nuestro deseo por tener lo que Dios ha mantenido fuera de nuestro alcance no nos impida disfrutar lo que sí nos ha dado (Hebreos 13:5). —



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