El origen del nombre Motilón

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Imagen por PapaPiper

Ciertos indígenas —dice una leyenda— habitaban otro planeta. Pero lo deforestaron a tal grado que su dios, preocupado por la vida futura de sus hijos, decidió mudarlos a otro planeta donde hubiera mejores condiciones de vida. El que más le llamó la atención fue el planeta Tierra, debido a que le pareció todo un paraíso de selvas y animales, y tenía agua de sobra.

Para que pudieran bajar hasta la tierra, les ordenó que se cortaran (o, motilaran) su larga cabellera y que con ella tejieran una gran trenza que llegara hasta allá. Fue así como descendió la primera pareja y comenzó a habitar este planeta. Puestos los pies en una montaña, sin duda el Cerro Tasajero, el hombre y la mujer divisaron el valle, la vegetación, los ríos y los animales, y se quedaron tan encantados que tomaron la decisión de vivir allí y cultivar la tierra, pescar y procrear hijos.

Con el paso del tiempo, ya poblado el valle, un joven y su novia se propusieron escapar de la tribu a fin de vivir juntos donde nadie pudiera entrometerse en su vida de pareja. Así que fueron en busca de aquel árbol al que estaba atado el extremo de la cuerda de cabellos por la que había bajado la primera pareja. ¡Qué alegría la que sintieron cuando lo hallaron! Pero su dios les había prohibido trepar por ese árbol. Así que, al verlos comenzar a hacerlo, se enojó mucho y los castigó por su desobediencia convirtiendo al hombre en Sol y a la mujer en Luna.

Por eso en Cúcuta, Colombia, el sol alumbra con tanta intensidad. Es un guerrero «motilón», furioso porque su dios lo separó de su amante. Y por eso la luna llora con cada lágrima del rocío que cubre las flores al amanecer. Está afligida por haber sido separada del amor de su vida. El sol recorre el cielo cucuteño de día en busca de su amada, y la luna hace el mismo recorrido de noche, pero nunca se encuentran.

Esa es, según el historiador santandereano Gustavo Gómez Ardila, en su obra titulada Cúcuta para reírla (Escenas de su historia), una de las versiones del origen del nombre Motilón.1 A pesar de que es una leyenda y no una historia verídica, encierra dos moralejas valiosas. La primera es que, por lo general, no ganamos nada con tratar de alejarnos de la familia y de la comunidad en que nos hemos criado. Dios ha dispuesto que las dos nos sirvan de gran ayuda, y no de estorbo, en el hogar que formemos como adultos, ya sea casados o solteros. Por eso el apóstol Pedro nos enseña a la comunidad de seguidores de Cristo que no seamos entrometidos, sino que, sobre todo, nos amemos mucho unos a otros, porque el amor perdona las faltas ajenas.2

La segunda moraleja es que tampoco ganamos nada con tratar de volver a los viejos tiempos, convencidos de que «el pasto está más verde al otro lado de la cerca». Determinemos más bien, tal como el apóstol Pablo, aprender a estar satisfechos en cualquier situación en que nos encontremos.3 Sólo así podemos de veras ser felices.

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1Gustavo Gómez Ardila, «A motilar motilones», Cúcuta para reírla (Escenas de su historia) <https://www.cucutanuestra.com/temas/libros_nortesantandereanos/ cucuta_para_reirla/capitulo1.htm> En línea 6 julio 2019.
21P 4:8, 15-16
3Fil 4:11

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