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Prestar atención

Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.
Hebreos 2:1.

Vivimos en un mundo materialista; las cosas espirituales parecen utopía. Hay gente sincera que piensa que el cielo, la Tierra Nueva, las mansiones celestiales y la segunda venida de Cristo son cosas que están solo en la imaginación de gente fanática. Pero, la Biblia está llena de escenas dramáticas, que muestran que en todos los tiempos hubo gente incrédula que un día tuvo que enfrentarse con la realidad de las cosas.

En los tiempos de Noé, por ejemplo, muchos hombres llegaron al punto de considerar que Noé estaba loco. Nunca había llovido, ¿por qué tendría que llover ahora?

Pero, un día, el futuro que parecía irreal y distante llegó, y las puertas del arca se cerraron; el cielo se puso oscuro, y empezó a llover. Muchos corrieron a pedir ayuda a Noé, pero él no pudo hacer nada: manos invisibles habían cerrado el arca, y solo Dios podría abrirla.

La Biblia afirma que, cuando Jesús se manifieste en las nubes de los cielos, habrá gente que, llorando, lamentará: “Pasó la ciega, se acabó el verano y nosotros no hemos sido salvos”. Dejaste pasar tu oportunidad; no tomaste las cosas espirituales con seriedad; te dejaste contagiar por la filosofía materialista de nuestros días; no fuiste capaz de mirar hacia el futuro; no fuiste capaz de valorizar las promesas divinas, la bendición, la salvación. Ahora, se acabó la oportunidad, ya es demasiado tarde, ya no hay más bendición.

Todos nosotros, un día, pasaremos por un momento dramático seme­jante a este. Gente que vivió como si el presente nunca fuese a terminar. Vivió sin mirar al cielo.

Por eso, el texto de hoy advierte: Todo lo que ves a tu alrededor acabará. Esta tierra no es eterna; Jesús vuelve para ponerle un punto final a la histo­ria del pecado. Ya que esto es lo que va a suceder, ¿por qué no vivir con esa expectativa en el corazón y, así, marchar sabiendo que nuestro verdadero hogar se aproxima?
Haz de este un día de justicia y de santidad.

La santidad cristiana no sig­nifica andar todo el tiempo con la Biblia debajo del brazo, y preocupado en descubrir lo que es pecado. Santidad es la maravillosa experiencia de andar con Jesús; todos los días, en todos los momentos. Y esa experiencia puede empezar para ti hoy.

No lo olvides: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!”



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