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El huraño

Tiene en los ojos desconfianza.
Algunos lo rotulan de histérico
y lo castigan.
Todos se alejan,
lo señalan, lo desprecian,
no vaya a ser
que no coseche su hosquedad.
A nadie se le ocurre
que eran seis y sólo había
un poco de pan para cenar.
Siempre vivir fue pelear
y acostarse aguijoneado por el hambre.
Acostarse a luchar
por un trozo de sábana,
por un pedazo de colchón.
Lo condenan por sus ojos al acecho.
¿Es que nadie sabe darle amor
sin exigírselo primero a él…
que creció sin conocerlo?

Norma Panozzo de Ré



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