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Espere ser sanado

Por John Eckhardt
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Recientemente, el señor me ha hecho sentir la impresión de compartir con el pueblo de Dios la importancia de demandar la operación de su unción. La palabra demandar significa “una búsqueda o estado de ser buscado”.

Significa proseguir a pesar de los obstáculos para llegar a un lugar donde está la unción y esperar que caiga sobre uno.

La mujer con el flujo de sangre demandó la operación de la unción sanadora y recibió su milagro. Su expectativa era que una vez que se abriera paso entre la multitud, se abriera paso a través de años de tratamientos fallidos y se abriera paso en medio del estigma de ser inmunda, sería sanada.

Con demasiada frecuencia el pueblo de Dios no recibe milagros y sanidad porque no demanda la operación de la unción. No prosiguen porque no esperan que suceda algo milagroso.

Algunas veces los creyentes se permiten desanimarse. Déjeme decirle esto: No permita que el diablo lo convenza de no recibir su sanidad. Ponga sus pensamientos en Dios. Tiene que abrirse paso a través del desánimo y la frustración para que no se pierda de su milagro. No permita que, nadie lo detenga. Tiene que proseguir: a través del tráfico, del estacionamiento, de la gente que viene entrando por la puerta, pero no se moleste. Manténgase en el Espíritu y llegue al lugar donde está la unción, estire su mano y obtenga su milagro. Así como la mujer que se abrió paso, extendió su mano y fue sanada al tocar el manto de Jesús, usted también puede proseguir, extender su mano y asir su sanidad.

¡LA SANIDAD DE DIOS ESTÁ DISPONIBLE PARA TODOS!

La sanidad está disponible para todos durante esta era del Reino. Es sorprendente que algunos cristianos sigan creyendo que Dios pone la enfermedad en su pueblo. Algunos quizá pregunten: “¿Dios por qué permitiste que esta enfermedad viniera sobre mi cuerpo?”. Ellos sienten, o quizá algún líder de la iglesia les dijo, que es la voluntad de Dios para ellos que sufran la enfermedad y que no sean sanados. No obstante, eso no es bíblico. Dios no pone la enfermedad sobre su pueblo. Jesús murió para que pudiéramos ser sanados. Pero creo que hay ocasiones en las que Dios permite la enfermedad, especialmente por rebelión o desobediencia. Pero para el pueblo de Dios, podemos esperar vivir en salud y ser sanados de todas nuestras enfermedades gracias a lo que hizo Jesús en la cruz.

Cuando Jesús vino, anunció la llegada del Reino de Dios. En el Reino de Dios, donde mora su presencia y su gloria, no pueden coexistir el pecado o la enfermedad. Estamos ahora en el Reino de Dios, aunque no se haya manifestado completamente. No obstante, se puede establecer en su vida y en su corazón. Dondequiera que Jesús predicaba el mensaje del Reino, sanaba a la gente. La sanidad acompaña el mensaje del Reino. Esta es la era del Reino en la que usted no tiene que estar enfermo, en bancarrota o atropellado por el diablo. ¡Esas son BUENAS NOTICIAS! Usted ya no tiene que estar enfermo, en quiebra o confundido. La enfermedad y las dolencias son obras del diablo, en cambio Jesús vino “y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15).

La sanidad viene en el paquete. Cuando usted está en Cristo, puede esperar ser sanado. Marcos 16:17-18 dice: “y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. Así que usted no solamente debería esperar ser sanado, sino que usted también debería saber que puede compartir esa sanidad con los que lo rodean. Esa es la verdadera vida del Reino.

JESÚS SANA TODO TIPO DE ENFERMEDAD

La enfermedad y los padecimientos son lo peor que le puede suceder a un individuo. Jesús se preocupa por la gente. Se preocupa por las cosas que convierten la vida abundante por la que Él pago en algo miserable e insoportable. Por eso que no fue problema para Él romper leyes religiosas hechas por hombres y tradiciones añejas con el fin de asegurarse de que la gente fuera sanada. Tuvo una gran compasión por las personas que vinieron a ser sanadas. En Mateo 9:36, la Biblia dice que “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Jesús se preocupa profundamente de que usted tenga dolor o esté sufriendo. Él no quiere eso para usted. Por eso es que abrió un camino para que cada enfermedad, padecimiento, malestar, disfunción y dolor fuera sanado y que usted pueda ser restaurado. Cuando Jesús caminó sobre la tierra, no hubo nada que Jesús
no pudiera sanar. Cuando se fue, envió al Espíritu Santo, quien opera en nosotros para gozar de toda la salvación que Jesús pagó en la cruz. De modo que sepamos que lo que fue bueno para la gente de entonces es bueno para nosotros hoy, porque Jesús es el mismo ayer, hoy y para siempre (Hebreos 13:8). Dios no cambia (Malaquías 3:6). En Él no hay sombra de variación (Santiago 1:17). Gracias a la fidelidad de Dios podemos confiar en que si sanó entonces, puede sanar hoy.

Mateo 4:23 dice: “y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (énfasis añadido). Jesús sanó toda enfermedad o dolencia que tenía la gente que vino a Él, sin excepción. No había nada demasiado difícil para Él. Así que no permita que el diablo o el médico le diga que padece algo que es incurable. Quizá sea incurable para el doctor, pero no es incurable para Jesucristo. y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos. -Mateo 8:16

A partir del versículo anterior, no parece que Jesús le dijera a la gente que no era la voluntad de Dios que fueran sanados o que Dios quisiera que sufrieran. Nunca dijo: “Dios quiere que usted tenga esto un rato más para enseñarle algo”.

El profeta Isaías dice que Jesús llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores (Isaías 53:4). En Mateo 8:17, dice que tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias. ¿Qué causa tanto dolor y sufrimiento? La enfermedad y las dolencias.

Cuando uno no es saludable, no puede disfrutar de las bendiciones y la plenitud de Dios. Isaías 53 es el capítulo de la redención. El versículo 5 habla de ser sanado por las llagas de Jesús. La Biblia dice que Jesús recibió treinta y nueve latigazos sobre su espalda y su cuerpo. Hay treinta y nueve categorías principales de enfermedad y dolencia.

Cada latigazo que Jesús soportó se encargó de una enfermedad y dolencia distinta.

La versión literal en inglés de la Biblia de Young, Young’s Literal Translation, traduce Isaías 53:4 de esta manera:

“Ciertamente el ha llevado nuestras enfermedades y ha cargado nuestros dolores”. Dios ni siquiera quiere que la gente tenga dolor. Se gastan millones de dólares en aliviar el dolor. Dolor de muelas, de cabeza, de cuello, de oído, de coyunturas, de espalda; Jesús lo libera a usted del dolor. El dolor no es la voluntad de Dios para usted. Jesús murió para que pudiera ser sanado de la enfermedad y el dolor.



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