El origen de la Real Expedición de la Vacuna

(Víspera del Día Mundial de la Erradicación de la Viruela)

«Para [Carlos IV], como para los demás reyes de España, la viruela era el enemigo más antiguo… el más cruel…. Se calculaba que, en el mundo entero, mataba o desfiguraba a una quinta parte de la humanidad. De todas las plagas que habían azotado al hombre, era la más difundida y la más duradera. Ni la peste, ni el cólera, ni la fiebre amarilla llegaron a representar nunca un flagelo tan universal y persistente como la viruela….» Así describe el escritor español Javier Moro, en su novela histórica titulada A flor de piel, la gran epidemia de viruela que se cernía sobre América a comienzos del siglo diecinueve.1 Y luego relata cómo el rey Carlos IV se valió del médico español Francisco Xavier Balmis para llevar la vacuna al nuevo continente:

«Balmis terminó la traducción y el prólogo de un tratado sobre la vacuna que había escrito el prestigioso médico francés Jacques Louis Moreau de la Sarthe. Balmis [había aprendido] la técnica y [había ayudado] a introducirla en España, convirtiéndose pronto en el vacunador más famoso de Madrid. Era… reconocido como un maestro en los distintos modos de inoculación, en el manejo del instrumental, en la obtención de suero vacunífero y en el método que había de seguirse para asegurar que la vacuna prendiese….»

De ahí que Carlos IV aceptara la propuesta de Balmis de trasladar el fluido de brazo a brazo a través de una cadena humana de niños. Pero como «“padres en su sano juicio jamás dejarían [marchar] a sus hijos [—explicó Balmis—], tenemos que procurarnos niños abandonados en las inclusas, por ejemplo, en la Casa de Desamparados de Madrid o en la inclusa del puerto de donde salgamos”… Balmis había calculado el número de niños que necesitaría, unos doce cada seis semanas, por lo que preveía salir con una veintena desde La Coruña, porque pensó que allí sería más fácil encontrar un barco rápido, una corbeta, al ser un puerto que mantenía un nutrido tráfico con América. Además, había un hospicio de niños huérfanos en Santiago.

»Carlos IV entendió en seguida que la idea era… muy ingeniosa…. “Contribuirán al progreso de la ciencia, lo que dará dignidad y un sentido a sus vidas”, concluyó el monarca…. [Así que en el mes de] junio de 1803 publicó una orden dirigida a todas las autoridades… en los territorios españoles de América y Asia en la que nombraba a Francisco Xavier Balmis y Berenguer director de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna….

»[Cuando Balmis visitó] el Colegio de Desamparados de Madrid, [le explicó al cura director que] venía a escoger a seis niños libres de viruelas para vacunarlos, de manera que pudieran transportar el suero hasta [el puerto de] La Coruña…. [Y luego de elegir a seis chicos, Balmis les dijo:] “Os he elegido para que salvéis al mundo…”»2

Esta síntesis novelada del origen de la también llamada «Expedición Balmis» nos hace recordar las palabras de Jesucristo a los que Él había escogido para que llevaran a todo el mundo la buena noticia de la salvación del pecado.3 «No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure», les dijo Jesús.4 Ahora sólo falta que cada uno de nosotros lleve a otros ese suero salvador luego de haber sido vacunados nosotros mismos.

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1 Javier Moro, A flor de piel (Barcelona: Seix Barral, Editorial Planeta, 2015), p. 138.
2 Ibíd., pp. 147-66.
3 Mr 16:15
4 Jn 15:16

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