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La manifestación

LEA:  Lucas 2:25-35
Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá. —Isaías 40:5
La habitación era un desastre: muebles que no combinaban, pintura descolorida, conexiones eléctricas horrorosas, cachivaches amontonados por todas partes. Los dueños de la casa intentaron mejorar algunas cosas, pero se veía cada vez peor.

Así comienza un programa de televisión sobre cómo reformar una casa. Después de entrevistar a los dueños, el diseñador elabora un plan para aprovechar al máximo el cuarto. Los productores del programa crean un clima de suspenso que va en aumento hasta llegar a lo que se denomina «la revelación». Los televidentes observan los progresos, junto con los «uh» y los «ah» de los propietarios al ver la nueva habitación.

Con el tiempo, el mundo se ha convertido en una especie de habitación descuidada. La gente lo satura de objetos que no corresponden; prioriza cosas que entorpecen su potencial. La vida se torna oscura, abarrotada e ineficaz. Los proyectos de autoayuda traen muy pocos beneficios.

La Biblia es el diseño divino que muestra la mejor manera de vivir. Dios genera suspenso a lo largo del Antiguo Testamento. Luego, en el momento indicado, llega la gran revelación: ¡Jesús! Al verle, Simón exclamó: «Porque han visto mis ojos tu salvación… luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2:30-32).

Llegamos a ser parte de la gran «revelación» de Dios cuando seguimos Su diseño y el ejemplo de Cristo.



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