Duelo por un duelo

«El grupo de caballeros… conversaba a puertas cerradas….

»—Con el exceso de pólvora en las cargas, sabemos que el disparo se desviará lo necesario para evitar desgracias —explicó uno de los individuos mientras manipulaba un par de trabucos….

»Una media hora más tarde… alrededor de las diez de la mañana… junto a la cancha grande del Parque Central… [iba a comenzar] el duelo que enfrentaría a José Batlle y Ordóñez[, ex presidente de Uruguay,] y Washington Beltrán…. El retador era Batlle, [jefe del Partido Colorado,] quien se había sentido ofendido en su honor por el artículo “Qué tupé” que el joven nacionalista blanco publicara en el matutino El País….

»Batlle siempre había preferido el sable, ya que sabía que era un arma más fácil de dominar…. Pero unos días antes… se había luxado su muñeca derecha en la bañera, y su contendiente pareció impacientarse.

»—Debes postergar el duelo hasta que se cure tu mano[, Pepe] —le había dicho Matilde a su esposo… al enterarse de que el lance sería con armas de fuego….

»Pero ya todo estaba arreglado, y ese viernes santo, desafiando la lluvia…. el coche de Batlle se [dirigió] al Parque Central. Junto a él iban su médico personal, el doctor Mérola, y sus padrinos….

Washington Beltrán [salió] de su hogar… mientras sus pequeños hijos dormían y su joven esposa intentaba ahuyentar amargos presentimientos…. Con sus padrinos… y el doctor Lussich… [aguardó a Batlle] en el lugar previsto….

El lance era a veinticinco pasos y a dos balas.

En unos pocos segundos todo había terminado…. La segunda bala del revólver de Batlle perforó el pulmón derecho de su contrincante, tiñéndole de carmesí la camisa…. La vida de Beltrán se le iba de entre las manos [al doctor Lussich] mientras intentaba calmar el borbotón de tos que arrojaba por la boca del moribundo los últimos vestigios de aliento que quedaban en ese joven e ilustre ciudadano….

»Consciente de la gravedad del herido… [Batlle] se desmoronó rápidamente, y nadie se animó a interrumpir su llanto….

»—Disparé al piso…. No sé cómo la bala se elevó hasta el pecho —repetía incrédulo hasta agotar sus fuerzas….

»[A partir de] ese 2 de abril de 1920…. para Matilde y Pepe ya nada volvería a ser igual.»1

Lo cierto es que lo sería mucho menos para la viuda y los pequeños hijos de Beltrán en este trágico relato de la novela histórica de la escritora uruguaya Mercedes Vigil titulada Matilde, la mujer de Batlle. Porque lo único que seguiría siendo igual sería la inigualable e inagotable gracia de Dios, a quien ambas familias podían recurrir no sólo en busca de perdón sino también de consuelo, así como podemos hacerlo nosotros cuando tenemos que afrontar las consecuencias de decisiones disparatadas y desatinadas de las que nos arrepentimos en lo más profundo de nuestro ser.

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
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1Mercedes Vigil, Matilde, la mujer de Batlle (Montevideo, Uruguay: Editorial Planeta, 2003), pp. 261-66.

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