«Triunfar o sucumbir»

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Imagen por jackie popcorn

(Bicentenario de la Independencia de Guayaquil)

Habían transcurrido seis días desde la noche de la reunión secreta en la casa de José de Villamil, que pasó a la historia como «La Fragua de Vulcano». En sus memorias, Villamil dice que la fragua se había pactado «a media noche en punto… jurando todos los comprometidos triunfar o sucumbir».1 Pero, según el historiador ecuatoriano Camilo Destruge, ese sábado, 7 de octubre de 1820, los conspiradores «tuvieron aviso de que las autoridades de la plaza, si no habían descubierto, sospechaban, por lo menos, la conspiración…. Al tener tal aviso, se reunieron en casa de Villamil, discutieron el punto, y Villamil [mismo] llegó á insinuar [que tal vez] convendría postergar el movimiento….»2 Pero el Capitán Febres Cordero «lo rebatió sin piedad» con este argumento:

«¿Cuál es el mérito que contraeremos nosotros con asociarnos a la revolución después del triunfo de los generales Bolívar y San Martin? … ¡[Hagámoslo] ahora que ellos están comprometidos, o nunca! Un rol tan secundario en la independencia es indigno de nosotros. De la revolución de esta importante provincia puede depender el éxito de ambos generales…. El General Bolívar nos mandará soldados acostumbrados a vencer; y desde aquí le abriremos las puertas….»3

Convencidos, ahora sí, de la importancia de proceder sin más demora, se dispusieron a llevar a cabo los planes de la revolución que habían fraguado.

Entre las ocho de la noche del domingo 8 y las cuatro de la madrugada del lunes 9 de octubre, tomaron sucesivamente los cuarteles españoles de la Brigada de Artillería, del Batallón Granaderos de Reserva y del Batallón de Caballería Daule, así como los puestos militares españoles Fortín de la Planchada y Batería de las Cruces. Con la toma de esa última batería, los patriotas asumieron el control de todos los fuertes militares españoles acantonados en la ciudad. Fue así como, a las cinco de la madrugada de aquel histórico 9 de octubre, desde el balcón de su casa en el malecón, José de Villamil y León de Febres Cordero, junto con el pueblo de Guayaquil que se dio cita en el lugar, pudieron observar con júbilo la «Aurora Gloriosa» que anunciaba la libertad.4

A las diez de la mañana se conformó una Junta de Gobierno, se enarboló la bandera de Guayaquil Independiente, se proclamó de manera definitiva la independencia y se firmó el acta del cabildo del 9 de octubre de 1820, que constituye el «Acta de la Independencia de Guayaquil» y de toda la patria, ya que no hay otra. Guayaquil ya era libre, para siempre, del dominio español.5

Ahora sólo falta que los ciudadanos de Guayaquil y de todo Ecuador, junto con los que celebramos con ellos su independencia física, nos apropiemos de la independencia espiritual que Dios ha fraguado para cada uno de nosotros. Él nos envió a su Hijo Jesucristo en un cuerpo como el nuestro para que, mediante su sacrificio por nuestros pecados, pudiera declarar el fin del dominio del pecado sobre nosotros. Fue así como nos libró, para siempre, del dominio de esas tinieblas, para que brille en nosotros la gloriosa aurora de su luz admirable.6

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1«Los Hechos Históricos de la Revolución del 9 de octubre de 1820», Ruta viva de la Independencia de Guayaquil: 9 de octubre de 1820, Dirección de Turismo y Promoción Cívica: Municipio de Guayaquil, p. 21 <https://www.guayaquilesmidestino.com/sites/default/ files/independencia.pdf> En línea 27 abril 2020.
2Camilo Destruge, Biografía del Gnral. don León de Febres Cordero, Prócer de la Independencia de Guayaquil y Benemérito de la Emancipación Americana (Guayaquil: Imprenta Municipal, 1920), p. 11.
3Ibíd.; Efrén Avilés Pino, «Historia de la Independencia», Enciclopedia del Ecuador, Historia del Ecuador <http://www.enciclopediadelecuador.com/historia-del-ecuador/ historia-de-la-independencia> En línea 27 abril 2020.
4«Los Hechos Históricos de la Revolución del 9 de octubre de 1820».
5Ibíd.; Efrén Avilés Pino.
6Ro 8:3 (NTV); Col 1:13-14 (NBLA); 1P 2:9

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