La alegría del dolor

Publicado el 27 October 2011

destacados cuentos para reflexionar , pensamientos cristianos, oraciones cristianas, mensajes cristianos para jovenes, devocionales cristianosY ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido

teni­dos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.

Hechos 5:41.

 

La idea central del versículo de hoy es el gozo en medio de la

tribulación.

 

¿Cómo es posible gozar, en medio de la tribulación? La mente no

convertida jamás podrá entenderlo, porque este gozo es un fruto del

Espíritu. No se vive solo en los momentos “buenos”, también está

presente en las dificultades.

 

Obviamente, nadie desea tener una vida llena de problemas. Pero,

cuan­do los problemas aparecen, el cristiano no se deja abatir sino que

se gloría en ellos. “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos

en las tribulaciones”, menciona Pablo.

 

Podemos aprender de Pedro y de Juan. Ellos acababan de pasar por un

momento de humillaciones y sufrimientos por causa de Cristo, y salieron

“gozosos de padecer afrenta y de ser avergonzados por causa de Dios”.

 

El do­lor no los sumergió en la arena movediza de las lamentaciones y las

quejas. Defendían el nombre de Jesús y, aparentemente, habían sido

abandonados por Dios: ¿qué motivo habría para regocijarse? Pero, el

cristiano no se rego­cija “por”, sino “a pesar de”.

Pablo explica las causas del gozo en la tribulación: dice que la

tribulación es una herramienta que Dios usa para el crecimiento

cristiano. Y, sin duda, Pedro y Juan salieron más maduros de la

tribulación; tan maduros que Pedro no temió ser crucificado por causa

de su Maestro.

 

El gozo en la tribulación no es alegría placentera; no es el deseo

de dar carcajadas: es satisfacción, serenidad de saber que el dolor que

estamos vi­viendo tiene un propósito. Pero, al mismo tiempo, es la

esperanza, la certi­dumbre de que el dolor pasará, porque Dios así lo

ha prometido.

 

Si en este momento estás atravesando el valle de la sombra y de la

muer­te, no desesperes. Si es preciso llorar, llora. Pero, permite que

Jesús enjugue tus lágrimas; que sus manos, horadadas por los clavos

del dolor, toquen tu corazón sangrante y te den paz. Recuerda que Pedro

y Juan también pasa­ron por lo que estás pasando, y “ellos salieron

de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos

de padecer afrenta por causa del Nombre”.

 

 

La oración es la respuesta para cada problema de la vida. Ella nos

pone en sintonía con la sabiduría divina, la cual sabe como ajustar

cada cosa perfectamente. A veces, dejamos de orar en ciertas

circunstancias porque, a nuestro modo de ver, la situación es sin

esperanza. Pero, nada es imposible para Dios. Nada es tan enmarañado

que no pueda ser remediado, ninguna relación humana es tan tensa que

Dios no pueda traer reconciliación y comprensión, ningún habito esta

tan profundamente arraigado que no pueda ser vencido, ninguno es tan

débil que él no pueda volver fuerte. Ninguno está tan enfermo que

Dios no pueda curar. Ninguna mente está tan oscurecida que él no pueda

volver brillante., si algo nos causa preocupación o ansiedad, dejemos

de propagarlo y confiemos en Dios por restauración, amor y poder.

 

Dios te bendiga,

 


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