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Fidelidad

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Lucas 16:10.

Nando despierta sudoroso. La noche le ha parecido interminable. Los vidrios de la ventana están húmedos, como su cuerpo, y el recuerdo de sus sueños lo perturba.

Siempre le ocurre lo mismo. Últimamente, tiene la sensación de que las cosas no andan bien; su mundo interior se desintegra. Trata de buscar la razón en el archivo de su memoria, y no encuentra un motivo lógico para sentirse de ese modo.

Pero, Nando conoce la razón. Intenta racionalizar su conducta; sin embargo, su inconsciente no acepta sus argumentos. Viene informando un gasto que no realiza, y la empresa le paga por eso. Es una cantidad pequeña; nadie, jamás, descubrirá lo que hace. Pero, a partir de aquel instante, siente que las cosas no se ajustan dentro de él.

El versículo de hoy habla de la fidelidad en las cosas pequeñas. Detalles diarios que nadie percibe; gotas insignificantes que caen de la canilla mal cerrada y que, a fin de mes, elevan la cuenta a una cifra escandalosa.

No te cuides solamente de los grandes errores. La vida está compuesta de detalles. Son las partículas que componen la materia; diminutas células que mantienen el cuerpo vivo. Al final de la historia, muchos entenderán que corrieron la carrera equivocada. Se cuidaron de las fieras gigantescas, y permitieron que bacterias insignificantes invadiesen su cuerpo.

Las pequeñas victorias te preparan para las grandes conquistas; las insig­nificantes derrotas son la sábana que envuelve el cadáver del gigante vencido. Lo dijo el propio Señor Jesús.

Pide a Dios que te ayude a ser fiel en los detalles diarios. Apaga la luz que no usas; guarda la tinta que sobró; cambia la lámpara intermitente; cierra la puerta; arregla el techo que gotea… en fin. Abre los ojos a las cosas pequeñas, y espera la victoria en lo trascendental.

Haz de este día una jornada especial de detalles. Dale importancia a lo común. Acaricia a las personas amadas, saluda al vecino, arregla la posición del florero, ordena tu escritorio… Porque “el que es fiel en lo muy poco, tam­bién en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”.



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