«Mi padre nunca me tomó en consideración»

«Toda la noche mi [presunto] padre se ha pasado narrando sus trabajos en el Paraguay…. Ascensos. Aventuras. Fanfarronadas…. Monótona entonación de boca que no piensa en lo que dice. Don Engracia repite por mil veces y una más el viejo cuento….

»[Su] voz tutorial ya no tiene en cuenta a los remeros, al piloto, al contramaestre, a los balseros mulatos, a los bogadores indios. Menos aún, de seguro, a mí. Nunca me tomó en consideración…. Yo no existía para mi [presunto] padre sino como objeto de su inquina, de sus vociferaciones, de sus castigos….

»Amanecimos con la sumaca varada en un recodo…. Dormían todos un sueño más pesado que el de la muerte…. En ese momento vi al tigre, agazapado entre la maleza de la barranca…. La fiera… se arqueaba ya para el salto de ocho metros de altura. Una milésima de segundo antes de lanzarse…, me arrojé yo al agua. Caí sobre un islote de plantas. Desde allí, flotando mansamente, vi al tigre destrozar a zarpasos a don Engracia cuando éste se quiso incorporar para hacerle frente con el fusil. El arma… vino a caer en mis manos. Apunté con cuidado… sin apuro…. Apreté el gatillo. El fogonazo recortó la figura del tigre en un anillo de humo y azufre….

»[Más tarde,] entre el follaje oscuro de la barranca, vi… lo que parecía ser un ataúd. Bajó corriendo… el contramaestre….

»—¡Señor, el padre de [Su Merced] lo manda llamar!

»—Déjese de tales zonceras, contramaestre. En primer lugar, no tengo padre. En segundo, si se trata del que usted llama mi padre, ¿no lo están velando allá arriba?

»—Sí, Señor; don Engracia acaba de morir…. Su señor padre continúa insistiendo en que suba [Su Merced] a verlo.

»—Ya le he dicho que no me liga a ese hombre vivo o muerto ningún parentesco. Demás de eso, si insiste en verme a toda costa, que se apee un rato de la caja y baje él a verme. Yo no me muevo de aquí por ningún motivo.

»—Señor,… el patrón ya está completamente inválido y no sabría dar un paso por más esfuerzos que haga. Quería despedirse de [Su Merced], reconciliarse, recibir su perdón antes de ser enterrado.

»—Mi perdón no [lo] protegerá del trabajo de las moscas primero, [ni] de los gusanos después.

»—Señor, se trata del alma del anciano.

»—El crápula de ese anciano no tiene alma, y si la tiene es por un descuido del despensero de almas. Por mí que se vaya al infierno.1

Así describe «el Supremo Dictador del Paraguay» los sucesos que culminan en la infausta muerte de su padre en la obra maestra Yo el Supremo del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos. Gracias a Dios, a diferencia del «Supremo» de Roa Bastos, todos tenemos a un Padre celestial en potencia que siempre ha deseado tener una relación estrecha con nosotros. Según el apóstol Pablo, Dios el Padre nos escogió antes de la creación del mundo y «en amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos».2 Eso quiere decir que, desde el día en que nacimos, Él ha querido adoptarnos y reconocer públicamente que es nuestro Padre. Más vale que aceptemos su oferta de adopción hoy mismo.

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1Augusto Roa Bastos, Yo el Supremo, 5a. ed. (Madrid: Ediciones Cátedra, Letras Hispánicas, 2005), pp. 433-39.
2Ef 1:4,5

Un Mensaje a la Conciencia

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