El burro de la Entrada Triunfal

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Imagen por nousku

«Cuenta una curiosa fábula que la mañana de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén sobre el humilde lomo de un asno, cuando el borriquillo regresó, todas las bestias se le acercaron para informarse de lo que había acontecido. El burro comenzó a pavonearse entre sus congéneres y, asumiendo poses de importancia, les dijo: “Ustedes no saben lo importante que le he parecido a la gente esta mañana. Todos corrían para verme pasar, y nadie permitió que mi fino casco se manchara con la inmundicia del suelo. Todos arrojaban sus mantos para que yo pasara sobre ellos.”

»Una vaca le preguntó: “¿Y cuando tiraban sus mantos para que tú pasaras sobre ellos, que decían?” “Bueno —respondió el burro con más orgullo aún—, decían: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”

»Al escuchar eso, todos los animales soltaron una estruendosa carcajada. “¡Qué tonto eres! —dijo uno de ellos—. Aquella gloria no era para ti. Era para el que cabalgaba sobre tu lomo. Era para Jesús, el Hijo de Dios.”»

Esta fábula la contó el Hermano Pablo por la radio tres años después de que su primer programa radial, transmitido el primero de julio de 1955, se convirtiera en Un Mensaje a la Conciencia. Lo extraordinario del caso es que, transcurridos más de cincuenta años de transmisión continua de programas que comienzan con historias parecidas, su autor no haya dejado de identificarse con el burro de la fábula.

En una entrevista en 1978 con un reportero del Orange County Register del sur de California, periódico del condado en que está la sede de la Asociación, el Hermano Pablo, con la humildad de siempre, le cuenta al periodista la fábula del burro de la entrada triunfal, y luego se la aplica a sí mismo diciendo: «En cierto sentido, los que servimos a otros… somos como ese burro, y debemos tener cuidado de reconocer que el mensaje que llevamos —nuestro jinete, por así decirlo— es más importante que nosotros. Eso siento yo en mi ministerio —concluye el Hermano Pablo—: que de cierto modo yo soy ese burro, que lleva a cuestas la Palabra…»1

Así que no hay duda de que el Hermano Pablo tiene un concepto de sí mismo diametralmente opuesto al que reflejan las siguientes palabras de un homenaje que se le hizo en el diario La República de San José, Costa Rica:

… el Hermano Pablo… abandona los caminos trillados de la oratoria religiosa… para convertirse en una dinamo que enciende las apagadas luces de la mente con lo insólito.
Es un martillo que golpea la conciencia de todos,
un orientador sin demagogia barata, sin poses de santo y con dimensión de maestro…
… una voz de paz y amor en un mundo de sangre y violencia….
Escucharlo… resulta refrescante….
… Porque este Hermano Pablo… que esparce su voz por todo el mundo de habla hispana, es un hombre dedicado a Cristo, pero con los pies bien pegados a la tierra.2

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1 George Grey, «CM Man’s Messages Reach 50 Million» (Los mensajes de un habitante de Costa Mesa llegan a 50 millones de personas), The Register 23 abril 1978: B1.
2 «Pentagrama», La República (San José, Costa Rica) 4 febrero 1982.

Un Mensaje a la Conciencia

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