«¡Independencia o muerte!»

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Imagen por Steve Byrne’s Photos

(Día de la Independencia de Brasil)

Nació el 12 de octubre de 1798 en el Palacio de Queluz, cerca de Lisboa, Portugal, hijo del rey Juan VI y de la infanta Carlota Joaquina, que era hija, a su vez, del rey Carlos IV de España. Su nombre completo era Pedro de Alcântara Francisco António João Carlos Xavier de Paula Miguel Rafael Joaquim José Gonzaga Pascoal Cipriano Serafim de Bragança e Bourbon.

A los nueve años de edad, se trasladó con su familia a Brasil para escapar de las Guerras Napoleónicas. Allí permaneció la familia real trece años, durante los que convirtió a Río de Janeiro en la capital de facto del imperio portugués y elevó a Brasil a una condición igual a la de Portugal dentro del reino, constituyéndose de ese modo el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve.

Allí mismo en Río, cumplidos los diecinueve años, Pedro se casó con su primera esposa, Leopoldina, archiduquesa de Austria e hija del emperador Francisco I. De esa unión habrían de nacer tres hijas y un hijo, Pedro de Alcántara, que al igual que él llegaría a ser Emperador del Brasil, con el nombre de Pedro II.

A principios de la década de 1820, su padre, el rey Juan VI, se vio obligado a volver a Portugal, y lo dejó en Brasil como príncipe regente. Pero cuando Pedro se opuso a las nuevas medidas de la corte portuguesa que tenían el fin de volver a transformar al Brasil en una colonia, la corte le ordenó que regresara de inmediato a Lisboa. Juntando ocho mil firmas de sus partidarios, los liberales radicales brasileños presionaron a su regente para que se quedara, y lograron convencerlo. Ese 9 de enero de 1822, don Pedro declaró: «Si es para el bien de todos y la felicidad general de la nación, ¡estoy dispuesto! Díganle al pueblo que me quedo» (en portugués: «que fico», por lo que se celebra hasta hoy como el «Dia do Fico»).

El 7 de septiembre de ese mismo año, mientras viajaba de Santos a São Paulo, recibió un comunicado de la corte informándole que le habían retirado el cargo de regente. Cuenta la historia que allí, a orillas del río Ipiranga, don Pedro levantó la espada y gritó: «¡Independencia o muerte!» Fue así como un solo hombre, sin ninguna asamblea ni junta que lo respaldara, declaró la independencia del país más grande de Iberoamérica. Y conste que lanzó ese famoso «Grito de Ipiranga» sólo verbalmente, sin dejar ninguna constancia por escrito.

El 12 de octubre fue proclamado emperador de Brasil, y el primero de diciembre fue coronado formalmente con el nombre de Pedro I.1

Gracias a Dios, ahora todo el pueblo brasileño disfruta de independencia física, y millones de ellos también disfrutan de independencia espiritual. La libertad espiritual se la deben a Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores, al que han proclamado Señor y coronado Rey de su vida.2 Es que Jesucristo, Dios hecho hombre, vino al mundo y se quedó entre nosotros hasta el día en que obtuvo nuestra independencia del reino del maligno. Pues no solamente la declaró de palabra, sino que la consumó mediante su muerte en la cruz por nuestros pecados para que todos pudiéramos ser verdaderamente libres.3

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1 E. Bradford Burns, A History of Brazil (New York: Columbia University Press, 1970), pp. 105-10; Wapedia, s.v. «Pedro I de Brasil y IV de Portugal» <http://wapedia.mobi/es/Pedro_I_de_Brasil_y_IV_de_Portugal#2.> En línea 1 abril 2010; Wikipedia, s.v. «O dia do Fico» <http://pt.wikipedia.org/wiki/Dia_do_Fico> En línea 1 abril 2010.
2 1Ti 6:15-16; Ap 17:14; 19:16
3 Jn 1:14; 19:17-30; 8:32,36

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