SANGRE QUE LIMPIA LA CONCIENCIA

Sangre que limpia la conciencia

Aquellos son los que están saliendo de la gran tribulación; han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero (Apocalipsis 7: 14).

LA SANGRE DE CRISTO ES CAPAZ de limpiar nuestra conciencia del mal. En los servicios del santuario ofrecidos diariamente, la sangre de los animales cubría los pecados, para que el oferente pudiera regresar a casa con una conciencia tranquila, y liberarse así de la culpa, que es tan destructiva. De este modo, la gente se sentía bien. Es algo así como cuando tenemos un fuerte dolor de cabeza y tomamos un analgésico. Decimos que desapareció el dolor. En realidad, la causa no desaparece. Lo que sucede es que no sentimos dolor. Los israelitas iban al santuario llevando su ofrenda por la culpa a buscar un analgésico, para sentirse bien. Regresaban a sus casas con una conciencia tranquila, con la promesa del perdón. Pero allá en el fondo de sus mentes se preguntarían cómo la sangre de animales podía solucionar el pecado. Esto lo tenían que hacer continuamente, cada vez que cometían un pecado y su conciencia los molestaba. El autor de Hebreos decía: «Esto nos ilustra hoy día que las ofrendas y los sacrificios que allí se ofrecen no tienen poder alguno para perfeccionar la conciencia de los que celebran ese culto» (Heb. 9: 9).
Pero la sangre de Cristo sí puede limpiar nuestra conciencia. Es decir, no solo nos trae el perdón de nuestros pecados y nos libera de la culpa, sino que nos purifica y limpia interiormente del mal. El apóstol nos dice: «La sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7). Limpiar la conciencia significa limpiar la mente. Solo Dios puede hacer esto. Ha obtenido el derecho en virtud de lo que Cristo hizo en la cruz por nosotros.
Se nos dice: «Debemos formar caracteres libres de pecado, caracteres hechos justos en la gracia de Cristo y por ella. Nuestros corazones deben ser limpiados de toda impureza en la sangre derramada para quitar el pecado» (Con­sejos sobre la salud, p. 635).

La sangre como medio de victoria

Sin embargo, gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva triunfantes (2 Corintios 2: 14).

LA SANGRE DE CRISTO ES TAMBIÉN el medio por el cual podemos alcanzar la victoria en la vida cristiana, y también la victoria final en el gran conflicto. Dice el revelador: «Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio» (Apoc. 12: 11). La sangre derramada de Cristo nos hace victoriosos. Pero esto encierra una gran paradoja. Cristo murió en la cruz del monte Calvario, y allí derramó su sangre por nosotros. A los ojos humanos, su muerte fue un fracaso rotundo. Pero desde el ángulo de la fe, era una gran victoria. Tan grandiosa que lo llevó a la «glorificación». Jesús afirmó: «Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado […]. Ciertamente les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto» (Juan 12: 23, 24). «Cuando Judas hubo salido, Jesús dijo: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él”» (13: 31). Jesús triunfó cuando entregó su vida. El plan de la salvación contemplaba que muriera por los pecados del mundo. Cuando Cristo finalmente vertió su sangre, el cielo celebró su triunfo.
Pero la victoria de Cristo fue nuestra victoria. Su triunfo nos alcanzó a todos. Triunfamos en él. Obtuvo el derecho de capacitarnos para vencer el mal. Por eso, el apóstol exclamaba: «¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!» (1 Cor. 15: 57). Con esta seguridad vamos por la vida no como personas derrotadas sino como personas victoriosas.
Meditemos: «La vida cristiana es una entrega diaria, sumisión y continuo triunfo que gana renovadas victorias cada día. Esto es el crecimiento en Cristo, que da forma a la vida de acuerdo con el modelo divino» (A fin de conocerle, p. 56).

Que Dios te bendiga,

Octubre, 02 2010

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  1. Dinelis Alix

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