Espectáculos perversos

landscape
Imagen por shadobb

(Día Internacional de los Niños Inocentes Víctimas de Agresión)

«Los careados levantaron los gallos, y chupándoles los espolones, se los frotaron luego con limón, a contentamiento del público. Presto, a la voz del juez de pelea, los enfrentaron dentro del círculo.

»El gallero gritaba, agachado sobre el palenque:

»—¡Hurra, poyito! ¡Al ojo, que es rojo; a la pierna, que es tierna; al ala, que es rala; al pico, que es rico; al pescuezo, que es tieso; al codo, que es godo; a la muerte, que ésa es mi suerte!

»Miráronse los contenderos con ira, picoteando la arena, esponjando sobre el dorso rasurado y sanguíneo la gorguera de plumas tornasoladas y temblorosas. Con simultáneo revuelo, en azul resplandor, lancearon el vacío, por encima de sus cabezas, esquivas a la punzada y al aletazo. Rabiosos, entre el vocerío de los espectadores que ofrecían ventajas en las apuestas,1 se acometieron una y otra vez, se cosían a puñaladas, se prendían jadeantes; y donde agarraba el pico, entraba la espuela, con tesón homicida, entre centelleo de los plumajes, entre el salpique de la sangre ardorosa, entre el ruido de las monedas en el estadio, entre la ovación palmotada que hizo la gente cuando vio rodar al canaguay con el cráneo abierto, sacudiéndose bajo la pata del vencedor, que erguido sobre el moribundo, saludó la victoria con un clarineo triunfal.»2

En este capítulo de su obra maestra La vorágine, el novelista colombiano José Eustasio Rivera narra en lenguaje costumbrista una emocionante pelea de gallos. Lo cierto es que, desde tiempos antiguos, el hombre ha buscado divertirse no sólo a costa de los animales, como en las peleas de gallos y en las corridas de toros, sino también a costa del prójimo, como en los espectáculos del infame circo romano en los que gladiadores, por lo general esclavos, entablaban combate mortal. Lamentablemente no ha dejado de buscar tales diversiones depravadas. Una de las más dañinas del siglo veintiuno es el consumo de pornografía vía Internet, que explota no sólo a mujeres sino también a menores de edad, niños y niñas, en proporciones alarmantes.

Esos niños violados son inocentes víctimas, sacrificadas en el altar de las bajas pasiones de los que obtienen provecho de su explotación, ya sean empresarios productores o espectadores consumidores. Aún más indefensos que los gallos de pelea, los niños son el tesoro más preciado que Dios nos ha prestado. A quienes los explotan y los violan, más les valdría que les colgaran al cuello una piedra de molino y los hundieran en lo profundo del mar.3

Pero conste que así como, a causa de su justicia perfecta, Dios tiene que condenar a los que cometen tales actos perversos, a causa de su amor divino, Él quiere brindarnos refugio y protección paternal «como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas».4 Permitámosle que nos ame y nos proteja así, y decidamos que siempre haremos lo mismo con nuestros niños.

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1 ventajas en las apuestas. Lit. gabelas.
2 José Eustasio Rivera, La vorágine (Buenos Aires, Argentina: Ediciones Corregidor, 2002), pp. 119-20.
3 Mt 18:5
4 Mt 23:37

Un Mensaje a la Conciencia

Comparte:
Palabras claves:,


Dejar comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *