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Un regalo de Dios

Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que cumple su propósito a favor mío. Salmo 57:2

Ya hemos conocido que nuestro Dios es maravilloso. El nos sabe regalar de acuerdo al don de su gracia. Dios me dio ese regalo que  es mí precioso hijo, al cual amo con todo mi corazón, y a través del cual el Señor nos puso a prueba.

Casi dos años después de haber recibido este precioso regalo pasamos una prueba muy dura que creímos por un instante no poder superar. Andando mi niñito de apenas tres años con su padre, en un momento de descuido el niño cruzó la carretera. Aunque era un paraje con poco tráfico, no quisieron las circunstancias que el pequeño se librara de un accidente y, en un instante, ocurrió una terrible tragedia: mi niño fue atropellado por un automóvil, que lo dejó inconsciente.

Mi esposo aún repite: “Estaba muerto”. Su padre lo recogió bañado en sangre y, entre lágrimas, llanto y gritos, le suplicaba a Dios: “Resucítalo, Señor. Devuélveme a mi hijo”.

En el momento de ese terrible accidente, yo me encontraba en casa, a unas doce horas de camino. Había tenido que volver antes a casa por un compromiso de trabajo. Llegaba de mi trabajo cuando recibí esa terrible llamada de mi esposo dándome la noticia de que mi bebé había tenido un accidente y había sido atropellado. No sé explicar que sentí en ese momento: desesperación, culpa, dolor, llanto… fue como si todo se me nublase. Pero recuerdo que, en un momento de lucidez dije: “Señor, ¡ese fue tu mayor regalo para nosotros y estoy segura de que tu no nos lo vas a quitar! Ayúdame a tener serenidad, a pensar que debo hacer. Ayúdame, Señor a salir de aquí. Padre, dame un transporte para salir de aquí y estar con mi hijo”.

En unos minutos recibí otra llamada de mi esposo diciéndome el niño acaba de salir del quirófano y estaba fuera de peligro. ¡No lo podía creer! El Señor había hecho otro milagro en mi vida. ¡Qué maravilla de Dios tenemos! Pude llegar esa madruga a estar con mi bebé. Dios hizo posible que llegase puntual a cada uno de los trasbordos que debía realizar en diferentes poblaciones, de modo que pude llegar sin más dilación junto a la cama del niño. Todo esto por tan solo confiar en el Señor y en su maravillosa gracia.

“Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras”.  Salmos 73:28 



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