Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

Plenitud en medio de las tormentas.

Pastor Fernando A. Jimenez

Debemos ser conscientes que no estamos solos y que el Señor Jesús nos acompaña siempre, dispuesto ha ayudarnos.

Sobre uno de los costados del hermoso Puente Villena Rey, en Miraflores, sector exclusivo de Lima, se puede apreciar el mar Pacífico y, cuando muere el sol en la tarde, el tiempo parece que se detiene y lo qué más anhela nuestro corazón, es compartir ese instante único e irrepetible al lado de la persona que amamos. Una obra de arquitectura que encierra a la vez, hermosura y modernidad. ―Un orgullo de los peruanos, me dijo alguien al ver mi admiración por la enorme estructura de cara al océano.

No se trata únicamente de acero y concreto. No. En absoluto. Es un monumento al progreso. Su construcción la impulsó el licenciado Mario Cabrejos Quiñones durante el período que fuera alcalde de Miraflores.

–Desde aquí se puede divisar el malecón y que se extiende mucho más abajo, bordeando la playa—me explicó un amable anciano el día que me vio tomando fotografías en una de las tantas visitas que realicé a territorio peruano.

Sin embargo, tras la historia del puente se esconde otra realidad: por muchos años se le conoció como el paraíso de los suicidas. Dada su altura y que el vacío termina en una enorme superficie de asfalto, en una de las avenidas limeñas más transitadas, quienes creían que la vida no tenía sentido, decidían saltar
desde ese lugar.

Para algunos era el sitio ideal para ver atardecer junto con su cónyuge, en una de las escenas románticas que generalmente nos hacen evocar buenos momentos y alimentar lo maravilloso de estar casados; para otros era simplemente el punto de partida hacia la eternidad, cuando querían terminar sus vidas.

¿Alguna vez pensó en el suicidio?¿Sintió acaso que nada tenía sentido? Probablemente sí. En su conocido blog el sicólogo español, Fernando Pena Vivero reconoce que todo ser humano alguna vez ha pensado en suicidarse, y escribe que: “Está comprobado que a todo el mundo, alguna vez en la vida se nos pasa por la cabeza algún pensamiento que calificaríamos de “disparatado”. La diferencia entre las personas “sanas” y las que llegan a padecer un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), es que las primeras son conscientes de que ese pensamiento disparatado es una tontería, no significa ni que lo piensen
realmente ni mucho menos que vayan a llevarlo a cabo, no le dan la más mínima importancia. Por el contrario el segundo tipo de personas, si le da importancia al pensamiento y lo que es peor, le dan credibilidad de forma que se obsesionan con él pensando que si se les ha pasado por la cabeza algo así eso quiere decir que lo desean, están de acuerdo y que corre el peligro de que ejecuten ese pensamiento.Error. Mentira. Enorme equivocación.”

No es ilógico, entonces, que en medio de la desesperación, probablemente alguna vez salió a caminar sin rumbo fijo, pensando que lo mejor era llegar al fin de su existencia.

¿Estamos solos en medio de la crisis?

Las crisis nos golpean a todos los seres humanos. Nadie está exento. Y pueden afectarnos externamente, por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, o internamente, cuando no sabemos manejar las condiciones difíciles por las que atravesamos. Pero, ¿acaso estamos solos en medio de la tormenta? Sin
duda que no.

El autor y conferencista norteamericano, John Eldreddge , asegura que siempre procuramos encontrar quién nos está causando esa situación, e incluso, llegamos a pensar que Dios nos dejó solos. Las preguntas nos asaltan en todo momento: “¿Nos ha abandonado Dios? ¿No hemos orado lo suficiente?¿Es algo que aceptamos como “parte de la vida”, lo aguantamos, aún cuando nos rompe el corazón? Después de un tiempo, la acumulación de hecho tras hecho que nos gustan o no entendemos corroe nuestra confianza de que somos parte de algo grande y bueno, y nos reduce a una mentalidad de sobreviviente. Lo sé, lo sé,
siempre nos han dicho que somos importantes para Dios. Y un par de nosotros lo cree. Pero la vida tiene una forma de ir quitando poco a poco nuestras convicciones, socavar nuestra firme creencia de que él quiere lo mejor para nosotros…” (1)

Los problemas son inevitables, bien sea que los generemos o que otros los desencadenen sobre nuestra existencia. ¿Qué debemos hacer? Primero, entender que la vida está matizada por momentos dulces y ratos amargos; el segundo, que el propósito eterno de Dios es que vivamos plenamente y, el tercero, que aprendamos a vivir plenamente aun cuando haya factores que procuren robarnos la paz interior.

Si bien es cierto la adversidad toca a nuestra puerta, debemos ser conscientes que no estamos solos y que el Señor Jesús nos acompaña siempre, dispuesto ha ayudarnos. ¿Problemas? Sin duda los habrán, pero Dios nos concibió con las potencialidades para vencerlos.

Al respecto Eldreddge escribe: “Nos ponemos la armadura al tener una perspectiva sólida y buena de nuestra situación, al obtener claridad sobre las batallas de nuestra vida. Las intenciones de Dios para nosotros son vida. Y esas intenciones reciben oposición. El que está avivado, queda avisado, o como dice
el dicho: Guerra anunciada no mata soldados… Hasta que no aceptamos que la guerra es el contexto de nuestra vida diaria, no vamos a entender la vida. Vamos a interpretar mal noventa por ciento de lo que ocurre a nuestro alrededor. Va a ser muy difícil creer que las intenciones de Dios para nosotros son la vida abundante; y será aún más difícil no sentir que de alguna manera nosotros estamos echando a perder esos planes de Dios. Lo que es peor, vamos a comenzar a aceptar algunas afirmaciones realmente horribles en cuanto a Dios.”(John Eldreddge. “El despertar de los muertos”. Editorial Caribe. 2004. EE.UU. Pg. 19)

La victoria nos asiste, no importa qué momento difícil estemos enfrentando, si tan solo depositamos toda nuestra confianza en el Señor. Jesucristo es quien pelea nuestras batallas como capitán invencible, y va delante de nosotros como poderoso gigante.

Dios nos llama a una viva plena

El llamamiento de Dios es para que disfrutemos la vida a plenitud. No desea que oscilemos entre la alegría y la tristeza cuando las dificultades nos asaltan; por el contrario, espera que avancemos siempre en victoria.

El Señor Jesús lo enseñó claramente cuando dijo a sus discípulos y a nosotros hoy: “El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.”(Juan 10:10. Nueva Traducción Viviente) Dios quiere para nosotros vida plena, no amargura y desesperanza, como lo describe el apóstol Pablo: “Pues hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva.”(Romanos 6.4. Nueva Traducción Viviente)

Le invito a releer estas líneas: también podemos vivir una nueva vida. Es esencial que lo comprendamos. Es una decisión personal seguir sumidos en la desesperanza o por el contrario, reemprender el curso de una vida con sentido, en la que cada día es motivo de gozo, aprendiendo algo, alcanzando un nuevo nivel, avanzando hacia la realización personal.

La decisión de dejarnos arrastrar por la corriente o sobresalir, dispuestos a alcanzar la victoria, es nada más que nuestra, como describe el autor y conferencista, John Maxwell: “Hay dos clases de personas en este mundo: las que quieren que las cosas se realicen y las que no quieren cometer errores. Sin
embargo, en el terreno humano muchas personas no hacen esa conexión. Sencillamente esperan tener buenos resultados. La esperanza no es una estrategia. Si quieres buenos resultados, necesitas realizar buenas acciones. Si deseas realizar buenas acciones, necesitas tener expectativas positivas.
Para tener expectativas positivas, tienes que creer primero. Todo llega a ese punto.”(John Maxwell. “El Talento nunca es suficiente”. Editorial Betania. 2001. EE.UU)

Dios quiere darnos vida, y vida en abundancia. Es una decisión nuestra. Él quiere guiarnos en el camino como enseña el rey David: “Con razón mi corazón está contento y yo me alegro; mi cuerpo descansa seguro, porque tú no dejarás mi alma entre los muertos ni permitirás que tu santo se pudra en la tumba. Me mostrarás el camino de la vida, me concederás la alegría de tu presencia y el placer de vivir contigo para siempre.”(Salmo 16:9-11. Nueva Traducción Viviente)

Nuestro amoroso Padre celestial es quien nos señala ―el camino de la vida‖ y llena de paz y alegría nuestro corazón. Puede que el día luzca entenebrecido y no se vea el sol por ninguna parte. Si depositamos en Dios nuestra confianza, Él nos sacará del pozo de la desesperación y nos llevará a nuevos niveles.

La victoria es para nosotros, no lo olvide jamás.

Y refiriéndome a la paz interior, tengo una pregunta: ¿Ya recibió a Jesucristo como su Señor y Salvador? Hoy es el día para que lo haga. Puedo asegurarle que no se arrepentirá porque el Señor transformará su existencia y le llevará a la victoria, tanto en el propósito de crecimiento personal como espiritual.



Ultimos comentarios
  1. maria
  2. Ricardo Tenjo
  3. nancy rios
  4. LUCERO
  5. gregorio hernandez galvan

Dejar comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Recibe las nuevas
reflexiones en tu correo!

Escribe tu dirección de email: