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En pos de mí

Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descenden­cia la tendrá en posesión. Números 14:24.

La recompensa de Caleb no fue resultado de su espíritu aguerrido. Su espíritu aguerrido fue el resultado de haber seguido a Dios. El texto dice que “en él hubo otro espíritu y decidió ir en pos de mí”. Al referirnos a Caleb, generalmente nos concentramos en las características de liderazgo que él demostró tener a lo largo de su vida. Ya he oído exposiciones de autoayuda, mencionando a Caleb como ejemplo del hombre vencedor.
Pero, pocas veces oí a alguien destacar la verdadera causa de las carac­terísticas positivas de su personalidad. Él decidió ir en pos de Dios, escogió servirlo, vivir con el Señor. Esta es la más sabia decisión que algún ser huma­no pudiera tomar. El resultado de esa decisión fue que él y sus descendientes disfrutaron de las bendiciones de la Tierra Prometida.
Es triste ver que los seres humanos buscamos desesperadamente las ben­diciones. Todos corremos en pos de los propios sueños y realizaciones; todos luchamos por un “pedazo de tierra bajo el sol”. Pero, pocos deciden seguir a Dios y prestar oídos a sus enseñanzas.
¿Cómo ir en pos de Dios, en nuestros días? Separando diariamente un tiempo para estudiar la Biblia y orar. El estudio de la Biblia no es un deber del cristiano; es el secreto de la vida victoriosa. Resulta alarmante cómo, a veces, estamos dispuestos a pagar una alta suma de dinero con el fin de asis­tir a un seminario de autoayuda, cuando todo lo que se enseña allí está en la Palabra de Dios, y no tienes que pagar nada por eso.

Busca al Señor todos los días. Deja que él entre en tu vida. Resérvale un lugar en tu agenda. Conversa con él. Cuéntale de tus necesidades y ansieda­des. Pídele orientación y consejo, por medio de la lectura de la Biblia. Y verás cómo tendrás otra visión de la vida y de los problemas. Estos seguirán allí, pero tú no serás el mismo. Dios estará contigo, y en su nombre serás capaz de atravesar los mares rojos de la vida, cerrarás la boca de los leones que te quieren devorar.

La antorcha de la Presencia divina te acompañará de noche, y durante el día vivirás a la sombra del Omnipotente.
Haz de este un día de compañerismo especial con Jesús, y recuerda lo que Dios anunció: “Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descen­dencia la tendrá en posesión”.



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