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Detener la hemorragia

“JESÚS DECÍA: “PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE
HACEN'”(LUCAS 23:34).

CUANDO nos cortamos, sangramos. Pero Dios nos puso en la sangre unas
células llamadas plaquetas que, al desencadenar un proceso de
coagulación, dan inicio a la curación. Sin plaquetas, una persona
podría morir desangrada.
Si alguien nos ofende o nos causa algún daño, nuestra naturaleza
tiende a hacernos sentir amargura y resentimiento. Si no nos ocupamos de
ellos, esos sentimientos pueden llegar a causar una “hemorragia
“emocional y espiritual.
Hace algún tiempo hablé con un matrimonio cuya hija había sido
asesinada por su esposo. El yerno cumplía condena en la cárcel y ellos
habían acogido a su nieto.

El problema era que la mujer, en particular, se estaba enfermando a
causa de la amargura y el resentimiento hacia su yerno. Y, lo que es
peor, su fe y su relación con su nieto empezaban a verse afectadas.
Es evidente que, en ese matrimonio, la amargura era la causa del
resentimiento y el odio que empezaba a sentir la abuela hacia su nieto.
Eso significa que la amargura no se dirige únicamente hacia la persona
que nos ha ofendido, sino que, a menudo, afecta a nuestra relación con
terceros, generalmente miembros de nuestra familia.

Oré con la pareja y pedí al Señor que les concediera el don del
perdón. La señora me dijo que no había querido orar para pedir el don
de perdonar a su yerno porque creía que, de hacerlo, habría
significado que la muerte de su hija no le importaba. Le hice ver su
error. Tenía que orar para que Dios pudiera sanar su odio o, de lo
contrario, tendría que vivir con la sensación de que cada día
asesinaban a su hija. Como puede ver, la amargura y el resentimiento son
un freno para la vida. Hacen que vivamos anclados en el pasado.

Al igual que las plaquetas detienen las hemorragias y empiezan el
proceso de curación, el don del perdón corta el paso a la amargura y
al resentimiento para que no destruyan nuestra vida.

Dios te bendiga,



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