«Los primeros vehículos que llegaron a Guatemala»

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Imagen por inky, from the tape

(Antevíspera del Día Mundial en Memoria de las Víctimas de Tránsito)

«En toda sociedad o comunidad, el transporte ha sido uno de los problemas fundamentales…, y nuestra querida Capital [desde que fue trasladada a este Valle de la Ermita] también tiene su historia a ese respecto —escribe el periodista guatemalteco Héctor Gaitán en el segundo tomo de su serie La calle donde tú vives—.

»… Los primeros automóviles [llegaron a principios del siglo veinte], aunque anteriormente ya habían llegado las famosas bicicletas que causaron furor entre los jóvenes chapines.

»Ahora bien, hay indicios de que el primer automóvil llegó a Guatemala en el año de 1899; era movido por un motor de bencina de ocho caballos de fuerza, desarrollando una velocidad máxima de treinta kilómetros por hora…. Los primeros pueblos que vieron llegar autos fueron El Quiché y Antigua Guatemala, [como] también Amatitlán….

»Antiguamente, las clases pudientes mantenían en sus enormes mansiones la infaltable cochera, o sea donde se guardaba el carruaje tirado por caballos. Pues bien, ya cuando principiaron a llegar los automóviles y se marcaron los cambios lógicos, estas cocheras fueron cambiadas por garajes donde se colocaron los carros de famoso estilo por aquellos años….

»En el año de 1905 se hizo una prueba con un auto Ford; este auto tenía que subir las gradas del viejo calvario, que estaba situado en el final de la 6a. avenida y 18 calle. La prueba fue buena y la maniobra publicitaria pegó en los medios guatemaltecos. Algunos hombres de dinero compraron su respectivo auto…. Como no todos sabían manejar, contrataban los servicios de un chofer para que los transportara de un lado a otro. En ese tiempo era de muy mal gusto que una mujer manejara un auto; era más que un atentado a “la moral y las buenas costumbres”….

»… Según el reglamento de tránsito del año 1919, se exigía a los pilotos de autos tocar sus bocinas en cada crucero con el fin de “evitar accidentes”. La medida era extrema si se toma en cuenta que las calles de la pequeña Ciudad de Guatemala lucían lóbregas y solitarias, debido precisamente a la poca población y a la escasez de vehículos. Así que los autos tenían que ir sonando sus bocinas (grito de ganso) por esas calles de Dios, desafiando las maldiciones de las abuelas, ya que las “asustaban” cuando menos se lo imaginaban….

»… Yo me pregunto: ¿Qué dirían nuestros abuelos al ver la proliferación de vehículos actualmente? Hoy en día hay que saber andar en la calle porque, de lo contrario, un error se paga con la vida. ¡Qué lejos quedaron aquellos tiempos cuando a tres cuadras de distancia se escuchaba la bocina ronca de los primeros vehículos que llegaron a Guatemala…!» —concluye Héctor Gaitán.1

Lamentablemente, no son esas las únicas bocinas de advertencia que ya no se escuchan en las calles ni en los cruces de nuestras ciudades. Lo cierto es que se ha ido extinguiendo el sonido de voces influyentes que nos adviertan del serio peligro que representa para nuestra sociedad el paso vertiginoso que llevamos rumbo a la ruina moral. ¡Con decir que ya no nos «asusta» el clamor de ultratumba de niños indeseados ni la resonancia de las voces de legisladores comprometidos a adulterar el sensato sentido del matrimonio! Más vale que de aquí en adelante nos conduzcamos de tal modo que evitemos la desgracia tomando la Santa Biblia como nuestro Reglamento de Tránsito por las calles de esta vida.

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1 Héctor Gaitán Alfaro, La calle donde tú vives, Tomo 2, 2a. ed. (Ciudad de Guatemala: Litografías Modernas, 1989), pp. 132-37.

Un Mensaje a la Conciencia

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