Un aniversario

“Santificad mis sábados, y sean por señal entre mí y vosotros, para
que sepáis que yo soy Jehová, vuestro Dios” (Ezequiel 20:20).


Resuelva este acertijo: ¿Cuándo es el cumpleaños de la madre de Adán? Respuesta: La madre de Adán es la tierra (ver Gén. 2:7).

Todos los sábados celebramos el cumpleaños de la tierra. Pensar en el sábado como un cumpleaños es agradable, pero no acabo de sentirme cómodo con la idea. Deje que se lo explique. Mi cumpleaños es el de una sola persona: yo. En mi cumpleaños, ¿dónde está el centro de atención? Soy yo. Digámoslo claro, en mi cumpleaños yo soy el homenajeado.

Por otra parte, yo prefiero ver el sábado como un aniversario de boda.
Los aniversarios de boda no tienen que ver con el yo sino con el
nosotros. El sába­do no tiene que ver solo conmigo, sino con nosotros:
Dios y yo. Solo celebran aniversarios de boda las personas casadas. El
sábado es para personas comprometidas. Según las Escrituras, el
séptimo día es una señal entre Dios y quienes lo sirven (Éxo.
31:13).

Por tanto, si alguien no sirve a Dios o no considera a Jesús
como su Señor, el sábado no le incumbe. A veces suponemos que, si
predica­mos el sábado en todo el mundo, terminaremos la misión de
Dios en la tierra. No, el mundo no necesita el sábado. Necesita a
Jesús. Las bendiciones del sábado llegan después de que la persona se
ha comprometido con Jesús; igual que sucede con un aniversario de boda,
que se celebra después del matrimonio.

Pero los aniversarios de boda se producen solo una vez al año. Dios
sabía que necesitamos tiempo de calidad con él más de una vez al
año. Por eso nos dio un “aniversario” cada siete días. Durante seis
días trabajamos duro, pero el óptimo tenemos libertad para descansar
(Éxo. 20:8-11).

Jesús quiere que dejemos a un lado las cosas de la semana que nos han
fatigado y estresado para que podamos descansar en él.
En cierta ocasión, el conductor de un carro de heno, de camino al
mercado, adelantó a un anciano que llevaba a cuestas una pesada carga.
Se compadeció de él y lo invitó a subir al vehículo. Agradecido, el
anciano aceptó y subió a la parte de atrás. Después de unos minutos,
el conductor se volvió para ver uno estaba el hombre. Para su sorpresa,
descubrió que el anciano todavía se debatía bajo la pesada carga
porque no se la había quitado de los hombros. El sabado es un momento
para quitar las cargas de los hombros.

 

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